El auge del litio, el cobalto o el níquel —claves para baterías, coches eléctricos y tecnologías verdes— está transformando la economía mundial. Pero también está alimentando conflictos armados, corrupción y vulneraciones de derechos humanos. Ante este escenario, Naciones Unidas pide un pacto global para garantizar que la minería necesaria para la transición energética sea justa, transparente y respetuosa con las comunidades.