
Cada vez son más las empresas que se plantean incorporar a medición de su huella social en su estrategia de negocio. En el actual contexto de cadenas de valor globales cualquier actividad económica genera impactos directos e indirectos sobre grupos y territorios vulnerables. Disponer de herramientas para medir y valorar esta huella social es un elemento clave para gestionar los riesgos y garantizar la sostenibilidad de cualquier negocio, así como para maximizar el valor social y la contribución al desarrollo generados.
Conocer la huella social de la actividad empresarial, y sobretodo los impactos sobre los grupos y territorios más vulnerables afectados de una u otra forma, permite mejorar la toma de decisiones sobre las operaciones, y así como aumentar la eficacia de medidas correctoras y de mejora. Proporciona también informacion fiable y sólida para fundamentar la comunicación sobre el compromiso social de la empresa y su contribución a la solución de retos como la lucha contra la pobreza o el cambio climático, elementos cada vez más valorados por los distintos grupos de interés (inversores, empleados, clientes, sociedad civil, etcétera).
La empresa, esta entidad artificial creada por el ser humano que ha logrado convertirse en términos legales en una figura jurídica e inclusive en una persona moral, sigue sin ser definida en forma plena y unánime en muchos otros ámbitos.
Y esto lo menciono porque lo mismo parece que sucede en lo que se refiere a la Responsabilidad Social Empresarial y por ende, a los aspectos y ámbitos en donde ésta se encuentra presente. Confrontándola con el aspecto económico, es decir, discutiéndose si es más o menos importante esta responsabilidad en relación a la rentabilidad que se espera tenga cualquier organización denominada empresa.
Esto tal vez se deba a que se confunden o se enredan los fines con los medios, llegándose a señalar inclusive que la Responsabilidad Social debe de ser parte de la planeación estratégica para lograr una mayor rentabilidad; dejando a la parte social supeditada a la parte económica o pecuniaria.
Considero que ambos aspectos son distintos entre sí pero de alguna forma se complementan, me explico: Cualquier empresa debe por necesidad de sobrevivencia buscar la rentabilidad, pero esta ganancia es un medio y no un fin en sí mismo.
El fin es precisamente cumplir su papel social, el cual va desde su relación con sus proveedores, su personal y sus clientes por decirlo de una manera rápida. Relación que se manifiesta de manera primaria en el aspecto económico, la cantidad que paga y como lo hace a sus proveedores y empleados, así como la calidad de sus productos y los precios que ofrece en el mercado.
Son largos años, quizá seis u ocho, los transcurridos desde aquel taller en Zaragoza donde presentábamos la necesidad de conocer qué es lo que aportamos a esta sociedad desde las entidades y empresas sociales. Como siempre ocurre algunos se unieron en la búsqueda y otros, pese a todos esos años, aún no han visto la necesidad.
Un trabajo arduo aunque acompañado que nos ha hecho caminar entre la investigación, la innovación y la experimentación, que nos ha generado dudas y alegrías. Ese camino me llevó a México a un encuentro sobre la medición del valor social y ambiental. Encuentro al que agradezco lo aprendido y que me permitió conocer dos grandes emprendedores sociales, Pati Ruiz y Carlos Cruz, junto a los que sigo trabajando hoy. Con Pati y las gentes del Grupo Ecológico Sierra Gorda creamos un curso de medición de estos valores reales. Curso que sigue abierto, ya en su cuarta edición, siendo útil para quienes se acercan con la voluntad de adquirir este conocimiento.
Iniciábamos la búsqueda del valor social por responsabilidad y con el deseo de poder demostrar lo que aportamos a esta sociedad, porque queríamos recuperarlo, como única manera perdurable de poder continuar aportando y hacerlo de forma eficiente. En el proceso descubrimos mucho más y nos convencimos de que el destino de la medición de estos valores es una visión de la economía que nada tiene que ver con la que todavía hoy rige para todos. Reconocemos la realidad del planeta donde se sitúan las personas en un espacio en el que son una parte más y a la vez son una parte esencial. Cualquier necesidad que pueda existir, difícilmente podrá escaparse de las que corresponden a las personas y el medio que comparten. La evidencia de una economía integral que contemple como propios los valores que muestran la satisfacción de estas necesidades, se revela como objetivo de nuestro quehacer.
En una entrada anterior con este mismo título hice referencia a un debate que se ha producido en los últimos tiempos entre los que nos dedicamos a la Responsabilidad Social (RS), sobre su posible debilidad, enfermedad, pesimismo o incluso defunción. Después de la introducción que hice entonces, entro ahora en algunas de las causas que me parece pueden llevar a ese desconcierto o pesimismo. Aquí trataré ahora de las relacionadas con la RS y la filantropía.
Nos quejamos de que la RS se confunde a menudo con la filantropía o la acción social, es decir, con dedicar parte de los beneficios a obras buenas. No me atrevería a decir que eso “no es” RS: para muchas empresas y expertos, sobre todo en el ámbito anglosajón, eso “es” la RS. Pero de esa concepción de la RS no cabe esperar un cambio en la manera de dirigir, un nuevo enfoque de las relaciones con los stakeholders o una implicación distinta de la empresa en la sociedad. Es lógico, pues, que cunda el desaliento al ver que decimos que practicamos la RS (como filantropía) y no conseguimos los resultados esperados de la RS (como cambio social). Como decían los escolásticos, “donde no hay distinción, hay confusión”.
Estas navidades la revista Jot Down Magazine publicó en su web una entrevista a Marta Ramoneda, dueña junto a Antonio Ramírez de La Central. Una librería con 18 años de vida y con más de 100 trabajadores entre Madrid y Barcelona. Se trata de una conversación sobre lo que está sucediendo en el sector del libro y que ha desembocado en una crisis de reputación para esta libería. Desde entonces decenas de comentarios anónimos se han ido agolpando estos días junto a la entrevista criticando las duras condiciones laborales de los trabajadores de La Central. Diario Responsable ha hablado con Antonio Ramírez para preguntarle sobre RSE (Responsabilidad Social Empresarial) y sobre los mensajes anónimos vertidos.
diario_reponsable.- ¿Cómo están tanto usted como Marta Ramoneda? ¿Les ha sorprendido todo estos comentarios sobre las condiciones laborales en La Central?
Antonio Ramírez.- Nos ha sorprendido y desconcertado, como es lógico. Sabíamos que algunas personas que han marchado de la empresa durante los últimos años lo habían hecho enfadadas, pero nunca nos esperamos una reacción así. También hay personas que por distintas razones también han marchado y, por el contrario, estos días nos han expresado personalmente su solidaridad y apoyo. Para nosotros, y me consta que para muchos trabajadores actuales, todo esto ha resultado muy incómodo; como estar sometidos a un “gran hermano” sin quererlo. Para nosotros lo único verdaderamente importante es la tranquilidad y la confianza de la plantilla actual. En estos días, estamos intentando sistematizar el diálogo entre ambas partes: los trabajadores se están reuniendo o se reunirán para recoger sus inquietudes y presentarlas a la empresa. Nada indica que existan obstáculos insalvables para llegar a acuerdos, más allá de los problemas de agenda en días tan complicados como estos.
d_r.- Una de las críticas más pronunciadas es el supuesto “trato abusivo”(malos modos, actitudes déspotas…) por parte suya como de la señora Ramoneda hacia los empleados. ¿Qué puede aportar sobre esto?
A.R.- Sin duda, debemos reconocer que hemos sido exigentes y tal vez no siempre hemos sabido hacerlo de manera elegante, con “mano izquierda”, como suele decirse. Esta es una empresa muy poco jerárquica, aunque somos 120 y hemos llegado a ser 140, la relación entre nosotros y buena parte de los trabajadores es muy directa, inmediata; estamos muy presentes y pendientes de todos los detalles. Esto puede tener sus ventajas pero también sus inconvenientes. Tal vez sea la causa de una cierta tensión que algunos puedan percibir en el día a día. Además, la empresa ha crecido rápido y es cierto que no pocas veces nos ha faltado una buena comunicación, un cierto sosiego para consolidar canales de diálogo entre la empresa y los trabajadores. Sin duda, visto lo visto, hemos cometido errores. Pero no creo, personalmente, que el nivel de exigencia sea uno de ellos.
No ha sido un buen año para la Responsabilidad Social de las Empresas en España. La crisis, la falta de transparencia, la galopante corrupción política y económica no dejan un buen sabor de boca de estos últimos doce meses del pasado año. Los temas que más preocupan a muchos -hasta ahora- silenciosos ciudadanos son los temas sobre los que se basa la Responsabilidad social de las Empresas, Buen Gobierno, etica, impactos en la sociedad, fiscalidad, transparencia...
Mientras, nosotros en nuestro pequeño autobus de la RSE seguimos discutiendo sobre un futuro endogámico sin ver lo que está pasando fuera. La verdad, estoy un poco cansado del tema de si la RSE se muere o no, de si está, estamos cansados o si se cumplen nuestras exprtactivas como grupo de interés "especializado" o no.
La Responsabilidad Social de las Empresas es lo que es, responsabilidad sobre los impactos que tiene una empresa, impactos en la sociedad, impactos respecto a su fiscalidad, impactos medio ambientales, impactos de su Buen Gobierno, impactos en sus accionistas, buenos y malos. De eso va el tema, de transparencia e informar sobre ellos para que los ciudadanos, los mercados, los accionistas tengan acceso a esos datos para poder juzgar sobre que es lo que hace una empresa y cómo lo hace. Eso ni se muere, ni cansa, ni aburre. Es lo que es y cada vez importa más.
En las últimas semanas ha habido una discusión en las redes especializadas en Responsabilidad Social (RS) acerca de una presunta enfermedad, debilidad, crisis, cansancio o incluso muerte de la RS en España (ver referencias a artículos de Antonio Vives aquí y aquí, de Perla Puterman aquí y aquí, de Elena Valderrábano aquí, de Ramón Jáuregui aquí, de Carmen Martí aquí… y seguramente hay otros: perdón por las omisiones). Llego tarde al debate, pero todo hace pensar que no está acabado, de modo que no aún puedo decir algo sobre él.
No tengo una postura definida sobre la supuesta crisis de la RS, ni un diagnóstico claro sobre lo que nos pasa. Estoy de acuerdo con la tesis de Antonio Vives: la RS no está frustrada o atormentada; quizás somos nosotros, los que nos dedicamos a ella como directivos, empleados, académicos, expertos, consultores o divulgadores, los que estamos cansados o desorientados. En todo caso, hay muchos motivos para alegrarnos de lo que se ha hecho, y debemos seguir trabajando con ilusión y ganas renovadas. Si el debate sirve para conseguir esto, me parece que habrá sido un éxito.
A algunos parece preocuparles el hecho de que no estemos de acuerdo en qué es la RS y cómo se define. Pero es algo inevitable entre personas que proceden de entornos, culturas e intereses distintos. Pero tengo la impresión de que sí falta un debate suficientemente abierto, “a calzón quitado”, sobre los aspectos “fundamentales” de la RS. Me encontré con algo parecido en mi anterior “reencarnación” –en la que todavía sigo-, en el mundo de la en ética de la empresa. Al principio, en los años ochenta, como casi nadie hablaba de ética, me parecía bien que otros lo hiciesen, aunque no entendiesen por ética lo mismo que entendía yo: estábamos sembrando, despertando inquietudes, y me parecía bueno que las empresas se interesasen por el tema, sin importar quién fuese el predicador y cuál su mensaje concreto. Con el paso de los años resultó evidente que hablábamos de cosas distintas, de modo que, cuando charlaba con algún colega, era inevitable preguntarme si estábamos hablando de lo mismo o no.

Alcanza acuerdos con Oxfam Intermón y con la Fundación Novaterra para la adquisición de productos solidarios. En conjunto está previsto distribuir casi 5.000 unidades.
El Grupo Aguas de Valencia ha decidido un año más apoyar el comercio justo y el consumo responsable al incorporar alguno de estos productos en el lote que elabora para la celebración de la Navidad.
El pasado 13 de octubre se llevó a cabo, en Heidelberg, la tercera reunión del Comité de Dirección del proyecto EFFIVET. Este proyecto liderado por ANESE, cuenta con el apoyo de 7 socios de 6 países diferentes: Inteligentna Energija Cluster, BFW, Global Commercium, AEPMDD, Stratagem, entre los que el Cluster de la Energía de Extremadura es el coordinador. Juntos, planean normalizar la profesión de Gestor Energético.
La reunión contó con la presencia de un representante de cada uno de los socios participantes en el proyecto. Sin embargo, AEPMDD finalmente no pudo asistir a la reunión en Heidelberg, pero estaban conectados por medio de videoconferencia Skype.
Todos los socios seguirán estudiando minuciosamente las necesidades de formación de cada país y utilizarán las metodologías implementadas con éxito en otros proyectos Leonardo.
Por alusiones, sobre todo a los últimos artículos de Antonio Vives, querido amigo, que parece que desde el otro lado del charco te llegan señales confusas desde España, quiero que acabes el año tranquilo.
Aclaro: No estamos cansados de la RSE, ni de los blogs de RSE, ni de los encuentros de RSE, ni de los medios especializados de RSE, ni siquiera de las empresas que, aunque tienen por mejorar, promueven la RSE. Ni de los mismos artículos de RSE, ni de las mismas personas de la RSE. MUCHA RSE, MÁS RSE, TODA LA RSE DEL MUNDO es mi respuesta. Y sí, está en mayúsculas porque lo grito a los cuatro vientos.
Los españoles no estamos cansados de la RSE. Los profesionales de la RSE no estamos cansados de la RSE. La RSE no se ha agotado, aletargado, adormecido, estancado…
No estamos en una estado “pesimista” ante la ética ni ante la RSE.