
Esta brecha se abre en la manera en que se distribuyen las oportunidades, en los tipos de empleo a los que la mayoría de las personas del colectivo accede y en las trayectorias profesionales que realmente están disponibles. Los datos del informe Radiografía del mercado laboral de las personas con discapacidad, elaborado por Fundación Randstad con los últimos datos del INE, permiten entender cómo se construye esa distancia incluso antes de hablar de salarios.
El informe muestra que el 82% de las personas ocupadas con discapacidad trabaja en el sector servicios y que las ocupaciones elementales representan el 22% del empleo, junto con un 20% en servicios de restauración, personales, protección y ventas. Esta estructura refleja una concentración notable en empleos con poca cualificación y en sectores con alta demanda de mano de obra. Y es justo esta realidad la que marca el punto de partida. Si la mayor parte del talento se concentra en puestos con escaso margen de crecimiento, la brecha salarial no debería ser una sorpresa.
Por otra parte, nos dice que las personas con estudios superiores tienen más opciones de empleo, aunque siguen siendo una minoría dentro del conjunto de personas ocupadas con discapacidad. El resultado es una paradoja que vemos a menudo. El nivel educativo mejora, pero el mercado continúa ofreciendo mayoritariamente puestos de baja cualificación, lo que limita la posibilidad de construir carreras más diversas y, con ello, de una buena proyección de futuro.
También influye el peso del perfil senior. El 70% de las personas ocupadas con discapacidad tiene más de 45 años, una realidad que refleja algo que vemos en el mercado laboral en general. El talento senior aporta experiencia, estabilidad y conocimiento, pero sigue encontrando menos oportunidades de crecimiento profesional. Esta situación no es exclusiva del colectivo, aunque en su caso se acentúa. La estabilidad contractual, que es alta, convive con trayectorias que no siempre permiten avanzar. Muchas personas permanecen en el mismo tipo de puesto durante años, no por falta de capacidad, sino porque el mercado ofrece pocas vías reales para progresar.
Todo esto deriva en una cadena de factores que se refuerzan entre sí. Desde Fundación Randstad defendemos que la igualdad retributiva requiere intervenir en esa cadena completa. La formación es un motor esencial, pero necesita ir acompañada de cambios en la estructura ocupacional, en el acceso a empleos de mayor cualificación y en la capacidad de las organizaciones para reconocer y promover el talento diverso.
En la última década se ha demostrado que el avance es posible. La participación ha crecido, el empleo ha alcanzado máximos históricos y la presencia de mujeres con discapacidad en el mercado laboral se ha fortalecido. El reto ahora está en que ese progreso se traduzca en trayectorias profesionales más amplias y en un acceso real a empleos que permitan cerrar la brecha salarial desde su origen, porque la igualdad se construye con las oportunidades que ofrecemos y en la voluntad de transformar un mercado laboral que todavía distribuye el talento de forma desigual.