El posthumanismo tecnológico puede entenderse como la continuación del moderno proyecto ilustrado por otros medios. Las tecnociencias son el producto de la razón humana para transformar y mejorar el mundo. Si el humanismo ilustrado buscaba transformar el mundo con un proyecto filosófico y cultural, el posthumanismo tecnológico encuentra en la confluencia de ciencia y tecnología un aliado mucho más poderoso.
El desafío bioético de la mejora cognitiva: reflexiones filosóficas para un posthumanismo responsable

La ciencia se aleja de su comprensión como simple teoría o representación de lo real. Ciencia y técnica constituyen una unidad de propósito y acción. Técnica —las habilidades que permiten el uso de los artefactos—, máquinas —los medios, herramientas y artefactos construidos por el ingenio humano— y tecnología —la organización de artefactos, conocimientos y habilidades en una compleja estructura—, constituyen la triple hélice que permite el desarrollo de las tecnociencias. Como resultado, la dimensión aplicada de la ciencia tiene en el ser humano un escenario de transformación y mejoramiento.

El materialismo metodológico y sus límites teóricos

Un objeto de aplicación de las tecnociencias es la mente humana. La semejanza entre el cerebro humano y los ordenadores "ha inspirado a científicos e ingenieros a reflexionar sobre el funcionamiento del cerebro humano y la posible generación de mentes artificiales"[i]. Si comprendiéramos la mente humana como una suerte de software, este podría actualizarse y, por tanto, mejorarse, adquiriendo nuevas capacidades de manera artificial. Sin embargo, es extensa la literatura que descarta esa posibilidad:

"Tanto Lucas (1961) —por razones ligadas al teorema de Gödel—como Dreyfus (1972) —por entender que el cerebro humano no es una máquina biológica que procesa información con algún tipo de interruptor biológico de encendido y apagado—han defendido el carácter irreductiblemente no computable del pensamiento humano.  El ser humano es una inteligencia encarnada y situada que no opera con reglas formales [...] Lucas y Penrose utilizaron en el Teorema de Gödel para refutar el mecanicismo, el computacionalismo y la posibilidad de crear una IA capaz de simular o duplicar la mente humana.  Continuamos la línea que defiende que la mente humana no es una máquina de Turing y, en consecuencia, «el proyecto de la IA de crear mentes artificiales equivalentes a las naturales (humanas) sería un espejismo» (Gherab, 2022, p.  193)."[ii].

Pero tratemos de comprender el origen histórico de los argumentos más optimistas para poder entender —o descartar con mayor autoridad— su posibilidad. En el siglo XVIII, Julien de La Mettrie (1709 - 1751) planteó la idea de que la actividad del cuerpo humano no se originaba en un principio interno o en una sustancia inmaterial, sino en la estructura física y en la organización funcional de la materia. Según él, todas las actividades mentales surgían de aspectos materiales. La Mettrie defendía que las funciones psíquicas eran idénticas a los estados corporales y cerebrales, una opinión ampliamente aceptada en la actualidad por los neurocientíficos monistas materialistas.

El materialismo metodológico define el objeto de la atención científica: la física, la química, la electricidad o los sistemas de neuronas. El difícil problema de la conciencia plantea un desafío para los intentos materialistas de comprender la aparición de la conciencia a partir de procesos puramente físicos. ¿Cómo emergen las experiencias subjetivas a partir de la actividad neuronal?, ¿Cómo se relaciona la conciencia con los procesos cerebrales?, ¿Qué papel juega la integración de la información en la generación de la conciencia?, ¿Existe una explicación puramente física para la fenomenología consciente?, ¿Es posible reducir la conciencia a procesos neuronales?

Estas preguntas reflejan la complejidad que enfrentan los enfoques materialistas al abordar el problema duro de la conciencia. Aunque se han propuesto diversas teorías y enfoques, la comprensión completa de la naturaleza de la conciencia y la mente sigue siendo un desafío pendiente en la investigación científica.

Las teorías sobre la conciencia artificial

Son bastantes los textos que defienden el posible desarrollo de una conciencia artificial. Según el enfoque computacional —el punto de vista dominante en la ciencia cognitiva— la conciencia artificial no sólo es posible, sino que es probable que se produzca en el futuro. Los enfoques físico y biológico predicen que la conciencia artificial estará mucho menos extendida. Desglosemos estos argumentos.

El enfoque computacional se abstrae de los detalles específicos de implementación de un sistema cognitivo. El material en el que se implemente una mente puede ser cualquiera, carbono o silicio. Por ello se centra en un nivel de análisis superior: los cálculos, algoritmos o programas que ejecuta un sistema cognitivo para generar su comportamiento. Otra forma de decirlo es que se centra en el software que ejecuta un sistema. De hecho, bajo este esquema, la identidad es un determinado patrón de información, y si este pudiera reproducirse en un dispositivo artificial, podría conservarse la identidad personal.

Entramos en los argumentos que defienden la "inmortalidad digital". No somos objetos físicos ordinarios: nuestras mentes serían programas. Por tanto, si se escaneara el cerebro y el producto escaneado "copiara" la configuración neuronal —es decir, el "programa" o "patrón de información"— la identidad personal podría sobrevivir, nos dice esta teoría. Si sobrevive el patrón de información, sobrevive la identidad.

Por otra parte, si pudiéramos acceder al software de la mente humana —mediante algún tipo de interfaz cerebro-ordenador—, podríamos ampliarla o mejorarla como si se tratara de un programa informático. Pensemos en la utilidad médica de este tipo de implantes. Pero también en sus riesgos desde el punto de vista de la bioético.

El enfoque computacional sugiere que, si las entidades artificiales implementan ciertos cálculos, serán conscientes. Pero son muchos los que se oponen a dicha perspectiva. El propio enfoque físico de la conciencia —que se centra en el hardware de un sistema más que en su software— defiende que el grado de consciencia de un sistema depende de su grado de información integrada[iii]. Pero el hardware de los ordenadores digitales actuales tiene muy poca información integrada, por lo que no podrían ser conscientes, independientemente del sistema cognitivo que implementen a nivel de software.

A más abundamiento, el enfoque biológico defiende que una inteligencia consciente requiere de una serie de condiciones biológicas para su aparición. Sería muy difícil tener un sistema consciente que no sea físicamente muy similar al cerebro biológico[iv].

Conclusiones

Este texto ha desarrollado un breve bosquejo de las principales ideas sobre la algunos de los problemas a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI. Las tecnociencias se han convertido en una triple hélice que involucra técnicas, máquinas y tecnología para impulsar el desarrollo humano. En este contexto, la mente humana es uno de los objetos de aplicación de las tecnociencias. Se abre la posibilidad de generar mentes artificiales o mentes naturales mejoradas artificialmente.  

Sin embargo, existe una extensa literatura que descarta esta posibilidad, argumentando que el pensamiento humano es irreductiblemente no computable y que la mente humana no puede ser replicada, como si de un simple patrón de información se tratara.

A pesar de los avances tecnológicos, la complejidad de la mente humana sigue siendo un desafío que trasciende las posibilidades de la tecnología actual, siendo objeto de profundos debates filosóficos de naturaleza metafísica. Mientras se dilucida este escenario —y se exploran las posibilidades de acceder al "software" de la mente humana a través de interfaces cerebro-ordenador— es necesario considerar cuidadosamente las consecuencias y peligros de naturaleza bioética que podrían surgir.

La capacidad de ampliar o mejorar el "software de la mente" plantea cuestiones éticas profundas en cuanto a la integridad y la autonomía de las personas. Si se desarrollaran de forma segura las mencionadas interfaces cerebro-ordenador, estas podrían ayudar a muchas personas con discapacidades motoras a recuperar o mejorar su movilidad. Sin embargo, es importante tener en cuenta los riesgos asociados, tanto en términos de seguridad y eficacia de los implantes, como en lo que respecta a la invasión de la privacidad y la potencial manipulación de la mente humana.

¿Qué implicaciones tendría el acceso y la modificación del software de la mente en términos de privacidad y seguridad de los datos mentales? ¿Cómo se aseguraría el consentimiento libre e informado de los individuos que opten por someterse a estas intervenciones? ¿Existe el riesgo de una nueva brecha socioeconómica, donde solo aquellos con recursos puedan acceder a estas tecnologías, creando así una desigualdad mayor con en el mejoramiento cognitivo?

 

[i] Fernández Mateo, J. (2023). Artificial Reality: Exploring the Potential Threats of Artificial Intelligence. VISUAL REVIEW. International Visual Culture Review / Revista Internacional De Cultura Visual, 9(2), 235–247. https://doi.org/10.37467/revvisual.v9.5004139

[ii]  Ibíd.

[iii] Koch, C. (2019). The feeling of life itself: why consciousness is widespread but can't be computed. MIT Press.

[iv] Godfrey-Smith, P. (2020). Metazoa: animal life and the birth of the mind. Farrar, Straus and Giroux.

 

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