Todavía hay organizaciones en las que se confunde liderazgo con control. Control del entorno, de los procesos, de las personas y, si fuera posible, del futuro. La creencia dominante ha sido siempre la misma: cuanto más estable es un sistema, mejor funciona. Pero la complejidad del entorno se encarga de desmontar nuestras creencias más profundas a base de crisis, disrupciones y cambios que no piden permiso.