Son las palabras de uno de los principales teóricos a nivel mundial de la ‘reprogramación del capitalismo’, autor e impulsor de ‘La economía del bien común’, y el protagonista de una ponencia magistral en la celebración del VIII aniversario del Instituto Tomás Pascual Sanz (ITPS). En un abarrotado CSIC, Christian Felber indujo a la reflexión sobre la necesidad de coser la brecha entre economía y valores, un objetivo ligado a la de misión de Pascual y su instituto “lograr la aportación más grande posible al bienestar común de todas las personas”, indicó Ricardo Martí Fluxá, presidente del Instituto Tomás Pascual Sanz.
Con una bienvenida a cargo de Francisco Hevia, Director Responsabilidad Corporativa y Comunicación en Calidad Pascual, el profesor austriaco de economía alternativa, Christian Felber, comenzó a desgranar su teoría basada en una sociedad y un modelo empresarial más justo, sostenible y participativo. Un libre mercado que se sostenga en valores ampliamente compartidos como la honestidad, empatía, escucha, cooperación, solidaridad y tolerancia.
¿Los consumidores son cada vez más socialmente responsables? ¿Modifican sus procesos de compra en función de la procedencia de los productos o servicios? Estas preguntas a priori sin respuesta parecen haber sido el impulso para muchas empresas que se han lanzado al mercado ofreciendo al consumidor aplicaciones relacionadas con la sostenibilidad.

Supongamos que una empresa está interesada en mejorar los impactos de su actividad sobre el entorno social de su operación (Huella Social), o en aumentar el valor que genera más allá de sus números económicos. Al margen de si sus motivos se relacionan con su reputación, con la licencia para operar o con la incorporación estratégica de la sostenibilidad a su modelo de negocio, si la empresa no dispone de información significativa sobre sus impactos – o, mejor, sobre el valor social que genera – difícilmente podrá ajustar su estrategia y operación para alcanzar esos objetivos. Si no lo mides, no existe, reza el tópico.
Esta perspectiva permite situar la responsabilidad y el compromiso empresarial con la sociedad en el territorio de la acción y las herramientas. Los medios que una empresa pone al servicio de obtener información fiable sobre su impacto social y ambiental dicen probablemente más de sus valores que todas sus declaraciones y notas de prensaAl fin y al cabo, se gestiona y se mide lo que se valora.
Medir o no medir la Huella Social es la cuestión, pero a pesar de la previsible retórica a favor de lo primero abundan los argumentos más o menos explícitos en contra de la medición de los impactos y el valor no financiero de la empresa. Los costes de disponer de información consistente pueden ser altos y no siempre es fácil establecer las relaciones causales entre operación e impacto, por lo que la medición quedaría limitada a la primera división de los enormes cuadros de indicadores alimentados por complejas metodologías (y de las grandes facturas de firmas consultoras).
Incluso en el caso de negocios inclusivos, que aspiran a producir bienes y servicios de alto valor social para grupos vulnerables, se argumenta contra la pertinencia de medir su impacto apelando a la necesidad de delimitar claramente entre negocio y acción social. Esos límites quizá tengan que ver con el hecho de que grandes empresas dediquen recursos a medir (y comunicar) el impacto de su acción social y no tantos a conocer el de sus operaciones. Pero, ¿puede hablarse de negocios que incluyan a la Base de la Pirámide sin medir ese grado de inclusión ni valorar cómo afecta su actividad a las personas agrupadas bajo esa etiqueta? Nadie dijo que fuera fácil…
Suponer que una empresa quiere mejorar su impacto sobre variables de sostenibilidad y desarrollo humano de los entornos en los que opera se convierte en un acto de fe si esas variables no forman parte de lo que la empresa conoce y gestiona. Remarcar la frontera entre lo que forma parte del núcleo de negocio (y por tanto debe medirse), y lo que no lo es (que admite estimaciones más o menos superficiales), resulta menos realista que nunca e ignora la creciente convergencia entre los riesgos financieros y los sociales y ambientales.
Y en la medida en que la rendición de cuentas y la comunicación con los grupos de interés es tan importante para una gran multinacional como para una pequeña empresa, conocer los impactos sociales y ambientales es la base para que esa conversación tenga sentido a cualquier escala territorial. En regiones y países en desarrollo, los costes de esa medición pueden reducirse en la medida en que se concentre el proceso sobre los aspectos más significativos y, sobretodo, se incorpore la experiencia y el conocimiento de gobiernos locales y organizaciones de la sociedad civil. Si se pone el foco de la medición de Huella Social en los derechos de las personas más vulnerables, la cuestión es qué medir, y con quién.
Este mes un informe del influyente MIT Sloan Management Review señalaba la colaboración multiactor, y la incorporación de conocimiento e ideas de ONG, gobiernos y otros actores, como una de las claves para que la gestión empresarial afronte eficazmente grandes retos globales como la pobreza o el cambio climático. Por su parte, el World Business Council for Sustainable Development apunta específicamente a la medición de impactos socioeconómicos como un espacio para impulsar la colaboración entre empresas, gobiernos y sociedad civil.
Para las ONG se trata de una oportunidad para incidir sobre empresas con influencia directa en las opciones de desarrollo y lucha contra la pobreza de territorios y poblaciones, así como de explorar modelos innovadores para enfrentar esos problemas. El reto está en no malgastar conocimientos, recursos y legitimidad en ejercicios retóricos, y ponerlos (mantenerlos) al servicio de los intereses y los derechos de las poblaciones vulnerables, incluyéndolos en el núcleo de decisión y gestión de las empresas.
Jose Manuel Gómez
Área de Empresa y Desarrollo de ONGAWA
Midiendo la Huella Social de las Empresas. Descarga el documento
Aunque pueda sonar raro, creo que la solidaridad puede generarse al hacerse negocios, conceptos que no necesariamente deben estar reñidos o ser antagónicos.
Creo que existe en el ambiente empresarial, al menos en mi país, la idea de que hacer negocios significa de alguna forma el jugar el llamado “juego suma-cero”, es decir, gano o pierdo todo. Y por lo tanto los participantes en cualquier negociación siempre buscan la manera de cuidarse del otro y al mismo tiempo tratar de llevarse todo a su favor.
Ambas partes no alcanzan a comprender plenamente que en una relación comercial que afín de cuentas es una relación social, se trata de que ambas partes ganen en la transacción, generando con ello una solidaridad que se puede convertir en una sociedad, que implica una solidaridad en la que juntos ambas partes obtienen una ganancia.
Lo anterior lo comento por un suceso que me tocó presenciar hace poco, y creo que es muy común desafortunadamente. El caso es que una persona renta un local comercial a un precio determinado, en una edificación en la que los locales estaban desocupados por más de seis meses.
La tecnología está transformando de manera evidente la manera en la que vivimos, jugamos, comunicamos, exploramos, interactuamos, trabajamos, compramos, pagamos, compartimos o aprendemos. Internet ha cambiado nuestra vida cotidiana convirtiéndose en un medio de contacto cada vez más versátil y potente tanto para los adultos como para los más pequeños de la casa.
Ante este panorama, los padres debemos saber ver los retos educativos a los que nos enfrentamos y por ello, en Telefónica, estamos plenamente comprometidos con el fomento del buen uso de las TIC por parte de los niños y adolescentes, para facilitarles el acceso de manera responsable a todo el potencial que ofrecen los servicios digitales.
Un juez belga acusó formalmente al HSBC de fraude fiscal grave y organizado, blanqueo, organización delictiva y ejercicio ilegal de la función de intermediario financiero. Parece que mas de 100.000 millones de euros “pasaron” por la rama suiza del HSBC. Mas de 1800 millones euros los “aportaron” mas de 2000 impositores españoles. Falciani “tiró de la manta”. Ahora la lista se va a conocer . El morbo, fundado, va a poner el foco en esa lista.
“Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, despojado, desvestido, expuesto”
Byung-Chul Han, La Sociedad de la Transparencia
La comunicación empresarial ha de mantener el equilibrio entre “lo que somos”, la realidad, y lo “que queremos ser”, nuestra visión. Pero muchas veces las organizaciones se balancean peligrosamente entre lo que desean ser frente a lo que realmente son. Esto produce una incoherencia que los propios grupos de interés perciben, con la consiguiente pérdida de valor reputacional.
Un libro muy interesante que acabamos de leer How? de Dov Seidman, sostiene que estamos en la Era del Comportamiento. Ya no importa tanto lo que haces, eso ya no es un factor que te separa de los demás; ahora se trata de cómo haces lo que haces. La ventaja sostenible y el éxito duradero de las organizaciones y las personas dependen de la esfera del cómo, la nueva frontera de la conducta.
Esta palabra siempre ha sido considerada un adverbio, es decir, una partícula que acompaña a lo que verdaderamente nos importa, los verbos y las frases. Pero ¿y si lo consideráramos un sustantivo? El cómo es lo que marca la diferencia. “Visto así,cómo hacemos las cosas deja de ser simplemente una pregunta para convertirse en una ética del empeño humano y una lente a través de la que observar el mundo” asegura el autor.
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La Red Europea de Responsabilidad Social Empresarial y Discapacidad (RSE+D) celebró el pasado 6 de febrero en Barcelona el cuarto encuentro anual de socios fundadores de esta iniciativa, liderada por Fundación ONCE y cofinanciada por el Fondo Social Europeo. A la reunión asistieron representantes de Fundación ONCE, L’Oréal, Telefónica y el Ministero del Lavoro e delle Politiche Sociali de Italia como socios fundadores de la iniciativa, además de la Secretaría Técnica de la Red Europea RSE+D, que desempeña The Social Movers.
Durante la reunión se analizaron los principales hitos logrados a lo largo del ejercicio 2014 y se trabajó en la elaboración, de forma conjunta, de las principales líneas de actuación para el 2015.
En 2014, entre otras acciones de influencia, la Red Europea RSE+D ha aunado esfuerzos para que la dimensión de la discapacidad continúe formando parte de la nueva Estrategia de RSE de la Comisión Europea, tras su inclusión en la Estrategia europea en esta materia para el período 2011-2014.
Asimismo la Red ha seguido trabajando para favorecer la inclusión social y laboral de personas con discapacidad a través del fomento del emprendimiento y de la innovación social.
Los cosméticos son productos naturales o sintéticos que los humanos utilizamos para mejorar la apariencia, generalmente del rostro; con ellos nos maquillamos. En los Estados Unidos de America, el organismo regulador (FDA por sus siglas en inglés, según Wikipedia) los define como "sustancias...para embellecer o alterar la apariencia sin afectar la estructura o funciones del cuerpo". Y aunque en Europa se considera cosmético, USA excluye de esta categoría el jabón que, como es sabido, lo utilizamos para limpiar nuestro cuerpo y liberarnos de suciedad. El jabón refresca la piel, nos devuelve una cierta naturalidad y nos despoja de artificios; por contra, el objetivo del maquillaje es lograr que el usuario se vea, y lo vean, mas atractivo, simulando salud y belleza; incluso una apariencia distinta cuando se persigue esa finalidad: disfrazar/alterar la realidad, y conseguirlo es una de las eternas utopias del ser humano...
Las empresas y las instituciones, como los seres humanos que forman parte de ellas, se dejan muchas veces guiar por las apariencias. Hay en las organizaciones un a modo de gestión ornamental, de hablar para lucir, de ineludible propósito cosmético que, ademas de paradójico es, seguramente, inevitable: lo da la propia condición humana. En este sentido, lo importante es poder reducir siempre la brecha entre palabras y hechos, y que el "gap" no exista. Hablar mucho, o publicar más, de Responsabilidad Social (RS) no significa que en una organización se practique o se haya implantado para siempre una gestion socialmente responsable. Antes de lanzarse a la nada facil tarea de definir que sea, o que no es, la Responsabilidad Social, hay que acercarse y bucear en saberes bien armados que nos den las pautas de nuestro comportamiento como seres humanos. El llamado "management" -una especie de ciencia posmoderna- no es nada si ignoramos saberes previos como filosofía, sociología, antropología, derecho o historia, que han sido las coordenadas que han cartografiado al hombre a lo largo de su historia. Como ocurre tantas veces, en las organizaciones existen áreas -el llamado mundo de los intangibles, y la RS lo es- sobre las que todos hablan, pero en las que pocos creen y, menos aun, practican. El mundo de la cosmética alcanza a la empresa y a las instituciones, y también a sus dirigentes; incluso a las memorias de Responsabilidad Social (RS).
Esta fue la propuesta que hicimos en el panel sobre instituciones financieras en el CSR Multiskeholder Forum organizado por la Comisión Europea los días 3 y 4 de febrero.
Al igual que Naciones Unidas promovió en 2006 la creación de los Principios de Inversión Responsable (PRI), pensamos que la Comisión tiene una oportunidad enorme para liderar la promoción de una mejor banca basada en principios. Una iniciativa que integre una visión holística de la actividad financiera y su impacto en la sociedad, y que de forma transversal implique a los distintos comisarios cruzando las fronteras del mundo de la RSC.
Hoy la RSC está bajo el paraguas de la Comisaria de mercado interior, industria, emprendimiento y PYMES. Es preciso integrar el trabajo de toda la Comisión y, muy especialmente del Comisario de estabilidad financiera, servicios financieros y mercado de capitales así como de la Comisaria de justicia y consumidores e igualdad de género.