Hay niños que aprenden muy pronto a dejar de hacerse preguntas. No porque les falte curiosidad, sino porque nadie les ha hecho sentir que sus cuestiones importan. Sin embargo, otros crecen en entornos donde probar, inventar o imaginar forma parte de lo cotidiano. Esa diferencia, que puede parecer pequeña en la infancia, acaba pesando mucho más de lo que creemos. Esto se debe a que antes de elegir una carrera o de entender qué significa la palabra vocación, un niño ya ha empezado a construir una idea sobre sí mismo.