La economía amazónica se encuentra en una encrucijada histórica: sostiene el mayor bosque tropical del planeta —el principal regulador climático global— y, sin embargo, avanza hacia un modelo de agotamiento que amenaza su propia base ecológica. La paradoja es evidente: el llamado “pulmón del mundo” se asfixia bajo la presión de un sistema económico que lo concibe ante todo como reserva de recursos.