La sostenibilidad, una palabra omnipresente en el discurso empresarial y político actual, ha perdido gran parte de su significado original debido a su uso indiscriminado. Lo que en un principio era un concepto destinado a promover un desarrollo equilibrado, se ha convertido en un término con múltiples interpretaciones, algunas de ellas opuestas y conflictivas. Por un lado, se ve como un imperativo para enfrentar el cambio climático; por otro, como una herramienta burocrática ligada a agendas políticas. En medio de este debate, surge la pregunta: ¿es posible conciliar la sostenibilidad con la maximización de beneficios empresariales?