
Hablar de diversidad, equidad e inclusión se ha convertido en una parte cada vez más visible del discurso empresarial. Sin embargo, incorporar el enfoque DEI implica ir bastante más allá de una declaración de principios. El verdadero desafío comienza cuando esos compromisos llegan a la toma de decisiones, al liderazgo, a la gestión del talento y, sobre todo, a las relaciones cotidianas dentro de las organizaciones.

El 30 de julio la humanidad consumió todos los recursos y servicios ecológicos que el planeta puede regenerar durante 2026. Desde ese momento vivimos, una vez más, a crédito con la naturaleza. Utilizamos sus recursos un 73 % más rápido de lo que los ecosistemas pueden recuperarse, el equivalente a disponer de 1,73 planetas.

Es curioso cómo los grandes cambios suelen venir de lo pequeño y cotidiano. Por fortuna, no soy el primero en advertirlo: las mayores transformaciones desafían las cifras de cualquier Excel. Hasta aquella comedia gamberra de los años 80 ya lo dejó caer con socarronería, recordándonos que los engranajes del sistema rara vez se arreglan con caridad de despacho.

El Reglamento de la Unión Europea sobre el metano, que cumple dos años estos días, es una luz de esperanza en la lucha contra el cambio climático. Pero hay quienes ya están intentando apagarla.

La voluntad de ayudar es el punto de partida, pero no basta por sí sola para generar transformaciones duraderas. La formación, una gestión adecuada y el reconocimiento del papel de quienes se comprometen con una causa son claves para convertir el entusiasmo del voluntariado en impacto real.

Cuando una empresa anuncia la incorporación de inteligencia artificial en sus procesos, la primera pregunta que recorre los pasillos (antes incluso que la del retorno de la inversión) suele ser mucho más humana: ¿qué va a pasar con mi puesto de trabajo?

España lleva quince años invirtiendo cada vez menos en prevenir sus incendios y gastando cada vez más en apagarlos. Mientras discutimos quién tiene la culpa, el monte sigue ardiendo, los bomberos forestales cobran sueldos que no llegan a los 1.300 euros y Bruselas mira hacia otro lado. Hace falta gestionar el territorio como lo que es: un patrimonio común que exige coordinación, no reproches.

Frente a un modelo de bienestar fragmentado y mercantilizado, el reciente informe “El cuidado comunitario en las políticas locales” plantea una transformación radical para las ciudades: entender el cuidado como un derecho colectivo, feminista y antirracista. A partir del diagnóstico de 150 activistas en Cataluña, esta propuesta desmonta el individualismo para destacar el "buen vivir" y la defensa de los bienes comunes como una alternativa imprescindible para sostener la vida y erradicar las violencias estructurales en nuestros barrios.

Solemos abordar la transición energética como un desafío tecnológico que afecta a la industria, a la movilidad, al uso de los recursos naturales y en general al modelo de desarrollo económico y social. Lo es, pero además de todo eso es un gran reto de financiación, y de cómo lo resolvamos depende en buena parte su velocidad.

Las organizaciones hablan cada vez más de propósito, compromiso y talento. Sin embargo, pocas integran el voluntariado corporativo como una auténtica estrategia de cultura empresarial capaz de reforzar el sentido de pertenencia, desarrollar liderazgo y generar un impacto social real.