
El mercado europeo de dispositivos reacondicionados atraviesa un momento de consolidación. Según datos de Context, las ventas crecieron un 7% interanual en el último trimestre de 2025, impulsadas tanto por la búsqueda de equipos más asequibles como por las persistentes tensiones en el suministro tecnológico global. En el segmento de portátiles, el grueso de las transacciones se concentra en la franja de entre 200 y 300 euros, que acapara alrededor del 40% del mercado. Sin embargo, el segmento de 300 a 400 euros gana terreno con rapidez: pasó de representar el 15% del mercado en 2024 al 23% en 2025, lo que apunta a una demanda creciente de equipos con mejores prestaciones dentro de esta categoría.
El comportamiento varía según el país. España se mantiene como un mercado maduro y estable, mientras que Reino Unido ha duplicado sus volúmenes en apenas un año. A este dinamismo se sumará, a partir de julio de 2026, la entrada en vigor del nuevo Derecho a Reparar europeo, una legislación que facilitará las reparaciones, impulsará la reutilización y contribuirá a consolidar los modelos de economía circular en todo el continente.
Pese a su potencial, el sector no está exento de riesgos. Desde Ingram Micro, mayor distribuidor mundial de servicios y soluciones IT, advierten que no todo el producto de segunda mano ofrece las mismas garantías. La clave, señalan, está en recurrir a empresas o establecimientos reconocidos que acrediten procesos de certificación, revisión técnica y cobertura de garantía.
El principal escollo al adquirir dispositivos usados es la falta de trazabilidad. En categorías como cámaras de seguridad, routers o equipos domésticos conectados, desconocer quién fue el propietario anterior —y si el dispositivo fue correctamente restablecido a valores de fábrica— puede derivar en un problema serio de ciberseguridad. Un equipo que aparentemente funciona sin incidencias puede albergar configuraciones ocultas, accesos remotos activos o firmware modificado si no ha pasado por un proceso profesional de revisión y securización.
La conclusión es clara: el riesgo no reside en que el producto tenga una segunda vida, sino en adquirirlo a través de canales que no puedan certificar cómo ha sido revisado, reparado y preparado. Verificar las condiciones de garantía y elegir con criterio al vendedor puede marcar la diferencia entre una compra inteligente y una mala experiencia.
Más allá del bolsillo, el argumento ecológico a favor del reacondicionado es contundente, y el contexto en el que se enmarca no deja lugar a dudas sobre su urgencia. Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos representan uno de los flujos de residuos de más rápido crecimiento en la UE, con menos del 40% siendo reciclado correctamente. Europa lidera la generación de desechos electrónicos a nivel mundial, con 17,6 kg por habitante, aunque también registra la tasa más alta de recogida y reciclaje formal, del 42,8%. Una paradoja que ilustra bien el reto: el continente que más consume es también el que más herramientas tiene para cambiar el modelo, si se decide a usarlas.
El informe Revealed: The climate cost of 'disposable smartphones', publicado por la Oficina Europea del Medio Ambiente (EEB), cuantifica ese impacto con precisión. La fabricación de smartphones genera aproximadamente 14 millones de toneladas de CO₂ al año en Europa, una cifra que supera el presupuesto de carbono anual de varios países europeos pequeños. El informe demuestra además que pequeños cambios de comportamiento tienen consecuencias significativas: prolongar la vida útil de un smartphone en tan solo un año evitaría más de 2 millones de toneladas de CO₂. Extenderla cinco años reduciría cerca de 10 millones de toneladas anuales, el equivalente a retirar millones de vehículos de las carreteras europeas.
La dimensión del problema va más allá de las emisiones. Según el informe Critical Raw Materials Outlook del consorcio europeo FutuRaM, si se mantiene el ritmo actual, la cantidad de materias primas críticas contenida en los residuos electrónicos podría duplicarse de aquí a 2050, alcanzando entre 1,2 y 1,9 millones de toneladas anuales. Materiales esenciales para fabricar los propios dispositivos que, en lugar de recuperarse, se pierden en vertederos o se exportan a países con regulaciones más laxas. La cantidad de residuos electrónicos ha crecido casi un 82% en apenas una década, y se prevé un incremento adicional del 32% para 2030 si no se toman medidas contundentes.
Frente a ese escenario, reparar y reacondicionar no es solo una opción responsable: es, como subraya el informe de la EEB, siempre más sostenible que sustituir por un equipo nuevo. Alargar la vida útil de los dispositivos mediante la reutilización reduce la presión sobre los recursos naturales y recorta de forma directa las emisiones vinculadas a los procesos de fabricación, entre los más intensivos en carbono de toda la industria tecnológica. Promover la durabilidad, la reparabilidad y la reutilización de la electrónica no es una aspiración secundaria: es una pieza esencial para avanzar hacia una economía verdaderamente circular.