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Las empresas y las instituciones académicas, como las personas, se estructuran y alinean con fines concretos vinculados a contextos cada vez más globalizados, tecnológicos y cambiantes. Aunque las inteligencias digitales pulsan definitivamente por dirigir los procesos de cambio en todo el planeta, son algunas “inteligencias orgánicas privilegiadas” las que deciden, guiados por las leyes del mercado, el curso de la economía, la educación y la salud de la población. ¿Es lícito que unos pocos líderes tecnológicos no electos tomen decisiones por el conjunto de la humanidad? ¿Es posible que estén tomando decisiones equivocadas? ¿Podemos hacer algo al respecto?
Humanismo orgánico en el siglo XXI (I)

La rentabilidad de la máquina podría hacer convertido al humano en un “mal” necesario y transitorio en la cadena de producción. Se gestiona el conocimiento con más tecnología; las multinacionales implementan planes de responsabilidad social para cumplir con la ley; y cada uno intenta sobrevivir al tsunami del “gran reseteo” acelerado del 2020, como puede. La 4ª revolución industrial llegó, aséptica y perfectamente programada. Mientras, el mercado de valores, las redes sociales y los medios de comunicación están siendo dirigidos por algoritmos. La agenda 2030 de Naciones Unidas es sólo la mitad de esta historia1.

El 29 marzo de 2023, el Centro para el Estudio del Riesgo Existencial Future of Life Institute dirigido por Jaan Tallinn (cofundador de Skype) propuso una moratoria de seis meses en el desarrollo de las I.A., que ha sido firmada a 13/8/2023 por 33.002 expertos del sector2; entre otros: Steve Wozniak (cofundador de Apple), Sam Altman (director de Open AI), Elon Musk (fundador de Space X y Tesla), Emad Mostaque (director de Stability AI), Julien Billot (Scale IA), Louis Rosenberg (Unanimous AI),  Yuval Noah Hariri (historiador), Gary Markus (profesor emérito de la Universidad de Nueva York), Danielle Allen (Universidad de Hardvard), Stuart Russell (universidad de Berkeley), Yoshua Bengio (Universidad de Montreal), etc.. La iniciativa Future of Life Institute no solo estudia los riesgos de la IA y la automatización del planeta, sino también de la biotecnología, las armas nucleares y el cambio climático. No tienen reparos en confirmar que las IA han superado a sus creadores, que han cobrado autonomía y representan una “perturbación dramática” para la democracia. Anuncian públicamente que podríamos estar perdiendo el control de nuestra civilización y que se hace urgente implementar protocolos de seguridad que sean auditados y supervisados por expertos independientes ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

¿A qué llamamos progreso? Con la revolución industrial llegó la contaminación, las máquinas y sus prodigios. Hipnotizados por su creciente poder y sus nunca vistas comodidades fuimos adaptando nuestros cuerpos a las máquinas. Nos fuimos mecanizando. Nuestros procesos mentales se fueron automatizando en su adaptación al nuevo medio.  El futurismo se apropió del arte. El ruido sincopado de las máquinas ahogó los sonidos curativos del bosque. La belleza eterna del acero no podía compararse con la efímera de los cuerpos imperfectos. El ser humano se hacía pequeño ante las nuevas catedrales de hormigón. La robótica se fue cosméticamente humanizando y ha ido desplazando al humanismo. El ser humano inhabilitado fue perdiendo la fe en sus propios recursos y ha ido haciendo de la enfermedad su condición. El humanismo se convirtió en transhumanismo, la solución a sus problemas. Pero ¿a qué precio? ¿Sometimiento? ¿Dolor? ¿Olvido? ¿extinción? El post humano es un cybor humanoide, un eco virtual de lo que fuimos. No representa la culminación ni lo mejor del ser humano, sino su fin.

Me cuesta creer que el futuro del hombre quede reducido a la manipulación de sus redes neuronales y al control absoluto de sus procesos vitales. El miedo a la enfermedad se ha instalado en lo más profundo de la psique. ¿Qué hemos hecho hasta ahora con la naturaleza y el mundo material? ¿Será momento de recoger lo que hemos sembrado? ¿Quizás pensamos que nunca más nos tocaría a nosotros? ¿Hemos vuelto a ser reconvertidos en sujetos experimentales de un gran laboratorio? ¿Nos sentimos protegidos por aquellos que usan la ciencia para la domesticación de la naturaleza y la explotación de sus recursos? ¿No caímos en la cuenta de que el último recurso, la última frontera, éramos nosotros? El propio cuerpo, vínculo natural y milagroso con la vida, expresión universal del hombre, que ha sido redefinido como cuerpo político, territorio enemigo y campo de batalla a la vez. Si perdemos la soberanía de nuestros cuerpos, perderemos el último reducto de libertad interior que nos quedaba.

¿Es compatible la tecnología con un humanismo orgánico? El poder de la tecnología ha permitido reconfigurar la idea de paraíso/infierno en la tierra. Con métodos perfectamente racionales y científicamente contrastados se nos intenta convencer de los prodigios de una era posthumana y del nuevo orden mundial. El poder centralizado del nuevo “capitalismo equitativo” decide asumir el control de organizaciones, países e individuos. La sobre explotación y las deudas contraídas sirven de argumento para limitar la libertad de los mercados y privatizar los servicios básicos. Todo va a ser por nuestro “bien”. ¿Seducidos por las ventajas del transhumanismo y el poder centralizado? ¿Aterrados por la certeza de los errores? No se alarmen, o mejor, pónganse las pilas.  

Rara es la utopía que no se acompaña de su correspondiente distopia. Los ecologismos de los últimos 60 años podrían haber sido instrumentalizados sin tocar una coma de su discurso. La ciencia de las nuevas narrativas dirige en masa los procesos cognitivos y el comportamiento de la población. Somos una sociedad intencionadamente adoctrinada en valores externos; muy útiles para reforzar el narcisismo patológico, la auto-explotación y otros desequilibrios del éxito ¿Con qué intención? ¿Es posible que esta crisis de valores contamine todos los estratos de la sociedad? ¿Somos capaces de reconocer nuestros errores, límites y posibilidades? ¿Cómo si no podemos tomar las decisiones adecuadas? ¿No son las disciplinas humanistas la base del pensamiento crítico y de la acción responsable?

¿Se ha perdido el norte? ¿Sabemos reconocer el peligro? ¿Se han podido normalizar (cronificar) patrones de conducta insanos? ¿Actuamos impulsados por las motivaciones adecuadas? ¿Qué es verdad y qué no? ¿Estamos siendo desviados de lo importante a través de lo inmediato? La especie que farda de ser la más inteligente de la creación ¿está siendo manipulada, ninguneada? ¿No deberíamos resignificar lo que es la inteligencia, la naturaleza y el ser humano ?

Todos somos un hombre en busca de sentido*. La persona necesita dar sentido a su historia personal, alinearse con un propósito en la vida. La otra opción es caer en la demencia o el nihilismo. Nuestra existencia es limitada, en el tiempo y el espacio. Hemos sido educados para ocupar un lugar en la sociedad. La mayoría hemos tenido que sostener grandes cantidades de soledad e incertidumbre en situaciones difíciles. Nuestras decisiones nos han hecho lo que somos. El sujeto se constituye en persona construyendo su capacidad y valía. Decía Heidegger que “cuánto más noble es la tarea, mayor es su goce”. En la persona confluyen las fuerzas vitales que configuran su identidad y circunstancias. El vitalismo racional de Ortega nos recuerda que cada uno se auto percibe desde la verdad de sus circunstancias, y éstas son mayormente modificables con paciencia y esfuerzo.

Una sensata tensión creativa frente a la dificultad no sólo nos habilita para la vida, sino que también nos define. Jasper invocaba una dignidad inacabada que la persona completa en relación con otros seres y su entorno. La persona se humaniza mientras desarrolla un sistema propio de valores; valores significativos, naturales y no impuestos. Todos tenemos la opción de reconocer los errores y de probar alternativas. V. Frankl decía que llegamos a ser lo que somos con arreglo a lo que hacemos; nos poseemos en tanto que realidad. Actuar no es una opción, sino una condición de nuestra existencia; y toda acción conlleva una intención, que nos define y completa. En este sentido podemos afirmar que hay acciones que nos completan y re-humanizan. Nos acercan a lo que somos y a lo que podemos llegar a ser ¿Cuándo decidimos qué sería buena idea abandonar el compromiso que heredamos al nacer?

*El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Publicado en 1946.

Enlaces de interés:

1. https://sdgs.un.org/2030agenda

2. https://futureoflife.org/open-letter/pause-giant-ai-experiments/

 

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