Los jóvenes de hoy han crecido en un entorno que favorece la opinión inmediata. Son rápidos para juzgar, cuestionar y señalar, pero no siempre encuentran con la misma facilidad el camino hacia la acción. Viven conectados con prácticamente cualquier rincón del planeta y, paradójicamente, pueden permanecer alejados de las realidades que tienen a pocos metros de casa. Precisamente por eso, el voluntariado no debería entenderse como un simple complemento o una actividad extraordinaria, sino como una dimensión esencial de la formación humana.