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Recta final para la Agenda 2030 ¿Nos falta tiempo?

Bastante ha llovido desde que el 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara la Agenda 2030 como una hoja de ruta para unificar las acciones y las políticas de los 193 países firmantes, y sus gobiernos, empresas y organizaciones se comprometieran a cumplir sus objetivos y metas antes de finales de ese año. Y durante este tiempo hemos visto que el progreso de su implantación y desarrollo ha sido muy desigual e, incluso en algunos casos, se ha desandado el camino que llevaba avanzado en los últimos años. El empuje inicial de algunos países se ha ido diluyendo en este tiempo y aunque se han hecho muchas cosas en algunos de sus objetivos, aún queda mucho por hacer. La próxima década será decisiva para saber hasta qué punto el Mundo puede alcanzar los compromisos firmados.

En España, como sabemos, los ODS están integrados en el gobierno bajo el paraguas del ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. Según el último informe elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible  y la Fundación Bertelsmann Stiftung, que analiza el progreso de la implantación de los ODS en los 193 países miembros, España se coloca en el puesto 20 en el ranking global del Sustainable Development Report1. Una buena posición, sin duda, pero con amplio recorrido de mejora frente a otros países europeos como Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Bélgica o Francia, con valores bastante superiores a los nuestros.

También Naciones Unidas ha presentado su Informe 2019 sobre el estado de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2 , en el que muestra que, aunque se ha avanzado mucho en algunas áreas y objetivos concretos, aún falta mucho por hacer para cumplir los objetivos propuestos a falta de una década para que cumpla el plazo establecido. Este informe indica que, entre otros, el ODS 7, que busca garantizar el acceso universal a una energía asequible, segura, sostenible y moderna, es uno de los que mayor recorrido lleva en estos años, logrando avances espectaculares en la implantación de mecanismos de acceso a la energía eléctrica en los países más pobres.

Desde su fundación, en el año 2003, Energía sin Fronteras3  ha enfocado su actividad hacia la provisión de energía y agua a las comunidades más desfavorecidas donde los servicios de suministro público no llegan, facilitando el derecho de todas las personas a disponer de energía, agua y saneamiento de forma segura y sostenible en el marco de la Agenda 2030.

La falta de combustibles y tecnologías menos contaminantes sigue siendo uno de los principales factores que contribuyen a los problemas de salud y a la degradación del medio ambiente en los países de ingresos bajos. Hoy casi 3.000 millones de personas continúan dependiendo de sistemas de cocción ineficiente y altamente contaminante, que se traduce en casi 4 millones de muertes prematuras cada año. Y esto se agudiza en las comunidades rurales aisladas, donde la pobreza es más notable. Para iluminarse y realizar las diferentes actividades productivas diarias las familias utilizan métodos basados en el uso de combustibles tradicionales como ocote, keroseno, velas, pilas o gasolina, con una exposición media de 7 a 8 horas diarias a humos y contaminantes, especialmente mujeres, niños y ancianos que permanecen en el hogar.

El impacto que supone para una familia el tránsito desde una vela a una bombilla afecta positivamente a diversos aspectos de la vida de una familia. La oportunidad de contar con iluminación de calidad al atardecer y de noche permite el desarrollo de actividades tanto domésticas como productivas en horas hasta entonces inhábiles para atender estos quehaceres. Numerosos estudios indican que la disponibilidad de iluminación eléctrica aumenta el tiempo de escolarización de los niños ya que pueden hacer sus tareas y dedicar más tiempo al estudio además de la ya mencionada mejora para su salud al estar en atmósferas mucho más limpias, así como la eliminación del inherente riesgo de incendio.

La industria fotovoltaica ha dado pasos de gigante en el abaratamiento y simplificación de los equipos. Hoy en día disponemos de dispositivos energéticos, llamados de tercera generación, más modernos, más sencillos, autoinstalables, sin mantenimiento, con una vida útil de más de diez años y un coste muy bajo que se estima es asumible por los usuarios. Y esto es sólo el principio puesto que se espera un mayor desarrollo de estos equipos en los próximos años reduciéndose aún más sus costes e incrementándose sus prestaciones.

Esto ha permitido a Energía sin Fronteras formular un nuevo tipo de proyectos autofinanciables, denominados Corylus, que permiten a las organizaciones de cooperación optimizar recursos de financiación en el suministro e instalación de sistemas de abastecimiento domiciliario en comunidades aisladas con muy bajos ingresos, de tal manera que los beneficiarios tengan acceso muy fácil a la energía.

Los usuarios obtienen sus equipos y los abonan en un plazo asumible y razonable, acorde con su escasa capacidad de ahorro, de forma que se pueda recuperar la inversión inicial para utilizarla en sucesivas réplicas o ampliaciones en las comunidades vecinas. Así, los propios beneficiarios se convierten en cómplices solidarios del desarrollo de su comunidad. La cuota, y en consecuencia el plazo de devolución, se establece de tal manera que la cantidad mensual a abonar nunca exceda del coste que los beneficiarios utilizan en la actualidad para la compra de combustibles tradicionales. Una vez resarcida la deuda, esa misma cantidad supone un ahorro neto que cada familia puede dedicar a cubrir otra necesidad.

Para poder implementar el modelo, se diseñó un proyecto piloto que ha sido desarrollado por Energía sin Fronteras, en consorcio con Ayuda en Acción y con la Fundación para la Acción Comunitaria de Honduras (FUNACH), para aplicarlo en Honduras. Este proyecto suministra energía domiciliaria solar fotovoltaica para abastecer de electricidad a unas comunidades rurales indígenas y asiladas para las que no está previsto que tengan acceso a la red eléctrica antes de un plazo de al menos 10 años, cuando se cumplan los objetivos de la Agenda 2030.

Desde que el proyecto Corylus se inició en el año 2018 en Honduras, no ha parado de crecer y extenderse por todo el departamento del Yoro, para brindar accesibilidad a la electrificación domiciliaria rural fotovoltaica a más de 5.000 personas de 24 comunidades indígenas y más desfavorecidas de todo el territorio. Este proyecto busca que las familias de estas comunidades tengan acceso a una energía limpia, sostenible y en igualdad de condiciones, fortaleciendo así sus capacidades para la planificación energética a nivel local y el desarrollo social de todo el departamento, contribuyendo con los ODS 3, 4, 5, 7, 10 y 17, en salud, educación, igualdad, energía asequible, reducción de desigualdades y alianzas para el logro de los objetivos 2030.

Hoy se ha convertido en uno de los proyectos estrella de la organización, pero no sólo por el alcance y valor económico del proyecto, sino como modelo de gestión de proyectos y establecimiento de alianzas con otras organizaciones implicadas para su desarrollo. Y estamos orgullosos de ello, pero no podemos caer en la autocomplacencia y conformarnos con el camino andado hasta ahora. Debemos, tenemos que hacer más.

Los ODS no sólo sirven para generar bienestar durante las épocas buenas, sino también para hacer frente con fortaleza a los numerosos problemas que puedan surgir, sobretodo en los países más pobres. Un ejemplo claro lo tenemos en el Covid19 y sus diversas consecuencias en todo el mundo. “La pandemia nos ha empujado hacia la peor recesión en décadas y ha tenido terribles consecuencias para los más vulnerables”, ha declarado Antonio Gutierrez, secretario general de la ONU, en el primer Momento ODS celebrado en septiembre 20204 , un acto dedicado a impulsar la consecución de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, quien señaló que la Agenda 2030 está precisa y especialmente diseñada para abordar con garantías las fragilidades que esta crisis ha expuesto. “En su interior subyace una clara promesa: acabar con la pobreza y no dejar a nadie atrás (…) brinda la orientación que necesitamos para poner fin a la pandemia, responder a sus repercusiones socioeconómicas y trazar el rumbo de una recuperación transformadora”. “Nuestro propósito es mostrar que la transformación es posible y que está ocurriendo en estos momentos de un modo adecuado en muchos lugares y con muchas innovaciones, así como con el compromiso de mucha gente”.

Aún con las dificultades de la pandemia, el evento reunió a numerosos representantes de los gobiernos, la sociedad civil, autoridades locales, organizaciones internacionales, el sector privado, y otras partes interesadas, mostrando que el Compromiso sigue vivo. Evidentemente, queda mucho por hacer pero, en mi opinión, aún estamos a tiempo.

 

1. https://dashboards.sdgindex.org/.

2. https://unstats.un.org/sdgs/report/2019/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2019_Spanish.pdf.

3. https://energiasinfronteras.org/

4. Noticias ONU. Mirada global Historias humanas. https://news.un.org/es/story/2020/09/1480752

 

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