
En cuanto al recurso, es decir al viento, en el mar se registran velocidades y constancias de viento superiores a las de la mayoría de las localizaciones terrestres gracias a la ausencia de obstáculos como montañas o edificios y la menor rugosidad superficial del mar. Este tipo de régimen de vientos permite que los aerogeneradores produzcan más energía de forma más estable y eficiente, con factores de capacidad de alrededor de un 40 a 60%, superiores a la media terrestre.
España, gracias a sus Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), ha calificado más de 5.000 km², como zonas de alto potencial para el desarrollo dela energía eólica marina, lo que representa menos del 0,5% de la superficie marina. A diferencia de lo que sucede en el Mar del Norte que dispone de una plataforma continental de baja profundidad lo que facilita el despliegue de parques eólicos fijos anclados al lecho marino a un coste técnico y económico sustancialmente bajo, el litoral español tiende a tener profundidades significativas cerca de la costa, por lo que los desarrollos se deberían orientar al uso de tecnologías flotantes de última generación.
Vale tener en cuenta el logrado prestigio que posee la ingeniería española: según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), de los 27 parques eólicos flotantes operativos o en desarrollo a nivel mundial, empresas españolas han estado directamente implicadas en 7 de ellos, bien como promotores, proveedores de tecnología o socios industriales. España concentra una cuarta parte de los prototipos flotantes mundiales.
Entre las zonas con mayor potencial de desarrollo de la energía eólica marina podemos citar a las Islas Canarias, el Cantábrico y el litoral de Andalucía. Los POEM han identificado 18 polígonos marinos potenciales sobre la base no solo de criterios basados en la disponibilidad del recurso eólico, sino también de la compatibilidad ambiental y socioeconómica. Se trata de zonas que se encuentran próximas a lugares que posean infraestructuras eléctricas adecuadas para la evacuación de la energía generada y que posean profundidades inferiores a los 1000 metros.
Si tenemos en cuenta los costes de desarrollar proyectos de energía eólica marina flotante, que, como se decía, sería el sistema de cimentación más propicio, estos resultan ser entre 3 y 4 veces más elevados que los de las instalaciones convencionales terrestres. Además, es necesario considerar la adaptación de los puertos desde donde partan los desarrollos realizados y considerar los costos de los sistemas de evacuación, el layout, o sea la disposición de los aerogeneradores y la interconexión eléctrica y montaje de subestaciones mar adentro. Dados los altos niveles de inversión requerida, que pueden ser de varias decenas de miles de millones de euros, se necesitan marcos retributivos estables y certidumbre regulatoria para facilitar la atracción de capital. Por otro lado, este tipo de inversión genera todo un clúster industrial vinculado al sector naval, portuario y de ingenierías avanzadas.
España se ha fijado el objetivo de alcanzar una capacidad instalada de entre 1 y 3 GW para 2030 en energía eólica marina. Los parques eólicos marinos no son una panacea, pero, gestionados con solvencia técnica y una mirada de largo plazo, pueden convertir a España en un actor clave de la transición global hacia las renovables, asegurando una diversificación energética más autárquica con capacidad de generar alto valor añadido industrial con capacidad exportable a otras regiones del planeta. El principal reto se vincula con lograr la excelencia científica – técnica y alcanzar la eficiencia económica a la hora de superar las complejidades inherentes que posee nuestro litoral marítimo.