
Durante años hemos escuchado que la lucha contra el cambio climático depende de las grandes decisiones políticas, de la innovación tecnológica o de la transformación de los modelos productivos. Todo ello es cierto. Pero existe un factor también determinante que a menudo pasa desapercibido: la capacidad de movilizar a las personas.

Bajo la superficie del Mediterráneo, a apenas unos metros de profundidad, se extienden praderas de Posidonia oceánica que llevan miles de años generando oxígeno, fijando carbono y albergando una biodiversidad extraordinaria.

Hay niños que aprenden muy pronto a dejar de hacerse preguntas. No porque les falte curiosidad, sino porque nadie les ha hecho sentir que sus cuestiones importan. Sin embargo, otros crecen en entornos donde probar, inventar o imaginar forma parte de lo cotidiano. Esa diferencia, que puede parecer pequeña en la infancia, acaba pesando mucho más de lo que creemos. Esto se debe a que antes de elegir una carrera o de entender qué significa la palabra vocación, un niño ya ha empezado a construir una idea sobre sí mismo.

El tablero geopolítico se ha roto. Ahora, ¿quién lo reordena? El orden mundial que conocimos durante las últimas tres décadas se está fragmentando con una velocidad que supera la capacidad de respuesta de la mayoría de los gobiernos y fuerzas armadas. La guerra en Ucrania ha redefinido el concepto de conflicto convencional.

El otro día asistí a un seminario sobre la importancia de integrar los derechos humanos en la estrategia empresarial. La ponente comenzó con una cita de John Ruggie (el padre intelectual de los Principios Rectores de Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos) que venía a decir algo así: "no conozco ninguna empresa que se haya arruinado por invertir en derechos humanos, pero sí algunas que lo han hecho por no hacerlo."

El cuarto Sustainability Summit organizado por Bureau Veritas ha vuelto a confirmar que la sostenibilidad ha superado la fase declarativa para instalarse en el núcleo de la estrategia empresarial.
La conversación climática está avanzando en visibilidad, pero no al mismo ritmo que soluciones efectivas. En las cumbres internacionales, los compromisos gubernamentales y las campañas corporativas se suele construir un relato sólido pero no basta con ello, hay una falta de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.