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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible han sido una brújula para gobiernos, empresas y sociedad. Pero si queremos avanzar de verdad, necesitamos algo más que nuevos objetivos: necesitamos cambiar las reglas de la economía.
Después de 2030, ¿Qué? Cambiar la economía para cambiar el mundo

En septiembre, con motivo de la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas, volveremos a hablar de Agenda 2030, sostenibilidad y ODS. Y probablemente también volveremos a escuchar que estamos lejos de cumplirlos.

Los datos son contundentes: a cuatro años de 2030, estamos muy lejos de la trayectoria necesaria. En 2025, solo el 35% de las metas evaluables mostraban un progreso suficiente, mientras que un 18% habían retrocedido respecto a 2015.

La conclusión parece evidente: no vamos a alcanzar los 17 ODS y sus 169 metas en 2030 al ritmo actual.

Pero quizá esta constatación debería llevarnos a una conversación más interesante que la de si la Agenda 2030 ha funcionado o ha fracasado.

¿Qué hemos aprendido?

No todo ha sido un fracaso

La Agenda 2030 ha conseguido algo muy importante: construir un lenguaje común. Gobiernos, empresas, universidades, organizaciones sociales y ciudades han utilizado los ODS para orientar políticas, estrategias y proyectos.

España es un buen ejemplo. Nuestro país ha desarrollado una Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, un sistema de indicadores y mecanismos de seguimiento, y ha presentado ya tres Exámenes Nacionales Voluntarios ante Naciones Unidas.

Los ODS también han bajado al territorio. La Agenda Urbana Española ha permitido trasladar muchos de estos objetivos a comunidades autónomas y municipios mediante planes de acción y estrategias urbanas.

Y el sector empresarial tampoco ha permanecido al margen. Según el Pacto Mundial de Naciones Unidas en España, el 90% de las empresas consultadas afirma trabajar en ámbitos relacionados con los ODS. Además, siete de cada diez cuentan con una estrategia o plan de sostenibilidad y el 44% lo alinean con los ODS.

Los ODS han sido, para muchas organizaciones, una brújula para orientar su camino hacia la sostenibilidad. España ocupa el puesto 14 de 167 países en el Sustainable Development Report 2025, con una puntuación de 81 sobre 100. Pero seguimos teniendo importantes retos y estancamientos en ámbitos como el consumo y la producción responsables, la biodiversidad, las instituciones o las alianzas.

La historia, por tanto, no es la de un fracaso absoluto. Es la de una transformación que no ha avanzado a la velocidad necesaria.

Y eso nos obliga a hacer autocrítica.

¿Qué no hemos hecho bien?

Hay una lección de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que no deberíamos olvidar: es necesario evaluar de verdad lo ocurrido, hacer autocrítica y utilizarla para aprender de cara a la siguiente etapa.

También deberíamos preguntarnos por qué una agenda diseñada para generar consensos globales se ha convertido, en algunos contextos, en un campo de batalla ideológico. La Agenda 2030 ha sido objeto de una narrativa que, en ocasiones, ha conseguido que personas que no conocen realmente sus objetivos la rechacen de entrada.

Una transformación profunda necesita objetivos, políticas y recursos. Pero también una narrativa capaz de explicar por qué esa transformación mejora la vida de las personas.

Cambiar la economía para cambiar el mundo

En la Fundación Foro NESI tenemos una convicción clara:

Para cambiar el mundo hay que cambiar la economía.

Y quizá aquí esté una de las principales limitaciones de la Agenda 2030. Hemos intentado alcanzar objetivos sociales y ambientales muy ambiciosos sin transformar suficientemente las reglas económicas que condicionan nuestras decisiones.

Seguimos utilizando indicadores que colocan el crecimiento del PIB en el centro del relato sobre progreso. Y seguimos encontrándonos con una paradoja fundamental: en demasiados casos, lo sostenible sigue siendo más caro que lo insostenible.

Así es muy difícil cambiar comportamientos a gran escala.

Por eso, cuando pensemos en qué viene después de 2030 —se llame como se llame—, necesitamos ir más allá de crear un nuevo listado de objetivos. Necesitamos cambiar las reglas del juego.

Para lograrlo, aquí indico tres pasos clave:

Primero: cambiar el objetivo de la economía

La economía debería tener como objetivo mejorar la vida de las personas al tiempo que conserva los ecosistemas naturales de los que dependemos.

Segundo: cambiar los indicadores de éxito

Si cambiamos el objetivo, también tenemos que cambiar cómo medimos el éxito. Los gobiernos no pueden seguir teniendo el PIB como principal referencia del progreso, y las empresas deben ir más allá del balance financiero para incorporar también su impacto social y ambiental.

Lo que medimos define lo que perseguimos.

Tercero: hacer que la opción sostenible sea también la opción fácil y asequible

No podemos pedir al consumidor que tome siempre la decisión sostenible si esa decisión implica pagar más. Necesitamos políticas públicas valientes: fiscalidad, regulación, contratación pública, incentivos, estándares y eliminación progresiva de los subsidios y ventajas que mantienen modelos contaminantes o socialmente dañinos.

Porque si un producto sostenible es más caro y otro que genera más impactos negativos es más barato, no podemos trasladar toda la responsabilidad al consumidor: también es responsabilidad de las políticas públicas crear las condiciones para que la opción sostenible sea la opción más fácil y asequible.

¿Y después de 2030?

Los ODS han sido una brújula. Nos han ayudado a entender que los grandes retos sociales y ambientales están conectados. Ahora necesitamos decidir si queremos seguir utilizando esa brújula para recorrer el mismo camino o si estamos preparados para cambiar el camino.

Desde NESI lo tenemos claro:

Necesitamos cambiar la economía para cambiar el mundo.

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