Los años 60 del pasado siglo presenciaron el primer debate en torno al papel que las empresas deben jugar en los problemas y retos de la sociedad. Entre los más liberales, que defendían un papel limitado a pagar impuestos, y los más intervencionistas, que apostaban por un papel más activo, surgió el concepto de RSC.
#NingúnEstudianteAtrás

Entre los más liberales, que defendían un papel limitado a pagar impuestos, y los más intervencionistas, que apostaban por un papel más activo, surgió el concepto de RSC, que defiende la protección de los intereses de los colectivos sobre los que la empresa influye, entre otros, trabajadores, clientes, dueños, sociedad o medio ambiente.

Desde entonces las empresas y organizaciones miden su RSC por el impacto que dejan en sus relaciones con los clientes (satisfacción o queja), trabajadores (orgullo o rencor), medio ambiente (economía circular o contaminación) o sociedad (acción social o molestia social). Sólo los beneficios de ser socialmente responsable pueden justificar que estos días asistamos a comportamientos institucionales y empresariales orientados a la ayuda y solidaridad con todos los colectivos gravemente perjudicados por la alarma y el COVID. Muchos en silencio, sin alardes, sin noticias, sin bombo, sin platillo y sin castañuelas.

Empresas, entidades públicas, profesionales, Entidades del Tercer Sector y millones de trabajadores están dando todo, en ocasiones a cambio de nada. Seguramente la generosidad tiene un componente de enriquecimiento personal que estemos descubriendo gracias a estas situaciones extremas.  

Nos queda mucho por vencer, por sufrir, por ayudar. Por eso, al salir a la calle, deberemos hacer un nuevo inventario de los que falta, de los retos por compartir, de la lucha por poder resarcir a los colectivos más afectados por esta crisis, y pensar en cómo construir un salvavidas gigante custodiado por el bien común.

En eso hemos pensado en la Universidad de Murcia, no queremos que por esta terrible situación ningún estudiante deje sus estudios y deje de funcionar el ascensor social que supone la universidad p. Que todos y todas puedan mirar los ERTES, despidos, bajas, ceses y cuentas corrientes sin preocuparse por seguir formándose en la Universidad de Murcia, que además es publica, y debe proteger la igualdad de oportunidades por encima del maldito COVID.

Con #ningúnestudianteatrásUMU vamos a intentar que de forma voluntaria los trabajadores de la UMU (0,7%), proyectos (0,7%), empresas e instituciones aporten dinero a un fondo destinado a ayudas para estudiantes cuyo hogar se haya visto seriamente afectado por esta crisis. Para solicitar la ayuda será necesario demostrar el estado de necesidad sobrevenida y las ayudas serán destinadas a transporte, material, matricula, alquiler, etc. Además de los vicerrectorados implicados, los acompañantes necesarios para que este viaje salga bien son los representantes de los estudiantes, el CEUM, y el Consejo social de la UMU. Es el momento de estar ahí, de mirarnos unos a otros, de protegernos y ayudarnos, para que nadie se quede atrás.

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