
Pensando en un enfoque para este especial 8M, en Diario Responsable se nos ocurrió la idea de lanzar una pregunta: ¿puede haber transición energética sin igualdad de género? Pues no. Quedaría coja. No sería una transición justa que incorporara derechos, empleo digno e igualdad, sino una simple sustitución tecnológica. Quizá la pregunta no debería haber sido solo si puede haberla, sino qué tipo de transición queremos.

Hablar de transición ecológica en 2026 ya no es una cuestión de reputación, sino de supervivencia económica, ambiental y social. Y si nos centramos en el sector turístico, donde trabajo, vemos que la sostenibilidad ha dejado de ser un valor añadido para convertirse en el núcleo mismo del modelo de negocio. Al fin y al cabo, nuestra actividad depende directamente de la salud de los ecosistemas y de la cohesión de las comunidades locales. En este contexto, y en respuesta a la pregunta —tan incómoda como urgente— de si puede existir una verdadera transición ecológica sin igualdad de género, me inclino a decir que no.

Descarbonizamos la economía, lanzamos fondos ESG y redactamos políticas climáticas… pero si las mujeres no están en la sala donde se decide el futuro, ¿de qué transición hablamos exactamente?

Imaginemos que un país decide afrontar la mayor crisis de su historia con solo la mitad de su talento, su experiencia y su capacidad de liderazgo. Parece absurdo, ¿verdad? Pues eso es exactamente lo que está ocurriendo con la transición ecológica.