ética

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Hace apenas unas pocas semanas publicaba un artículo titulado La ética secuestrada y terminaba mis comentarios afirmando que la ética quedaba secuestrada por la vida cotidiana, cuya abstracción ha eliminado el valor de las cosas y las personas. Pues bien; parece que la cotidianeidad, -después de dos años interrumpida-, ha vuelto como más embrutecida, más elemental en sus exigencias. Ese es el único referente que tiene la persona para evaluar su comportamiento, y es un referente que se ha hecho más pobre en recursos y más limitado en su alcance a la hora de evaluar el comportamiento de las personas, empresas e instituciones.La ética ha pasado a ser una cuestión casi exclusiva de la sociología o de la antropología.
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La era del propósito en las organizaciones se consolida en un tiempo en el que es cada vez más necesario repensar el capitalismo para encontrar respuestas a los retos sociales y ambientales. En el último año, observamos como la evolución del foco en el propósito corporativo avanza hacia un mayor interés en la búsqueda de herramientas para que su implantación y activación. ¿El objetivo? Que el propósito sea tangible y medible como fundamento de la estrategia organizacional y como palanca de transformación. Este impulso se ha visto acelerado con la irrupción de la pandemia y una mayor expectativa de los grupos de interés sobre el impacto económico, social y medioambiental positivo de las organizaciones.
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Jefferson enunció que la vigilancia continua constituye el precio de nuestra libertad. Pues bien, aquí, expresamos la conveniencia de que los ciudadanos de nuestro tiempo, en el mundo entero, nos comprometamos con esta vigilancia en relación con la libertad y la paz. Ello, respecto a cualquier lugar donde estas se vean sojuzgadas, como hoy sucede en concreto con la invasión de Ucrania. No cabe duda que la ética exige de nosotros, antes de nada, solidaridad y compromiso con los que sufren, ya sea en esta guerra o en cualquier otra. Los rostros de cientos de miles de niños, mujeres y mayores aterrorizados, las imágenes de un país devastado por los misiles, nos llaman, apelan a nuestra conciencia.
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Cambiar las lógicas de consumo actuales resulta indispensable para realmente detener la emergencia climática. El uso excesivo de plástico es uno de los principales enemigos en la lucha contra el cambio climático y depende de nosotros el mundo que dejaremos a las próximas generaciones. El Foro Económico Mundial lanzó una iniciativa llamada “Plataforma para Modelar el Futuro del Consumo”, esta trata de promover modelos de consumo responsables que beneficien tanto a las personas como al planeta para construir una ética de consumo responsable. Como parte de este proyecto se publicó, durante el pasado mes de julio de este año, un informe que explora las principales conclusiones de la iniciativa y ofrece un modelo alternativo de reducción de residuos plásticos.
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Un informe publicado por el Banco Mundial advierte sobre la necesidad urgente de contar con datos más sólidos para luchar contra la pobreza y la exclusión. En este sentido, el organismo internacional sostiene que la llegada de la pandemia de coronavirus puso de manifiesto las oportunidades y los desafíos relacionados con los nuevos usos de los datos. La información de diversa índole, afirma la investigación, puede contribuir a la formulación de políticas públicas y promover la actividad económica, actuando como una herramienta poderosa en la lucha contra las múltiples desigualdades sociales. Así, forjar un nuevo contrato social para los datos basado en principios como el valor, la confianza y la equidad es el gran desafío actual.
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La directora académica de la Fundación Étnor lo manifestó en la mesa de debate “El impacto social del empresario” organizada por la Fundación, en colaboración con la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE). El evento fue realizado en el marco del XXX Seminario de Ética Económica y Empresarial “Caminos de futuro en tiempos de coronavirus. Una perspectiva ética”.
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La tecnología avanza a pasos agigantados, marcando un ritmo de cambios muy veloz. En este contexto, la Inteligencia Artificial es posiblemente la tecnología con mayor potencial para reformular cómo desarrollamos las actividades humanas. En medio de un escenario cambiante en los próximos años, las organizaciones serán actores destacados en influenciar nuevos modelos sociales fuertemente marcados por el factor tecnológico. En este afán, la empresa tiene el gran potencial de desarrollar una inteligencia artificial marcada por valores tales como la ética y la inclusión, así lo afirma el Decálogo sobre Inteligencia Artificial Responsable e Inclusiva, fruto de la colaboración de Fundación Seres y everis.
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Cuando hablamos de ética enseguida nos trasladamos al espectro de lo etéreo, de las grandes y profundas reflexiones que nos llevan a los marcos filosóficos y que nos alejan de nuestro día a día. Y esta concepción sitúa la disciplina fuera de las prioridades y urgencias de las organizaciones. Con la que está cayendo – podemos pensar – no estamos para grandes reflexiones. Este es un grave error que puede conllevar importantes costes en el futuro. Porque la gestión conlleva acción y al añadirle el atributo de “ética” enfocamos esta gestión desde la perspectiva de la integridad, la coherencia, el cuidado de nuestros equipos, la conexión con el entorno, la toma de decisiones compartida y, en definitiva, la aplicación de los valores en cada una de nuestras actuaciones cotidianas.
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Una buena gestión empresarial, suficientemente mantenida a lo largo del tiempo, tiende a generar en la cultura organizativa, al menos, tres rasgos clave. Cuando aquellos elementos se presentan en grado suficientemente destacado, la empresa que los exhibe suele ser percibida como excelente y, en consecuencia, pasa a formar parte del selecto club de organizaciones que sirve a las demás de benchmark y modelo en el que inspirarse en busca de buenas prácticas. La primera característica, las más inmediata y obvia -que, ciertamente, representa aquello que más suele ocupar la agenda de quienes dirigen empresas- tiene que ver con los resultados económico-financieros del ejercicio. En efecto, una buena gestión empresarial suele ser causa de resultados económicos positivos; tiende a saldarse con beneficios y ganancias más o menos elevadas y estratégicamente sostenibles de cara a futuros ciclos de negocio.
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En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha tomado cada vez más protagonismo en la vida cotidiana de la mayor parte de las personas. Luego de la crisis de la COVID-19, nuestra dependencia a ella se ha disparado aún más. En el contexto actual, recurrimos a la IA para ayudarnos a limitar las interacciones físicas, predecir la próxima ola de la pandemia, y hasta para hacer la compra. El último informe del Instituto de Investigación Capgemini explica, entre otras cosas, que para que la IA sea confiable, debe ser éticamente sólida y contar con buenas prácticas internas de auditoría.
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Encuentro muy preocupante desde el punto de vista ético que la sociedad en su conjunto, construya ciertos discursos falaces y sin ningún sustento científico y que luego circulan por redes sociales y medios de comunicación .No sé si por ignorancia, avaricia, despreocupación u otros factores que, juntos y bien mezclados en la coctelera, están propiciando niveles de angustia, desesperanza y agobio en la población. Es muy grave, porque, como decía Leonardo Boff (premio Right Levelihood Award), una sociedad que decide organizarse sin una ética mínima, altruista y respetuosa de la naturaleza, está trazando el camino de su autodestrucción.
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