¿Y si dejamos ya de celebrar el 8 de marzo?

¿De verdad es importante que, ya entrando en la década de los años 20 del siglo XXI sigamos celebrando un día internacional de la mujer? Por desgracia, la respuesta sigue siendo afirmativa.

Mujeres y puestos directivos

La mujer está avanzando cada vez más en posiciones de dirección, y no por cuotas sino por méritos propios.

El futuro es femenino

En el día de la mujer pienso especialmente en las más invisibles y perjudicadas por la sociedad, en gran parte por ser mujeres.

La mujer en el mundo del emprendimiento

Cada vez somos más las mujeres que nos embarcamos en la aventura de emprender, de ser autónomas e independientes a nivel personal y profesional, de liderar nuestra propia vida.

Mujeres en Consejo

La realidad de las mujeres en los consejos de administración.

Impulsar la empleabilidad y la igualdad de oportunidades en el empleo para celebrar el día de la mujer

Actualmente, nueve de cada diez mujeres con estudios superiores están trabajando, un dato que nos revela que la formación es la mejor y más potente herramienta para conseguir reducir las desigualdades. Sin embargo,  apenas un 25,2% de las mujeres con discapacidad tienen trabajo en nuestro país.

La persona, un lugar común para hombres y mujeres

La celebración del día 8 de marzo me trae la fuerza de las palabras y las ideas de María Zambrano, nuestra ilustre pensadora, que entendía que el problema del género podía superarse accediendo a un nivel más alto, el de la persona, refiriéndose a la persona como lugar común para hombres y mujeres (Zambrano, 1937).

Estoy vieja, afortunadamente

Si respeto las normas de la RAE debería decir soy vieja y me alegro por ello, porque la alternativa es estar muerta. Pero como nuestros verbos copulativos son juguetones, a veces no explican con acierto la diferencia entre "ser" y "estar", de modo que la forma más adecuada de decirlo sería estoy vieja y me alegro por ello, porque la alternativa sería ser muerta.

Consejos para Consejer@s

“El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes”, escribió Winston Churchill. Una reflexión que cincuenta y cinco años después de que falleciera el que fue “premier” británico sigue teniendo actualidad y, si se me permite, profunda retranca. No hay mas que mirar alrededor y contemplar el panorama de nuestra clase política/dirigente (y de otras personas que, mas allá de ser útiles o importantes, solo quieren ser famosas o “influencers”) para darnos cuenta de que, a pesar de lo que hemos vivido y de las crisis, la condición humana varia escasamente. Somos así porque somos así, que diría mi amigo el taxista tautológico, inevitablemente argentino, que siempre olvida -como todos- el rol transformador de la Educación para enderezar tanto desatino.

Nada nuevo bajo el sol

“Cuando las palabras, tan sonoras, se alejan demasiado de la realidad, tan muda, resulta mas elocuente la realidad que las palabras”, escribió hace algunos años Juan Jose Millás. Y la realidad es que, hoy por hoy, mientras unos cuantos ciudadanos se enriquecen rápidamente, el resto se empobrece a la misma velocidad; sobre todos nosotros pende, incluido Trump y cual espada de Damocles, una cosa llamada coronavirus y, como diría El Roto, “tengo tanto miedo a que pase algo como a que todo siga igual”. Es decir, nos hemos instalado en la incertidumbre mas absoluta.
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