
La inteligencia artificial se sitúa como la principal prioridad para las organizaciones, según el informe Approaching the Future 2026 de Corporate Excellence y CANVAS Estrategias Sostenibles. El estudio también destaca el creciente protagonismo de la gestión del talento, la comunicación corporativa y la reputación en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la polarización social y la creciente desconfianza.

En los últimos años, el debate sobre liderazgo responsable ha evolucionado desde el qué hacia el cómo. Ya no es suficiente con alcanzar resultados: las organizaciones estamos llamadas a hacerlo desde la coherencia, la diversidad y la sostenibilidad. Y el liderazgo femenino en sectores tecnológicos altamente especializados, como el de la salud digital, no solo es una cuestión de equidad, sino también de competitividad y visión de futuro.

El pasado día 11 de mayo de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) la Directiva (UE) 2026/1021 sobre la lucha contra la corrupción. Esta norma sustituye a la antigua Decisión marco 2003/568/JAI del Consejo y al Convenio relativo a la lucha contra la corrupción en los que estén implicados funcionarios, además de modificar la Directiva (UE) 2017/1371.

La idea de que el voluntariado “quita trabajo” reaparece con frecuencia cada vez que se debate el papel de las organizaciones sociales y la participación ciudadana. En un contexto marcado por la precariedad laboral, el desempleo y la reducción de recursos públicos, la preocupación no es menor.

A lo largo de los artículos, que he venido publicando en Diario Responsable desde hace ya casi seis años, he llegado a un número suficiente de conclusiones sobre la situación social en la que vivimos los españoles, incluso también los europeos.

Es un hecho que la tecnología forma parte de nuestra vida diaria y condiciona la manera en que accedemos a la información, trabajamos y nos relacionamos. En otras palabras, su presencia abre posibilidades que pueden transformar la experiencia de las personas y, en concreto, de las personas con discapacidad, siempre que se desarrollen y utilicen con una mirada inclusiva.

En un mundo en el que la tecnología se entrelaza con casi todas nuestras interacciones cotidianas, la accesibilidad digital ha dejado de ser una opción para convertirse en una auténtica exigencia. Ya no se trata solamente de una cuestión normativa o de cumplimiento legal; hablamos de una visión estratégica que incide directamente en la experiencia de usuario, en la innovación inclusiva y en la sostenibilidad de cualquier desarrollo digital. La transformación digital inclusiva es, hoy más que nunca, una condición para competir con sentido y futuro.

Cuando ascendemos por encima de los 2.500 metros de altura nuestro cerebro empieza a flaquear. El oxígeno en sangre se reduce, lo que provoca dolores de cabeza, confusión, mareos o pérdida de equilibrio. A medida que ascendemos en altitud se van deteriorando funciones como el tiempo de reacción y atención, la memoria de trabajo y funciones ejecutivas como el razonamiento complejo.