
Hace pocos días se celebró el Día Internacional de la Felicidad. España ocupa el puesto número 41 según el Informe Mundial de la Felicidad. Hemos bajado de posición con respecto a años anteriores. Eso lleva a preguntarse si felicidad es lo mismo que alegría o que placer, y si para ser feliz no se debe estar nunca triste.

La psicología sistémica es aquella que ve a la persona no de manera aislada sino como parte de un entorno (familia, pareja, trabajo) y un contexto en el que se genera una interdependencia.

Los movimientos regulatorios europeos en el ámbito ESG en los últimos años nos han llevado a hablar, de manera desafortunada, de la sostenibilidad como un ámbito de cumplimiento normativo estrictamente. Este enfoque ha convertido un ámbito estratégico en un ejercicio burocrático de respuesta a indicadores que, en muchos casos, aporta poco valor real al negocio.

En el ámbito empresarial hablamos con frecuencia de éxito, crecimiento e innovación. Sin embargo, existe una realidad menos visible que también forma parte del tejido productivo: el fracaso.

Hace unos días trascendió una noticia que debería preocupar a todos los consejeros y comités de dirección, no solo a los directores de tecnología. Un equipo de investigadores de seguridad llamado CodeWall logró acceder a Lilli, el asistente de inteligencia artificial interno de McKinsey, en menos de dos horas.

Hay personas que apuestan a que la inteligencia artificial se encargará de todo: empleos, decisiones, relaciones y, pronto, incluso el lugar de los voluntarios. Es la fantasía de un mundo en el que los algoritmos resuelven cualquier problema, mientras nosotros solo observamos.

¿Del ruido ecológico al silencio sostenible?Vivimos en la época de la ubicuidad de la información. Todo lo que se publica queda puesto a disposición de todos. Todos podemos opinar, todos podemos ser observados.

En un contexto marcado por la rápida expansión de la inteligencia artificial, el debate ya no gira solo en torno a su capacidad tecnológica, sino a su impacto en lo humano. Este artículo profundiza en cómo la interacción con sistemas artificiales puede influir en la salud mental, especialmente en la edad adulta y la vejez, abriendo interrogantes sobre sus riesgos, potenciales beneficios y el modelo de sociedad que estamos construyendo.

En un mundo donde la geopolítica reescribe las reglas del juego de manera impredecible, la IA deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en la condición mínima de supervivencia.Las cadenas de suministro globales ya no fallan por accidente: fallan por diseño obsoleto. Los directivos que todavía gestionan proveedores con hojas de cálculo y reuniones mensuales de revisión están, sin saberlo, apostando el futuro de su empresa a la suerte.

Durante casi dos décadas, un puñado de corporaciones- Google, Meta, Amazon, Microsoft, Apple- han construido verdaderas fortunas sobre un principio sencillo, aunque polémico: los datos personales de los usuarios son un recurso extractable, procesar y vender.