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En estas fechas de Navidad, cuando abundan los mensajes de esperanza y los deseos de un futuro mejor, resulta inevitable contrastarlos con la realidad de la acción climática global y hacer un balance.
Entre regalos y carbón: el verdadero costo de los biocombustibles para el medio ambiente y las personas

La reciente cumbre del clima en Brasil dejó un sabor agridulce: algunos países muestran avances, pero en conjunto las decisiones quedaron lejos de lo necesario para frenar la crisis climática. En particular, Brasil anunció su compromiso de cuadruplicar la producción de combustibles sostenibles a través de la iniciativa “Belém 4X”, que busca atraer financiación y dar señales a los actores económicos para impulsar los biocombustibles. Sin embargo, esta propuesta es preocupante: aunque la industria fósil presenta estos combustibles como “verdes”, en realidad pueden generar más contaminación que los propios combustibles fósiles, según el informe “Escenario de los biocombustibles en España” de ECODES. Su producción fomenta la expansión de monocultivos poco sostenibles, afecta a las comunidades locales y provoca deforestación, aumentando así las emisiones de CO₂.

¿Comer o conducir?  La realidad de los biocombustibles y su impacto en la seguridad alimentaria en España y el mundo

En España, alrededor de un tercio de los biocombustibles vendidos en 2024 estaban hechos a partir de cultivos como el maíz, la caña de azúcar, la soja y la palma. Desde los años 2000, se advierte de la presión que generan los biocombustibles sobre la seguridad alimentaria. Como lo explica ECODES en su último briefing, la producción de biocombustibles puede afectar los precios de los alimentos por la especulación y las decisiones políticas. Además, los cultivos para energía compiten con los de alimentación por recursos limitados como suelo, agua e insumos.

Se estima que en 2022, el 9,2% de la población mundial se encontraba en estado de hambre crónica. En 2020, sólo el 50 % de las calorías de los cultivos se destinó a alimentación humana, mientras que un 5 % se usó para biocombustibles, un aumento del 29 % respecto a 2010. Teniendo en cuenta estos datos, parece cuestionable seguir dedicando más recursos a la producción de biocombustibles antes de garantizar que todas las personas puedan acceder a alimentos suficientes.

¿Son los biocombustibles una solución sostenible?

Los biocombustibles no lo explican todo ni son los únicos responsables de la inseguridad alimentaria, pero la presión que ejercen sobre la tierra reduce la disponibilidad de cultivos para alimentación. Un informe de T&E explica que a nivel mundial, una superficie equivalente a Italia se usa para producir cultivos para los biocombustibles, y llegará a ser del tamaño de Francia en 2030 si sigue incrementando la demanda. La electrificación del transporte por carretera es mucho más eficiente que usar biocombustibles. Solo con aprovechar un 3 % de la tierra que hoy se dedica a cultivar biocombustibles para poner paneles solares, podríamos producir energía suficiente para mover un tercio de todos los coches del mundo.

A partir de 2025, está prohibido el uso de aceite de palma en biocombustibles por su vínculo con la deforestación. Se estima que, debido a eso, los biocombustibles producidos a partir de palma o de soja son más contaminantes que los combustibles fósiles.  Desgraciadamente, la soja sigue estando permitida, aunque está claro que también contribuye a la destrucción de bosques en otras regiones cuando se necesitan nuevas tierras para cultivar alimentos.

Miramos el ejemplo del bioetanol, un tipo de biocombustible hecho a partir de cultivos. El bioetanol vendido en España se hace con maíz y caña de azúcar, procedentes en mayoría de Ucrania y Brasil. En Brasil, la expansión de cultivos de caña de azúcar para bioetanol tiene graves impactos ambientales. Ha destruido vegetación en áreas naturales únicas y muy valiosas, tanto por reemplazar praderas y tierras agrícolas como por empujar la ganadería hacia bosques aún intactos. Sin embargo, no hay señal de que se ralentice: con el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el bloque Mercosur, podrían aumentar sustancialmente las exportaciones de bioetanol desde Brasil.

La caña de azúcar también tiene impactos sobre las comunidades locales e indígenas: sus tierras se ven presionadas por las plantaciones, y su salud sufre por quemas, polvo, pesticidas y agua contaminada. Además, los beneficios económicos suelen quedarse en grandes haciendas industriales, no en los pequeños productores.

En la COP30, el International Indigenous Peoples Forum on Climate Change (IIPFCC)  denunció que los actuales planes de descarbonización, incluida la expansión de biocombustibles, están reproduciendo lógicas de colonialismo verde sobre comunidades indígenas, según AmbiciónCOP, una iniciativa de Comunidad #PorElClima. Esto significa que existen proyectos que amenazan los territorios de las comunidades indígenas y la biodiversidad, y reclaman mecanismos que respeten sus derechos y protejan zonas de pueblos en aislamiento. El IIPFCC insistió en que se deben respetar los derechos y el consentimiento de los pueblos indígenas, y que no se pueden vender los biocombustibles como “verdes” si tienen este impacto.

Dependencia y riesgos para España y Europa 

Al importar tantas materias primas para producir biocombustibles para la descarbonización del transporte en España, no solo generamos dependencia energética, también trasladamos los impactos ambientales y sociales a otros países, como deforestación, pérdida de biodiversidad y presión sobre comunidades locales.

Brasil quiere que se cuadruplique la producción de biocombustibles, una apuesta muy arriesgada viendo los impactos negativos que pueden tener. Entre el riesgo para la seguridad alimentaria, la pérdida de biodiversidad, el incremento de emisiones por culpa de la deforestación y los impactos en las poblaciones locales e indígenas, se cuestiona cómo todavía pueden atreverse la industria y los gobiernos a presentar los biocombustibles como una solución, cuando reproduce los problemas que nos han traído hasta aquí..

Los biocombustibles a partir de residuos tampoco son la solución en España: hay poca materia prima, fraude y demanda que supera la disponibilidad. La descarbonización del transporte debe centrarse en la electrificación, respetando la justicia social y los límites del planeta, y basándose en la ciencia para evitar impactos negativos. Estas Navidades, que los Reyes no nos traigan biocombustibles: no son la solución en España, ni cuando están hechos a partir de cultivos, ni cuando se fabrican a partir de residuos escasos.

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