
Una pena. Un tiro al palo. El entusiasmo inicial al descubrir que el Ministerio de Empleo y Seguridad Social había elaborado y publicado en el BOE un documento denominado Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas (RSE), se ha tornado en una absoluta tristeza, una sensación de irrefrenable lástima al terminar de leerlo. Quizás mis expectativas eran altas, porque buscaba encontrar esa chispa de creatividad, esa guía, ese paquete de medidas que hemos venido viendo aparece
De todas formas, hay que decir las cosas como son: este documento supone a todas luces un avance en cuanto a las discutibles políticas de RSE en España, si bien es cierto que la tibieza de su contenido puede relegarla a un estatus de invisibilidad permanente. Que va a pasar desapercibido, vamos.
Tras el deplorable atentado terrorista a la revista Charlie Hebdo -más los que le siguieron- se ha hablado mucho sobre la libertad de expresión como derecho fundamental, inalienable y universal. Se han escrito ríos de tinta sobre la importancia de protegerlo, respetarlo y defenderlo. Al fin de cuentas, es el derecho número 19 en laDeclaración Universal de los Derechos Humanos. Bueno, técnicamente es el derecho consagrado en el artículo 19º de la declaración formulada en 1948 y que posteriormente fue desarrollado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).
El derecho a la libertad de expresión comparte lugar de honor con los de libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Lo cual es muy importante, porque a través de éstos se busca asegurar que todos los seres humanos podemos (o, por lo menos, deberíamos estar en capacidad de) expresar abiertamente nuestra opinión sobre un tema y profesar nuestras creencias en público sin miedo a represalias.
Que un derecho sea fundamental, universal e inalienable implica que todos tenemos ese derecho –sin distinción de género, edad, creencias, origen, preferencia sexual, credo…- y que nadie nos lo puede arrebatar; salvo contadas excepciones, determinadas situaciones y según las debidas garantías procesales. Por ejemplo, se puede restringir el derecho a la libertad si un tribunal de justicia dictamina que una persona es culpable de haber cometido un delito. (1)
Que no había unanimidad en el Consejo Estatal de la RSE (CERSE) ya lo sabíamos. Lo que sabemos ahora es que ni la unanimidad, ni el consenso reinan por esos lares. No han sido una ni dos, sino cinco, las fuentes consultadas para conocer qué es lo que pasó la mañana del pasado viernes en la agitada reunión del Pleno de Consejo Estatal de la RSE en la sede del Ministerio de Empleo en Madrid. La Ministra no fue, estaba en la convención del Partido Popular y la Secretaria de Estado se fue justo cuando empezó el lío.
La reunión -a puerta cerrada- a la que asistieron unos cincuenta representantes de los grupos empezó con problemas: cuando se sometió a aprobación el acta anterior, ni los sindicatos ni la CEOE reconocieron los acuerdos adoptados. El problema residía en el rol que tendrían los sindicatos en la verificación de las memorias de sostenibilidad, algo en el anterior pleno, que se celebró minutos antes del la aprobacion de la Estrategia española de RSE se introdujo “de tapadilo” y el acta final no recogió esta enmienda de última hora. Primer lío
El lío continuó cuando se sometieron dos documentos a la aprobación del Pleno: el de Inversión socialmente responsable (ISR), y el de indicadores para elaborar los informes de RSE. Ambos documentos habían sido aprobados en los grupos de trabajo tras muchas horas de dedicación, pero no contaban con el visto bueno de la CEOE que en su momento se negó a trabajar en esos grupos y ahora, en coherencia, no reconocía estos trabajos. Una de las fuentes consultadas por diario_responsable señala que “lo decepcionante es que los representantes de la Administración Pública permanecieron callados después de participar y aprobar en la comisión permanente los documentos y no aclararón su posición.” Al final -por supuesto, por falta de consenso- se decidió elevar a la aprobación del pleno.
Y ahí estalló todo: por definir el consenso. A pesar de la constructiva labor del Director General de la RSE, en busca del susodicho, la representación empresarial se refugió en que no había tal y bloqueó su aprobación apelando a su particular interpretación de este vocablo. Los demás grupos, especialmente sindicatos y tercer sector, apelaron a los precedentes y exigieron una aprobación con voto particular, como había ocurrido en otras ocasiones.
Y el debate cambió, pasó de la RSE a la semántica: se empezó a debatir de forma encendida sobre qué se entendía por consenso como fórmula de aprobación. Cómo no, se recurrió -vía telefono movil- a la definición de la RAE, que tampoco sirvió para consensuar sobre la definición de consenso y sobre si el principio de consenso significa capacidad de veto de una de las partes. Al final se solicitó formalmente una consulta a la abogacía del estado para que clarifique el término y aporte luz a esta pantanosa situaciòn que puede acabar con la operatividad del Consejo y con su fin mismo con que un rupo bloquee un tema, se acabo el diálogo.
Este pasado martes el secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ferre, anunció que el nuevo Reglamento del Impuesto sobre Sociedades incluirá la exigencia a las multinacionales de presentar informes sobre sus actividades "país por país", lo que permitirá conocer, entre otros datos, lo que tributan en cada uno de ellos y los beneficios que obtienen.
Con el fin de conocer como puede afectar este nuevo reglamento a los informes sobre impactos financieros y no financieros de las multinacionales en diario_responsable hemos consultado a Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de RSC experto en estos temas.
d_r .- ¿Qué le ha parecido el nuevo Reglamento del Impuesto sobre Sociedades?
Orencio Vázquez.-Todavía no tenemos acceso al reglamento. Sin embargo valoramos muy positivamente el anuncio por parte del secretario de Estado de Hacienda de incluir la obligación de presentar por parte de las empresas multinacionales información financiera relevante país a país. Aunque lo verdaderamente relevante es si esa información va a ser pública y accesible para todo el mundo.
Para que un mensaje se difunda tiene que encerrar algo que capta nuestro interés. Eso pasa con la EBC, la Economía del Bien Común, que empieza a calar en el tejido empresarial mundial. Y con Christian Felber, que pasa de ser un auténtico desconocido hace 5 años a publicar 2 libros y presentar una ponencia en el Instituto Tomás Pascual Sanz, en un foro orientado al público corporativo español.
Porque la EBC es un movimiento que tiene mucho de Responsabilidad Social, y poco de buenismo. Es atrevido, es radical, con unas propuestas que todos deberíamos conocer, empezando por los gerentes y directores de corporativos.
El mensaje de Felber se empieza a difundir en Austria, Alemania, Italia, España, poco a poco lo vamos conociendo. El mensaje de la Economía del Bien Común es un mensaje basado en los valores que facilitan la creación de relaciones y de comunidades sólidas.
El Foro de Davos también se celebra en España, en concreto lo organiza en Madrid la comunidad Global Shapers en la Fundación Rafael del Pino. Nueve paneles de reflexión que desde hoy y hasta el próximo viernes están tratando temas de actualidad, e intentan aportar propuestas y soluciones desde lo local y con mirada global. “El liderazgo, qué debe tener un líder de hoy” ha sido la cuestión principal de la primera mesa redonda que ha abierto este evento: ¿cuál debe ser el perfil del líder del siglo XXI? ¿Y su currículum? ¿cómo debe comportarse con sus empleados? ¿puede tener ego?
El liderazgo es la capacidad de transformar la visión y la acción y en estos momentos a nivel mundial no es muy boyante. Los expertos dicen que estamos faltos de liderazgo, pero ¿cuáles son las claves para recuperarlo? Así ha introducido Pilar Jericó, socia de BeUp.es, el debate y ha dado la palabra a los que saben del asunto; a los líderes de empresas.
“Estamos viviendo un florecimeinto tecnológico sin precedentes en la humanidad, las tecnologías nos afectan en la vida personal y profesional pero lo fundamental del liderazgo no ha cambiado”, exponía Francisco Román, presidente Vodafone España. Lo que sí que se ha transformado es el contexto, pues hoy en día la información está al alcance de cualquiera y hay herramientas que permiten el reparto del poder. La sociedad exige un gran nivel de transparencia y obviamente esto también llega al líder de una empresa. Para Francisco Román es vital que el líder maneje la tecnología, que sea generoso y que tenga capacidad analítica. ¿El ego? “Es lo que más estorba en la empresa, no hay que llevarlo a lugares donde se trabaja en equipo”, ha subrayado.
La Fundación Universia y la Fundación Centro Internacional de Formación Financiera (CIFF) lanzan la primera convocatoria de becas para estudiantes emprendedores con discapacidad.
El programa de Becas Fundación Universia-CIFF entregará dos becas para personas con discapacidad matriculadas en el Curso de Emprendimiento y Aceleración Empresarial que se imparte en el centro.
Los interesados en acceder a una de estas ayudas pueden enviar sus candidaturas hasta el 13 de febrero a través de la página www.cursoaceleracionempresarial.com. La concesión de becas se resolverá antes del 20 de febrero de 2015
El Profesor Antonio Argandoña ha publicado una serie de seis artículos en su blog con reflexiones sobre la posible crisis en la RSE, en parte como una respuesta a varios artículos publicados recientemente en las redes sociales sobre el supuesto pesimismo y la percepción de estancamiento en su implementación práctica (el suscrito publicó dos de ellos 20 razones por las que nos estamos cansando de la RSE en diciembre de 2014 y ¿De quién es la culpa que la RSE este dónde está? y noviembre de 2014).
Es común considerar la Responsabilidad Social como algo exclusivo a las empresas, sin embargo, es algo que abarca a toda persona por su condición de ser humano y por consiguiente a la sociedad en general.
Lo anterior lo señalo por los desafortunados hechos que se vivieron en Francia en días pasados, con el atentado a los periodistas de una publicación, la cual se distingue por su estilo sarcástico de manejar ciertas informaciones, y en especial a su manera de tratar al Islam y en especial al profeta Mahoma.
Si bien a todas sus luces es condenable el atentado, es válido también considerar cuáles fueron las causas que los motivaron, sin que ello justifique dicho atentado.
Un primer aspecto, considerando la responsabilidad social en el sentido más amplio del término, es el respeto a los demás en general y en específico sus creencias. En otras palabras nadie tiene derecho a burlarse o mofarse de la fe de un tercero.
En el caso del Islam, se dice que no debe de representarse en ninguna forma la imagen y figura de Mahoma, el fundador de dicha religión. Algo similar ocurre con el Judaísmo, que no maneja ninguna imagen o representación de Dios ni de Moisés por ejemplo, siendo este uno de sus máximos profetas. Algo muy diferente sucede con el Cristianismo en muchas de sus vertientes, en el cual las imágenes de Jesús y la Virgen María han sido representadas en innumerables imágenes y figuras a lo largo de los siglos.
A lo largo de las entradas anteriores he ofrecido algunas interpretaciones acerca de la supuesta crisis, enfermedad o insuficiencia de los avances en la Responsabilidad Social (RS), principalmente en España. He señalado que el problema puede estar en las concepciones que tenemos sobre la RS. Y aunque tengo mi propia idea sobre lo que es la RS, no he intentado imponerla, porque mi definición puede ser, para los demás, tan discutible como cualquier otra. De todos modos, he argumentado que algunas concepciones de la RS pueden no cuadrar con la realidad de la sociedad en la que nos movemos, de la empresa que ha ocupado nuestra atención y de las personas que la han de dirigir. Y esto sí es relevante para el debate.
Si nos sentimos desconcertados por el estado actual de la RS, mi consejo es que llevemos a cabo una reflexión sobre lo que son y lo que deben ser esas tres realidades, sociedad, empresa y persona que dirige; esto puede ayudarnos a entender las sombras del cuadro, que quizás no están en la RS misma, sino en los otros protagonistas (o también en nuestras preferencias, o en nuestras agendas ocultas). Fruto de esa reflexión será la posibilidad de entrar en diálogo con otros también implicados en la RS, para ver, como he explicado más arriba, hasta dónde podemos trabajar juntos y en qué momento nuestros caminos se tendrán que separar; esto puede hacer mucho más eficaz nuestro trabajo conjunto.
Me parece que en mi análisis anterior han quedado claros unos cuantos supuestos de partida. Me referiré aquí solo a tres. Uno: las empresas deben identificar sus responsabilidades sociales desde su misión, su estrategia, sus políticas y procesos, y sus relaciones con sus stakeholders. La RS no es algo desde fuera, aunque desde fuera podemos ayudarle a identificarla.