Las noticias que nos llegan sobre los comportamientos éticos de nuestros dirigentes políticos, empresariales, institucionales… resultan, en demasiadas ocasiones, negativas: cuando ponen sus intereses personales o de grupo por delante de los de la entidad que representan o del colectivo que ha puesto en ellos su confianza (lo que en el lenguaje de gestión llamamos problema de agencia) y, todavía peor, cuando se vulnera la ley, las normas o los principios éticos elementales.
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Me pide Jordi Jaumà que escriba unas palabras sobre el Seminario “Sociedad Civil Global” que la Fundación Rafael del Pino con la Universidad de Harvard ha creado con enorme generosidad y acierto hace 3 años y donde he tenido la gran oportunidad de participar en este mes de septiembre.
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Despierto una vez más en una ciudad que me es extrañamente familiar gracias al séptimo arte. Buenas y malas películas, todas ellas diferentes, como lo son los americanos. Como lo somos todos, al fin y al cabo.
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Cuando vemos tanto despropósito en ciertas actuaciones de nuestros gobernantes, uno se pregunta: ¿Qué pasaría si los gobiernos hicieran un análisis de los temas relevantes para la nación y realizaran un diálogo con los grupos de interés? ¿Qué pasaría si tuvieran en cuenta el impacto de sus actuaciones?
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Las personas desempleadas mayores de 45 años representan el 62,5% de los participantes en Reinicia’t y tres de cada cuatro son parados de larga o muy larga duración.
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El compromiso se deberá aumentar y las políticas aplicadas deberán ser exigentes con el cumplimiento de la máxima de “a igual cualificación e igual trabajo, mismo salario”.Una de las variables (la más objetiva), como es el salario a igualdad de condiciones se deberá alcanzar sin esperar mayor dilación, bien sea por el convencimiento empresarial (lo deseable), bien sea por exigencia de la legalidad a través del impulso político que asegure el cumplimiento de este aspecto.
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Este pasado domingo volviendo en el metro de una terrible excursión con mi amiga Delia García al pueblo de Salem (donde las brujas), que no recomiendo por su falta de interés histórico, turístico o de cualquier otra índole, me paré a preguntarle al típico policía irlandés las indicaciones para llegar a Harvard y su respuesta fue la que aparece al principio de estas líneas. "To go to Harvard you have to study a lot and be very rich."
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