
Los ecosistemas terrestres de Europa -principalmente bosques, cultivos y pastizales- están capturando menos carbono de lo previsto, lo que pone en riesgo los compromisos climáticos asumidos para esta década. Así lo advierte el informe “Enhancing Europe’s land carbon sink: status and prospects” publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), que señala una disminución alarmante del 30% en la capacidad de absorción neta de carbono del sector entre 2014 y 2023.
En concreto, el sector de uso del suelo, cambio de uso del suelo y silvicultura (LULUCF, por sus siglas en inglés) ha pasado de ser un aliado clave para compensar emisiones -actualmente absorbe el equivalente al 6% de las emisiones de gases de efecto invernadero del bloque- a convertirse en una pieza frágil del rompecabezas climático europeo.
El informe apunta a una combinación de factores interrelacionados. Por un lado, la maduración de los bosques hace que los árboles crezcan más lentamente y, por tanto, retengan menos carbono. Por otro, el aumento de la tala, impulsado tanto por la demanda económica como por decisiones políticas, y las perturbaciones naturales cada vez más intensas, como incendios, sequías o plagas, están afectando gravemente a los stocks de carbono forestal.
A pesar del retroceso actual, la EEA subraya que el potencial del sector LULUCF sigue siendo elevado. De hecho, se espera que estas actividades terrestres sean responsables de la mayor parte de las absorciones de carbono necesarias en el corto plazo, especialmente mientras se avanza en la reducción de emisiones en sectores más complejos como el transporte o la industria.
Entre las principales estrategias de mitigación que propone el informe se encuentran:
Estas medidas no solo contribuirían a reducir emisiones, sino que también traerían consigo beneficios adicionales en términos de biodiversidad, protección del agua y los suelos, adaptación climática y revitalización de las zonas rurales. Sin embargo, el despliegue de estas soluciones se ve obstaculizado por políticas incoherentes y una escasa disponibilidad de incentivos económicos.
Uno de los desafíos persistentes en el sector LULUCF es la incertidumbre en la medición de emisiones y absorciones. Según informa la EEA, los Estados miembros han asumido el compromiso de mejorar la calidad de los datos, un paso clave para diseñar políticas eficaces y fomentar la acción tanto pública como privada. La neutralidad climática de Europa en 2050 dependerá en buena medida de cuánto logre recuperar y potenciar su sumidero terrestre de carbono. Para ello, se requieren decisiones urgentes, una visión a largo plazo y un enfoque que no pierda de vista los beneficios sociales y ecológicos asociados.
La carrera por restaurar los ecosistemas europeos y hacer frente a la emergencia climática sigue abierta, pero el tiempo para actuar se acorta.