En Europa existe gran preocupación por un ambiente de irresponsabilidad que se respira, parece que nadie es culpable de nada. “Es el momento de recordar que todas nuestras acciones tienen externalidades, por lo que no sólo los estados tienen responsabilidades”, subrayó Adela Cortina, ganadora del último Premio Nacional de Ensayo y directora de Étnor, en la Fundación Ramón Areces con motivo del Seminario Internacional: Economía y Valores celebrado recientemente en Madrid. Un encuentro en el que la filósofa valenciana reflexionó sobre los valores de los ciudadanos, el carácter prosocial de las empresas y sobre el estado actual de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).
La responsabilidad de los ciudadanos y de las empresas hay que reafirmarla, sólo se superará la crisis económica si empresas y ciudadanos asumen sus responsabilidades. Para este cambio social es necesario una ciudadanía madura, que tal y como explicó Adela Cortina, está caracterizada por los siguientes valores. La libertad, entendida como autonomía, donde el individuo tiene que construir sus propias respuestas e informarse de lo que ocurre en la vida para asumir responsabilidades. La igualdad, conquistar la autonomía no se puede hacer en soledad, y para ello hay que tener en cuenta la igualdad de los ciudadanos. La solidaridad, hay que hacer fuerza, porque todas las personas son vulnerables. El respeto, tomarse en serio los unos a los otros. Y el diálogo. “La solución de los humanos pasa por el diálogo”, comentó la directora de la Fundación Étnor.
Así, al igual que uno de los valores que asocia Adela Cortina a los ciudadanos es la solidaridad, ¿existe un carácter prosocial de las empresas? ¿hay alguna base evolutiva para la cooperación? Los seres humanos son reciprocadores, tienen capacidad de dar siempre que puedan recibir. “La clave del ser humano es la cooperación, hemos conseguido vencer a una serie de enfermedades que nos hubieran aniquilado, pero gracias al apoyo mutuo se ha salvado a muchas personas vulnerables”, explicó.

“El director General de la RSE abandona su puesto y se une a Podemos”,
Diario Responsable,
28 diciembre de 2014.
Cuando empecé -hace ya muchísimos años- con estas cosas de lo social en la empresa, ni existía la RSE como tal, ni siquiera se aceptaba que la empresa se metiera en camisas de once varas, es decir, que pusiera “sus sucias manos” en el terreno de lo social. A la empresa le correspondía lo económico –ese era el reparto socialdemócrata en su forma originaria- y en lo económico se tenía que centrar. Tanto han cambiado las cosas que es probable que pueda parecer mentira lo que estoy diciendo. No, no lo es y voy a contar una historia real –los “mayores” somos muy dados a contar historias “reales”- para tratar de que se me entienda.
A comienzos de los setenta del siglo pasado –esto de hablar con tanta naturalidad del siglo pasado me pone los pelos de punta- se rodó en Hidroeléctrica Española (hoy Iberdrola) un documental sobre la labor social de la empresa. Nos parecía que valía la pena difundirla, presumir de su carácter pionero. Se proyectó en la Junta General y dentro de lo que cabe –no era ni es la acción social sino el dividendo lo que preocupa principalmente a los accionistas- tuvo una buena acogida. Me sentía feliz con aquel documental que dirigió mi amigo Luciano Egido y en el que aprendí las maravillas del montaje y se me ocurrió llevarlo a un cineclub en el que colaboraba al lado de gentes como Peridis, Gregorio Peces Barba o José Ramón Sanz, el que proyectó la campaña “por el cambio” del PSOE. Gentes, ya lo veis, más bien de izquierdas. Lo organizaba en el Hogar del Empleado la revista Aún que gozaba de cierto predicamento en el mundo del catolicismo social de aquellos años.
¡Qué pregunta! Un buen número de interesados en RSE y en sostenibilidad no conoce el significado de resiliencia, aunque algunos habrán escuchado o leído la palabra en inglés: resilience que ahora se está poniendo de moda y hay quienes pretenden usarla como sustituto de la sostenibilidad. Originalmente el concepto fue sido desarrollado en el contexto de la persona, de la psicología. [i] [ii]
No es de extrañar que muchos no conozcan la palabra. Existe en español pero solo ha sido recogida por primera vez en la nueva edición (23ª, octubre 2014) del Diccionario de la Real Academia:
resiliencia.
1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.
Nótese que la definición se hace en referencia al ser humano (psicología) y a materiales (mecánica). En el caso del ser humano se refiere a la capacidad mental, aunque podría (¿debería?) incluir la capacidad física de resistir situaciones límites y sobreponerse a ellas (frío, calor, cansancio, infecciones, etc.). En algunos casos se puede considerar como antónimo de vulnerabilidad.(Resiliencia es crecer en el desierto, sostenibilidad es evitar la desertificación)
Reconozco que aún me sigue sorprendiendo que en las jornadas de RSC se siga poniendo el foco en lo que hace una organización solo en materia de acción social, en el voluntariado y en estas cosas, que todas muy loables pero que en el fondo no me cuentan a qué se dedican en su día a día. Y además me sorprende porque sé que hacen más cosas, para mí, más importantes y clave que la parte solidaria.
Si, y hablo de fondo porque para mí, y para muchos, la RSC en un tema de fondo, y no tanto de forma. Voy a coger un ejemplo, al hilo de la jornada a la que asistí y que me ha inspirado a escribir este post. Tomemos el ejemplo de la RSC y los derechos de la infancia.
Y aquí voy a tirar de manual, que para eso ha habido gente sesuda recopilando y detallando lo que conlleva esta conexión. Te invito a que eches un vistazo al documento “Derechos de la infancia y principios empresariales”. Yo - de nuevo y no me canso de repetirlo - prefiero hablar de organizaciones porque siempre el foco de responsabilidad está en las empresas, pero también tienen su papel la administración, los sindicatos, las ONGs o por qué no, tu mismo o tu propia unidad familiar.
La confianza es un bien que se sitúa a medio camino entre la razón y la emoción. Pero las segundas tienen el poder de alterar las percepciones y, a través de éstas, la propia realidad. En consecuencia, una emoción poderosa tiende a imponerse en el corto plazo sobre la objetividad porque dificulta el raciocinio y, sobre todo, porque impulsa el deseo de reaccionar, y la reacción es ya un hecho físico que solo puede ser revisado con otro de la misma naturaleza. Es decir, al final las emociones encuentran siempre sus propias razones o, cuando menos, sus justificaciones.
El escritor argentino Jorge Bucay nos recuerda que “no somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas“. Si a esta responsabilidad sumamos un escenario fácilmente excitable por la naturaleza líquida de una sociedad que, según Zygmunt Bauman, no profundiza en sus comunicaciones ni se compromete en sus relaciones, encontraremos un caldo de cultivo ideal para que las emociones nos gobiernen en vez de ser nosotros quienes las gobernemos a ellas. La confianza, hoy inclinada hacia el envés de la desconfianza, es un ejemplo de este desgobierno emocional cuyo origen es, sin embargo, muy racional y objetivo.
“Un año de desastres y de irregularidades administrativas, que incluyeron misteriosas caídas de aviones, robos de datos, manipulación cambiaria y el peor brote de ébola de la historia, afectaron a la confianza global en instituciones públicas y empresas…”. Así arrancaba el teletipo emitido por la agencia Reuters el pasado día 20 de enero a propósito de la presentación en el marco del World Economic Forum (WEF) de los datos del Barómetro de la Confianza que desde hace 15 años elabora la agencia de comunicación Edelman.
Hace escasas semanas, el ICO lanzó el primer bono de impacto social en España. La emisión fue todo un éxito. La agencia financiera colocó 1.000 millones de euros y la demanda cubrió más de dos veces la oferta. Esta emisión tiene como objetivo facilitar el crédito en regiones con menor renta per cápita, condicionado a la creación y mantenimiento del empleo. Unos meses antes, Abengoa e Iberdrola, realizaron sendas emisiones de bonos verdes por valor de 500 y 750 millones de euros respectivamente, que sirven para financiar proyectos de alto desempeño ambiental, como la generación de energía procedente de fuentes renovables, la optimización de la gestión del agua o el desarrollo de smartgrids. Nos encontramos ante el boom de las inversiones de impacto. Este artículo trata de analizar las claves del éxito de esta fórmula de financiación de proyectos socioambientales, sus perspectivas de futuro, así como sus puntos débiles. Al fin y al cabo, donde hay beneficio, hay un riesgo implícito.
¿Qué es un bono de impacto?
Los bonos de impacto son una fórmula de financiación que permite originar recursos para el desarrollo de actividades con un impacto social o ambiental positivo. Desde un punto de vista financiero, se trata de una transacción más, en la que existe un prestamista y un prestatario.
Lo verdaderamente original, es que los promotores de dichas iniciativas acuden a los mercados de capitales involucrando a inversores profesionales en un campo antes constreñido, fundamentalmente, a las donaciones caritativas de particulares o la contribución con cargo al erario público.
Esto aporta tres beneficios importantes para las entidades sociales. Por un lado, se amplía exponencialmente el volumen de recursos potenciales para el apoyo de sus proyectos. Por otra parte, se fortalece la rendición de cuentas ante una comunidad de agentes que participan en el bono, como son las entidades sociales, los verificadores externos, los intermediarios financieros, los supervisores y los propios inversores. Por último, se crea un incentivo adicional para batir sus objetivos del proyecto ya que si lo hacen, además de crear más valor social, generarán mayores rentabilidades y habrá más inversores dispuestos a financiar iniciativas la próxima vez.
Las elecciones se celebrarán en tiempo de cerezas, luego ahora toca tiempo de promesas. Hasta ahora los programas electorales se llenaban, en general, de promesas vagas.
Por eso a los partidos veteranos y a los noveles desde aquí les pido: por favor, formulen las metas concretas que quieran alcanzar, así la ciudadanía sabrá qué está eligiendo.
Pero, desde mi punto de vista, este tiempo también es un tiempo de deberes para la sociedad civil. Las entidades sociales y movimientos sociales, tan instalados con amplias razones en el lamento de la oscuridad, deberíamos encender velas. Es tiempo de formular sueños colectivos que encajen bien dentro de una utopía pragmática. Es tiempo de formular metas concretas y de dialogar con los partidos para que las incorporen en sus programas. Y es tiempo también de realizar pedagogía social para que la ciudadanía las entienda y las defienda.
En España nos estamos enfrentando a dos problemas básicos en materia económica que son la elevada tasa de desempleo (23%, aunque con más del 50% en los jóvenes) y la competitividad empresarial ante el fenómeno de la Globalización. No son pocos los organismos internacionales que aconsejan a España una bajada salarial para hacer más competitiva la oferta de productos españoles en el exterior.
La solución propuesta parece atractiva desde un punto de vista clásico, pues a menores salarios aumentaría la demanda de factor trabajo y al ser más barato este factor disminuirían los costes de las empresas, aumentando así su competitividad.
Aunque los empresarios no deben fijarse únicamente en el coste por trabajador, sino que deben compararlo con la productividad del mismo. En este caso, definimos los Costes Laborales Unitarios (CLU) como el coste medio del trabajo por unidad producida.
Recientemente, en diciembre de 2014, ha entrado en vigor la Directiva 2014/95/UE sobre la divulgación de información no financiera y diversidad, aunque no será de obligado cumplimiento hasta enero de 2017, no hay tiempo que perder.
Cuando en mayo 2013, la GRI publicó la nueva versión de su guía G4, se fijó un periodo voluntario de dos años para hacer el cambio. En mayo de 2008 cuando se publicó la versión G3 muchas empresas lo adoptaron enseguida y no había un periodo transitorio marcado. Por el contrario, la transición a la versión G4, está siendo bastante más lenta. Para informes de sostenibilidad publicados a partir del 1 de enero de 2016 va a ser de uso obligatorio. Esto significa, que si una organización aún no está utilizando la G4, le queda poco tiempo.
¿Y cuál es el problema?
La gran diferencia entre G3 y G4 es que mientras G3 fue proclive a ser usada como una lista de indicadores, la G4 exige que las organizaciones profundicen y gestionen los aspectos de sostenibilidad que les afectan.
Recientemente se organizaba en Madrid el Foro “Pro Bono y Emprendedores Sociales” en el Salón de Actos de Gómez-Acebo & Pombo Abogados, iniciativa gestada conjuntamente por la Fundación Fernando Pombo, la Fundación San Juan del Castillo-Centro Pueblos Unidos y el Espacio Geranios. Fue un foro interactivo, con varios talleres prácticos donde, expertos de varias áreas profesionales , compartieron con los emprendedores sociales las claves para el éxito de su proyecto. Además, se analizaron las oportunidades y desafíos del emprendimiento social, las bases para ese emprendimiento y se mostraron algunas experiencias de éxito.
La inauguración estuvo presidida por el presidente de la Fundación Fernando Pombo, Joaquín García-Romanillos, recordando la década de colaboración con el centro Pueblos Unidos, así como el encuentro anual sobre empleo y empresa, que se ha venido manteniendo desde el año 2009. Recuperamos este año la iniciativa de la empresa social cuyo objetivo es el impacto social, la función social de la economía.
A continuación, el presidente de la Fundación San Juan del Castillo, actual director de Pueblos Unidos, Higinio Pi, agradeció este recorrido e introdujo la mañana exponiendo el cambio en la metodología del encuentro y unas notas sobre el emprendimiento social. Destacó cómo la persona puede y debe ser el centro aún en la economía, el bien social como meta y el enriquecimiento social que supone el empleo desde la comunidad.