El ecosistema empresarial está evolucionando a gran velocidad movido por la influencia de un cliente consciente del poder que ostenta y de un inversor que apuesta por empresas que responden a criterios de sostenibilidad. Tradicionalmente, los esfuerzos desde las empresas para dar respuesta a las necesidades sociales y medioambientales partían de los departamentos de Responsabilidad Social Corporativa. Sin embargo, en estos momentos las empresas son cada vez más conscientes de su rol como agentes de cambio respecto a otras problemáticas.
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Fue allá en el año 1998, cuando la CNMV publicó por primera vez sus Recomendaciones sobre los Códigos de Buen Gobierno de las entidades Cotizadas. Esos modelos de Gobierno fueron siendo paulatinamente adoptados por el resto de empresas, que asumían (casi voluntariamente) el reto de implementar un Código de Buen Gobierno y diseñar un Código Ético propio.Fue un buen principio. Ahora toca pasar al siguiente estadio y asumir el compromiso ESG (Enviromental, Social Governance) como una más de las responsabilidades intrínsecas de los Consejeros.
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Se veía venir que la Humanidad no iba a responder solidariamente… Y eso que la compasión del género Homo con los congéneres más desvalidos ha sido documentada desde tiempos de Atapuerca, hace casi medio millón de años. Sin embargo, la mayor pandemia jamás vivida en todo el planeta –porque la gripe española no llegó a tantos rincones como el maldito SARS-COVID-19- nos ha puesto ante un espejo que nos devuelve el reflejo de un mundo de rapilla en el que ‘el otro y la otra’ han quedado fuera del foco. Primero fueron las mascarillas, luego los medicamentos que podían curar el coronavirus. Ahora, las vacunas.Datos de la Alianza por una Vacuna Popular, una coalición internacional de organizaciones de las que forma parte la ONG española Alianza por la Solidaridad-Action Aid, son clarividentes: el 50% de la producción de todas las vacunas ya ha sido comprada o comprometida para el 14% de la población mundial.
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El 25 de septiembre de 2015, los líderes mundiales acordaron una Agenda para, en el plazo de 15 años, lograr unos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos ODS son 17 retos que van desde acciones concretas para mitigar el cambio climático hasta medidas para erradicar la pobreza en el mundo, pasando por iniciativas que garanticen una educación de calidad y en igualdad de condiciones para todos y todas. Cumplir con los compromisos alcanzados y reflejados en los ODS, es tarea de todo el mundo: desde la administración pública hasta la sociedad civil, pasando por todos los sectores. De hecho, la propia iniciativa recoge medidas que cada ciudadano puede hacer “desde el sofá”.
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En estos días en los que las noticias sobre la prohibición de las manifestaciones del 8M debido a la pandemia han llenado los periódicos y ha habido opiniones para todos los gustos, donde se hablaba de salud pública y de mujeres, no pude evitar acordarme de una mujer en concreto: Florence Nightingale. Hace poco menos de un año escuché por primera vez hablar de ella y fue a Nieves Concostrina en su programa Acontece que no es poco. Su historia me fascinó desde el principio. Una mujer que hace 200 años rompió con los cánones tradicionales de su rol y de la época y consiguió profesionalizar la enfermería y salvar miles de vida, además de hacer importantes aportaciones a la estadística médica (fue la primera mujer miembro de la Royal Statistical Society).
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Las siglas de las dimensiones de la Sostenibilidad, ESG (Environment o medioambiente, Social y Governance o gobernanza) aparecen muy frecuentemente en las memorias, documentos y demás publicaciones de las grandes empresas cotizadas y, por supuesto, las del Sector de la Energía no son una excepción. En definitiva, bien sea bajo las siglas ESG bien bajo cualquier otra terminología que se utilice en el momento, la Sostenibilidad va a continuar guiando la agenda de transformación del Sector de la Energía, que a su vez repercutirá en la transformación de la sociedad. Este efecto será clave tanto en las organizaciones más tradicionales y consolidadas como en las nuevas start-ups más disruptivas.
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