
Cuando todavía no ha terminado la primera quincena de enero, el 1 % más rico del mundo ya había agotado su “presupuesto anual” de carbono: la cantidad máxima de CO₂ que correspondería emitir a cada persona si se quiere mantener el aumento de la temperatura global dentro del umbral de 1,5 ºC. Según el análisis publicado por Oxfam Intermón, el caso del 0,1 % más rico es aún más extremo: ese límite se superó el pasado 3 de enero.
En España, el patrón se repite. De mantenerse los niveles actuales de emisiones, el 1 % de mayor riqueza agotará su margen anual de CO₂ el próximo 16 de enero, mientras que el 0,1 % más rico ya lo habría consumido el día 4. Para visibilizar esta responsabilidad desproporcionada, la organización ha bautizado estas fechas como Pollutocrat Day.
“Con este concepto queremos señalar el papel desmedido que juegan las personas ultrarricas en la aceleración de la crisis climática”, explica Norman Martín, especialista en políticas de cambio climático de Oxfam Intermón, según recoge el informe.
Los datos muestran que no se trata de episodios aislados, sino de una desigualdad estructural. En 2022, una persona perteneciente al 1 % con mayores ingresos emitió casi quince veces más carbono que alguien de la mitad de la población con menos recursos. La distancia es aún mayor en la cúspide económica: una persona del 0,1 % más rico generó ese mismo año 55 veces más emisiones que una persona del 50 % con menores ingresos.
Esta brecha tiene consecuencias humanas y económicas de gran escala. Oxfam Intermón estima que las emisiones producidas en un solo año por el 1 % más rico provocarán, antes de que acabe el siglo, alrededor de 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor extremo. Además, el impacto acumulado de décadas de sobreconsumo de carbono está causando daños económicos severos en países de renta baja y media-baja, con pérdidas que podrían alcanzar los 44 billones de dólares en 2050.
Para mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, el informe subraya que el 1 % más rico debería recortar sus emisiones un 97 % de aquí a 2030. Sin embargo, quienes menos han contribuido a la crisis climática —comunidades empobrecidas, pueblos indígenas y, de forma especialmente marcada, mujeres y niñas— son quienes ya están padeciendo sus peores impactos.
“El cambio climático no solo eleva la temperatura del planeta, también amplifica las desigualdades sociales”, advierte Martín. En este sentido, reclama políticas redistributivas que protejan a las personas más vulnerables y actúen directamente sobre los mayores contaminadores.
El informe también pone el foco en el estilo de vida y el poder económico de las personas ultrarricas. En el caso de un multimillonario europeo, la huella de carbono generada en apenas una semana por el uso de aviones privados y yates de lujo equivale a la que produce, a lo largo de toda su vida, una persona situada entre el 1 % más pobre del planeta.
A ello se suma su papel como grandes inversores. De media, cada multimillonario posee participaciones en empresas cuyas actividades generan alrededor de 1,9 millones de toneladas de CO₂ al año, contribuyendo de forma indirecta pero significativa al agravamiento de la crisis climática.
Esta capacidad económica se traduce también en influencia política. Según recoge el análisis, en la última cumbre climática celebrada en Brasil, el número de representantes de lobbies vinculados a los combustibles fósiles superó al de cualquier delegación nacional, salvo la del país anfitrión, con cerca de 1.600 participantes.
“Debemos denunciar estas prácticas y el poder descomunal de los superricos, que utilizan su influencia para debilitar las políticas y las negociaciones climáticas”, añade el portavoz de la organización.
Ante este escenario, Oxfam Intermón insta a los gobiernos a actuar sobre los mayores emisores y a redistribuir de forma justa el esfuerzo de reducción de emisiones. Entre las medidas propuestas figuran:
“Necesitamos un sistema que ponga en el centro a las personas y al planeta”, concluye Martín. “Solo un modelo basado en la sostenibilidad y la equidad permitirá afrontar la crisis climática y garantizar un futuro justo para todas y todos”.