
Cuando hablamos de accesibilidad en el entorno laboral, solemos pensar en la eliminación de barreras físicas o en la adaptación de las herramientas digitales. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible, pero igualmente importante: la posibilidad de comprender la información, orientarse en los procesos y tomar decisiones con autonomía.

Durante años, hablar de movilidad eléctrica ha sido hablar del futuro. Los nuevos vehículos que iban a llegar, más eficientes, a nuestras carreteras; las baterías más seguras; las infraestructuras necesarias… Todo para ‘mañana’. Sin embargo, esos vehículos ya están aquí, las infraestructuras están disponibles y, sobre todo, la demanda crece y crece. La conversación ha cambiado y la electrificación del transporte ya no es una hipótesis: es uno de los procesos de transformación industrial y energética más relevantes de nuestro tiempo.

La entrada en vigor del Reglamento (UE) 2024/3005 marca una discontinuidad regulatoria estructural para el mercado de las Calificaciones ESG (ESG ratings). La norma, aplicable desde el pasado 27 de noviembre 2024 y plenamente operativa a partir del 2 de julio de 2026, introduce obligaciones estrictas de gobernanza, transparencia metodológica y la supervisión directa de la AEVM (ESMA) sobre los proveedores.

Resulta especialmente pertinente que el Día Mundial del Turismo de 2026, que se celebra cada 27 de septiembre, tenga este año el lema “Agenda Digital e Inteligencia Artificial para rediseñar el turismo”. Justo este año en que casi no se habla de otra cosa en todos los sectores, la celebración de este día no plantea únicamente la necesidad de incorporar nuevas herramientas al turismo, sino pensar cómo debe evolucionar este sector a partir de ellas y orientarlo hacia un modelo más inteligente, inclusivo y sostenible.

“Descubrí una bonita idea sobre dar una esperanza a recién nacidos prematuros”. Pablo Sánchez Bergasa es un navarro “extremadamente cabezón” y junto a otros “cabezones” decidió liderar desde 2017 Medical Open World, ONG que nació en 2015 para evitar que 1,5 millones de prematuros al año mueran por falta de una incubadora.

¿Qué pasará con mi hijo con discapacidad cuando yo no esté? Esta pregunta aparece temprano en la vida de muchas familias y permanece incluso cuando las rutinas parecen estar bajo control hasta convertirse en una preocupación que acompaña cada decisión y que invita a pensar en apoyos, recursos y caminos posibles para garantizar un futuro seguro y autónomo para quienes más queremos.

Tratar a las personas voluntarias como simples apoyos puntuales supone desaprovechar buena parte de su potencial. Cuando las organizaciones les ofrecen espacio para participar, aportar conocimiento y asumir responsabilidades, el voluntariado deja de ser un recurso auxiliar para convertirse en un activo capaz de multiplicar el impacto social.

Durante años hemos hablado de sostenibilidad como si fuera algo que podía organizarse: crear un departamento, nombrar a una persona responsable, definir objetivos, establecer indicadores y publicar una memoria. Todo ello ha sido necesario. Pero quizá ya no sea suficiente. Porque la sostenibilidad ha dejado de ser un asunto especializado para convertirse en una dimensión transversal de la gestión. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es qué políticas tiene una organización, sino cómo decide.

Muchas veces, desde los países más ricos económicamente, se banalizan las infinitas dimensiones que el derecho a la educación aporta a una persona. Muchas veces, se reduce simplemente al puro aprendizaje, olvidando el trasfondo vital que aporta un aula. Un impacto que muchas veces es más importante que saber resolver una ecuación de tercer grado o saber de corrillo el pretérito pluscuamperfecto del verbo sanar.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible han sido una brújula para gobiernos, empresas y sociedad. Pero si queremos avanzar de verdad, necesitamos algo más que nuevos objetivos: necesitamos cambiar las reglas de la economía.