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¡Dejemos ya de manosear los ODS!

Siento decirlo así. Pero estoy harto de ver el PIN y el logo de los ODS por todas partes, como si se tratase de una lámina bonita que se vende en los mercadillos para decorar. Y no es que sea un “negacionista” de la Agenda 2030. No; es que estoy harto del ODSWashing y del “manoseo” que se está haciendo de los 17 objetivos para mostrar un hipotético “compromiso” con el desarrollo sostenible que, en la mayoría de las veces, no va más allá de usar un logo para subirse a la ola..

Y lo peor es que este “manoseo” se estaría dando en todos los espacios, tanto por el lado de las empresas como por el de los poderes públicos. Intentaré explicar por qué.

Por lo que afecta al ámbito corporativo, y si somos sinceros, a día de hoy muchas compañías utilizan los ODS como un simple “Packaging de Comunicación”, como marco para contar lo que ya venían haciendo desde hace años, pero no como un filtro para tomar las decisiones importantes (es decir, para hacer cosas distintas de las que ya venían haciendo o, sobre todo, para dejar de hacer algunos programas que van contra la sostenibilidad). Llevando este argumento al límite, podríamos perfectamente coger cualquier informe anterior a 2015, fecha de lanzamiento de los ODS, “empaquetar” las acciones realizadas bajo el paraguas de la Agenda 2030… y no pasaría nada.

Los datos son bastante concluyentes. En una investigación que hicimos Fundacion Seres y Atrevia del 19 de enero al 19 de febrero de 2021, el 88% de las empresas consultadas utilizaban los ODS como marco de comunicación de las acciones que ya venían desarrollando en materia de RSC / Sostenibilidad, pero sólo el 18% los tenía en cuenta como filtro en el proceso de toma de decisiones. Este dato se complementa con otros dos: el 85% de las empresas consultadas nunca han cerrado un proyecto en marcha o dejado de hacer un proyecto en fase de lanzamiento por influencia de los ODS, frente a solo un 7% que declaran haber parado algún proyecto por contravenir la Agenda 2030.

Y es que, en mi opinión, los ODS “vuelan demasiado alto” para las empresas. De las 169 metas en las que se desglosan los 17 Objetivos, no es fácil  encontrar una que no necesite ser traducida a indicadores gestionables y accionables por las empresas; de igual forma, es muy complicado encontrar una empresa que impacte positivamente en más de 5 objetivos. No obstante, y según se ha señalado,  en un informe realizado por BlackRock titulado o «Sustainable Investing: Integración de los ODS en las inversiones», se afirma que, “en un mapeo de los 980 indicadores de sostenibilidad financieramente importantes identificados por el Consejo de Normas de Contabilidad de la Sostenibilidad («SASB» por sus siglas en inglés) con los 242 indicadores de país de los ODS, revela una coincidencia de hasta el 70%”.

Aún así, creo que es difícil que los ODS tengan traducción directa en el día a día empresarial, al contrario de lo que ocurre con los procesos regulatorios de la UE en materia de financiación sostenible (taxonomía), informe de sostenibilidad, gobierno corporativo sostenible, o diligencia debida, por poner solo unos ejemplos. En otras palabras: el Tsunami regulatorio procedente de Europa sí tiene un impacto directo en la gestión diaria del de las empresas, mientras que los ODS quedan más bien en un plano inspirational.

Y… ¿Qué pasa en el ámbito público? Pues que, a diferencia del sector empresarial, la Agenda 2030 sí tiene el potencial de ser la Hoja de Ruta clave para la acción de los Estado. La razón es clara: las 169 metas (indicadores) en los que se traducen los ODS casan, o pueden casar, perfectamente con la acción de los Estados: ahí si puede haber accountability, porque los datos pueden extraerse de la contabilidad nacional. Sin ir más lejos, en el ultimo Informe sobre Desarrollo Sostenible 2021, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, en inglés) y la Fundación Bertelsmann Stiftung, se incluye el ranking “Índice ODS”, que muestra los avances de los Estados en la Agenda 2030. 

En este ranking de desarrollo sostenible, España se situó en 2021 en el puesto número 20, aumentando dos posiciones respecto a 2020 y pasando de un nivel de cumplimiento del 78,1% al 79,5% (sobre una base total de 100%). Con esta puntuación, España se situó por delante de países europeos como Portugal, Italia, Grecia o Hungría, pero detrás de Francia, Croacia o Reino Unido. Los líderes son, como siempre en estas materias, los tres países nórdicos: Finlandia, Suecia y Dinamarca.

Entonces, ¿dónde está el problema en el sector público? Pues, en mi opinión, hay algunos claros ejemplos de cómo desde lo público se están manoseando los ODS. El más visible, quizá, sea el uso indiscriminado del logo en salas y fachadas de organismos oficiales, aunque ese no sería más que un “pecado venial” de comunicación, cuya principal consecuencia  o es otra cosa, que no es poco, que el logo de los ODS llegue a convertirse en un elemento más del paisaje. Pero el más importante es, en mi opinión, que algunos poderes públicos se estén olvidando del Objetivo 17, el que impulsa la cooperación Público-Privada. Tengámoslo claro: ningún Estado podrá cumplir con los ODS si no reconoce y favorece la contribución de la incitativa privada. Basten dos datos para explicar esto que digo. Primero: en 2019, el 56% de toda la inversión española en I+ D se llevó a cabo por el sector privado, el 17% perteneció al público el restante 27% procedía de la enseñanza superior, pública y privada. Y segundo: en ese mismo año, de los casi 20 millones de trabajos existentes en España, alrededor del 70% eran contratos de empresa, o por cuenta ajena, el 21% eran públicos y el 10% trabajadores autónomos. Con estos dos datos, es más que evidente que no se podrán alcanzar objetivos de 2030 si lo público y lo privado no cooperan juntos.

Visto lo visto ¿Qué hacemos para evitar caer en el ODSWashing? Pues tener claras algunas (pocas) cosas: primera, que los Estados son los que, en su conjunto, cumplen, o no cumplen, con los ODS; segunda, que las empresas no cumplen con los ODS, sino que se inspiran en ellos y contribuyen a que los países los alcancen (de hecho, las empresas españolas contribuirán de largo a conseguir que los estados alcancen los ODS cumpliendo la ley española y europea); tercera, que desde un punto vista comunicacional, no hay mejor manera de “quemar” un logo que trivializarlo y aplicarlo indiscriminadamente sin más criterio que el de dejarlo ver; y cuarta, que sería deseable que, para una de las 169 metas, pudiéramos saber en qué parte contribuyen los Estados y en qué parte lo hace la iniciativa privada, para que, en su conjunto, los Estados puedan cumplir con los ODS.

Así que, dejemos de manosear los ODS y tengamos claro que esto va más de hacer (y, sobre todo, de impulsar la cooperación Público-Privada) y menos de PINes o de banderitas. Vale ya de fuegos artificiales

 

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