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Durante mucho tiempo hemos asociado la sostenibilidad casi exclusivamente con el medioambiente: reducir emisiones, consumir menos recursos y avanzar hacia modelos energéticos más limpios. Hoy sabemos que una sociedad sostenible también necesita cohesión, participación, diversidad, acceso a oportunidades y capacidad para convivir con realidades distintas. En esa dimensión social hay un ámbito al que todavía prestamos menos atención de la que merece: la Cultura.
La sostenibilidad también necesita cultura

Y es que la Cultura no es un complemento ornamental de una sociedad. Es uno de los espacios donde decidimos quiénes somos, qué relatos conservamos, qué voces reconocemos y qué imaginarios proyectamos hacia el futuro. Por eso, cuando hablamos de responsabilidad social, deberíamos preguntarnos también quién tiene acceso a esos espacios, quién puede crear dentro de ellos y qué historias continúan quedando fuera.

Esta cuestión adquiere especial relevancia en sociedades atravesadas por la movilidad y las migraciones. Como migrante, he comprendido que emigrar no solo mueve personas: también mueve imaginarios, saberes y formas de crear. Ese capital cultural puede enriquecer enormemente a la sociedad que lo recibe, pero su incorporación no ocurre de manera automática. Necesita redes, interlocutores, espacios de visibilidad y oportunidades reales de participación.

Ahí existe una responsabilidad compartida. Las Instituciones Culturales pueden revisar cómo construyen sus programaciones y con quiénes establecen sus relaciones. Las Empresas, por su parte, pueden entender que su compromiso con la diversidad también se expresa en los Proyectos Culturales que apoyan. Las Administraciones pueden favorecer Ecosistemas que permitan que nuevos agentes participen en igualdad de condiciones. Y quienes trabajamos en Cultura tenemos que crear puentes que vayan más allá de una presencia puntual o simbólica.

Incluir también significa generar condiciones para participar, aportar conocimiento, tomar decisiones y construir relaciones con continuidad. De lo contrario, la diversidad corre el riesgo de quedarse en una fotografía atractiva sin capacidad para transformar las estructuras que determinan quién ocupa los espacios de representación.

La sostenibilidad cultural tiene también una dimensión territorial. Cuando conectamos Museos, Galerías, Espacios Independientes, Centros Culturales, Estudios de Artistas, Empresas y Ciudadanía, no solo fortalecemos redes locales: también hacemos circular saberes, generamos colaboraciones y evitamos que los recursos culturales se concentren siempre en los mismos lugares y actores. Una comunidad cultural sólida contribuye a hacer más resiliente una ciudad.

Con esa mirada construimos el Festival +LATINA, organizado por Boom! Art Community y BCI Proyectos Culturales. El Festival surge de una Residencia de Investigación Curatorial realizada en São Paulo a inicios de 2026 y se plantea como una investigación sobre el Arte Contemporáneo del Continente Americano y, al mismo tiempo, como una estructura de cooperación cultural entre el Continente Americano y España.

De ese proceso nació «Lo que aún no se ve», el eje que propone la imaginación radical como fuerza simbólica, política y estética desde la cual pensar nuevas memorias, revisar la persistencia de narrativas coloniales y ensayar otros sistemas de convivencia. De septiembre a noviembre, el Festival se despliega en la Comunidad de Madrid y la Comunidad Foral de Navarra articulando Exposiciones, Residencias, Conversatorios, visitas y encuentros.

Dentro de esa estructura, +SABERES es la plataforma de pensamiento del Festival: el módulo dedicado al diálogo, el aprendizaje y el intercambio de conocimientos. No funciona como un complemento teórico de la programación, sino como el espacio donde las prácticas y las experiencias se ponen en común, se contrastan y se convierten en conocimiento compartido. A través de conversaciones, mesas de diálogo, conferencias, presentaciones editoriales y encuentros profesionales, conecta al sector cultural con la ciudadanía y relaciona las prácticas artísticas con los desafíos sociales y culturales contemporáneos.

En ese sentido, +SABERES dialoga con una idea de Paulo Freire, formulada en Pedagogía del oprimido: «Nadie educa a nadie —nadie se educa a sí mismo—; los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo». Trasladada al campo cultural, esta idea refuerza una convicción central del programa: el conocimiento no circula en una sola dirección; se construye en relación.

En esta edición, +SABERES articula siete encuentros con profesionales del sector cultural. Con el Museo de América como sede oficial y con otros espacios asociados, reúne a profesionales de Brasil, país invitado de esta edición, de otros países del Continente Americano y de España. Su propósito no es producir discursos cerrados, sino activar una circulación de saberes en varias direcciones: entre saberes que llegan y saberes ya arraigados en el territorio, entre instituciones y proyectos independientes, entre experiencia profesional y conocimiento ciudadano.

El objetivo no es utilizar la Cultura para ilustrar un discurso sobre diversidad, sino trabajar desde ella para generar cooperación. +SABERES hace visible algo fundamental: la internacionalización cultural no puede limitarse a la circulación de obras y artistas; también debe implicar intercambio de conocimiento, aprendizaje compartido y capacidad de decisión. Poner a artistas y profesionales del Continente Americano en relación con instituciones, espacios y públicos españoles permite pensar esa internacionalización desde la reciprocidad y no únicamente desde la exhibición.

Hablar de sostenibilidad implica pensar qué queremos preservar, pero también qué necesitamos transformar. Eso afecta al planeta y a nuestros modelos productivos, pero también a las narrativas que heredamos, a las oportunidades que distribuimos y a los espacios desde los que construimos comunidad. Una sociedad sostenible será también aquella capaz de reconocer la diversidad de conocimientos que la componen y de traducir esa diversidad en vínculos duraderos.

La Cultura puede ayudarnos a hacerlo, siempre que dejemos de verla como un adorno y empecemos a tratarla como lo que es: una infraestructura esencial para una sociedad más responsable. +SABERES parte de esa convicción: compartir conocimiento también es una forma de cuidar lo común y de hacer sostenible la convivencia.

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