Leo hoy la noticia de la dimisión de la ministra Ana Mato, por denuncias de corrupción. Casi al mismo tiempo, leo una carta al Financial Times (aquí, en inglés), en la que Mark Goyder menciona algunas preguntas que todo consejo de administración se debe formular.
Dedico el miércoles 26 a una cosa que no está muy bien vista en el mundo de hoy: a no trabajar. Dejo de luchar con lo que quiero que pase, al ritmo que quiero que pase, y me dedico a vagabundear sin ritmo, camino de un cumpleaños, el décimo cumpleaños del Pacto Mundial. Una historia me espera al final de la jornada, la historia de Isabel, una rubia preciosa a la que quiero mucho, como a Marta, como a Antonio, como a John, como a Santiago, como a Jose.
Mis cariños y mis afectos, personales y profesionales, se vuelven a juntar un día más, porque ya no me quito el corazón a la hora de trabajar, en un día que me dedico a no luchar.
Dis-fruto, sin fruto, de un paseo, y recapacito al final del día. Es posible dejarse llevar y cumplir los objetivos más ambiciosos. En mi caso, ayudar a crear un mundo más bonito (bello, bueno y noble), contando la historia de un camino, vagabundear que se convierte en peregrinando,y compartiendo la historia de Isabel viendo arder el Windsor.
Compartiendo principios y valores, Isabel, que suerte tenemos de ese ver arder ardiendo internamente en una duda en la azotea de tu casa, duda que se transforma en certeza gracias a una señal, qué bonita historia, qué bonito cuento, qué bonito ejemplo de compartir en un ejercicio de comunicación interna, y tal vez externa, un ejercicio de comunicación total, va a ser que sí.
Tras dos días intensos de debate y reflexión con compañeros y compañeras apasionados por la RSE y una visita relámpago al Parlamento Europeo para conocer las tendencias europeistas en la materia me parece urgente y necesario replantearnos cuestiones determinantes para el futuro de la sostenibilidad de nuestro país y de Europa en su conjunto.
La Comisión Europea ha sido el norte de la cultura de la responsabilidad social en nuestro País. Llegábamos tarde, y aunque organizaciones como la Fundación ETNOR o la rama española de la European Business Ethics (EBEN) llevaban trabajando en la implantación de una cultura ética en las empresas y organizaciones españolas algunos años, el Libro Verde de la Responsabilidad Social de la Comisión Europea en 2001 supuso el arranque de una cultura que 14 años después está al menos a la altura del resto de países europeos.
Hemos vivido una década de impulso europeo, que ha servido de referente a muchas compañías para involucrarse en la gestión responsable. Las posteriores comunicaciones publicadas tras el Libro Verde, la exigencia de transparencia de la última directiva, el Pacto Mundial de Naciones Unidas, movilizaron a las empresas españolas, sobre todo a las grandes, a interesarse en mayor o menor medida por estas cuestiones.
Sin embargo, nos encontramos con una situación hoy bastante distinta. La visita a Bruselas no viene si no más que a confirmar las sospechas que los últimos movimientos, o mejor dicho, los no movimientos desde las administraciones europeas y española intuíamos: la RSE no es una prioridad de las agendas públicas europeas.
Ya lo destacaba Ramón Jáuregui, uno de los mayores impulsores de la RSE en España y anfitrión de nuestra visita a Bruselas, hace algunas semanas en un artículo para Diario Responsable, “no está en la agenda”, decía Jáuregui.
Europa fue el impulso, pero la máquina está en marcha, y son las personas, los profesionales de la RSE que con tanta pasión y vocación llevan años trabajando, los que en el futuro tendrán que movilizar a sus líderes empresariales y a la sociedad civil a mantenerla en marcha, incluso, porque no, a acelerarla.
Es el momento de la sociedad civil, y las empresas, los empresarios, también son sociedad civil.Pero la sociedad civil tiene siempre un problema de base: la dificultad de organizarse. Son asociaciones como ÉTNOR, como DIRSE, como Forética, iniciativas como el RSEncuentro, las que tienen la posibilidad de ostentar ese liderazgo compartido, de hacer ese “Lobby responsable” que con tanta urgencia se nos pide desde Bruselas.
La RSE está adormecida, pero los profesionales de la RSE más despiertos que nunca. Santiago Álvarez de Mon dijo en el I Encuentro de socios DIRSE que el DIRSE “tiene ante todo que personarse”. Es nuestro momento ¿seremos capaces de personarnos como se nos espera?
“La nueva Ley de la Administración Local nos lleva a un modelo casposo, arcaico y retrógrado, hacefalta una Ley Estatal de Servicios Sociales”. Esta es la conclusión conjunta a la que han llegado todos los participantes en la V Jornada de Formación para el Compromiso organizada por la Fundación Novaterra, que tenía por objeto analizar la nueva Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local publicada el pasado 30 de diciembre de 2013.
Esta ley surge con el objetivo de “Clarificar las competencias municipales para evitar duplicidades, racionalizar la estructura organizativa de la Administración local, bajo principios de eficiencia, estabilidad y sostenibilidad financiera, garantizar uncontrol financiero y presupuestario más riguroso, favorecer la iniciativa económica privada evitando intervenciones administrativas desproporcionadas”.
Sin embargo, los expertos alertan que “para alcanzar estos objetivos esta ley recorta las competencias de los Ayuntamientos, transfiriéndolas a administraciones superiores, Diputaciones y Comunidades Autónomas, lo que supone un drástico cambio de modelo en el que el municipio, la entidad más cercana al ciudadano, pierde capacidad de dar respuesta inmediata y eficaz a sus necesidades”.
Expertos como Amparo Moreno, trabajadora social con experiencia laboral en la coordinación de Servicios Sociales municipales desde la Conselleria de Bienestar social y en la actualidad Directora de Acción Social en Cáritas Diocesana de Valencia y Gustavo Zaragoza, psicólogo en la Universidad de Valencia e investigador del Instituto de Economía Social IUDESCOOP. Ambos participaron en el proceso de puesta en marcha del Sistema Público de Servicios Sociales en la Comunidad Valenciana, impulsando la red de Servicios Sociales Municipales, y ambos coincidieron en la jornada en destacar que esta ley es un claro retroceso en el Estado de Bienestar. “Una vuelta al siglo XIX”, destacaba Zaragoza. “Una vuelta a la beneficencia, a recuperar la figura del “pobre de solemnidad”, destacaba Moreno.
Muchos se estarán preguntando, en que estaré metida que tengo varios meses con bajo perfil en el tema de Responsabilidad Social, algunos me preguntan si estoy bien de salud, otros me preguntan si estoy enojada y la verdad, es que sí, ESTOY ENOJADA y MUY ENOJADA, pero no con nadie en especial sino con la RSE, o mejor dicho con la connotación que le están dando a la RSE, y parece que no soy la única, ya decía el Diputado Ramón Jáuregui en un artículo publicado en Diario Responsable, “Hoy debo decir que estoy bastante decepcionado. La confusión conceptual entre RSE y acción social es general y, desgraciadamente, no para de crecer; la difusión social de la idea sigue siendo muy baja en la población, y sigue habiendo una formación insuficiente y una baja concienciación en los dirigentes de las empresas”.
En mi caso, cada vez me sorprendo más cuando recibo las noticias de Google de RSE, y veo cosas como estas:
-Presupuesto chucuto /refiriéndose al presupuesto de una Universidad, para los que no son venezolanos “chucuto en el argot popular y ordinario a mi entender, significa insuficiente
-Niña regaló heroína a sus amigos pensando que eran dulces
-59% se han incrementado accidentes en vías de Miranda
-Fugan 32 presos de comisaría argentina, siete recapturados
Entre otros tantos que prefiero no citarlos porque llenaría un libro de noticias...
Por otra parte, cada vez me impacta más la irresponsabilidad de algunas empresas en sus publicidades, por ejemplo:
-Una marca archiconocida que “comparte valor” que a través de un te incita a mentir a los jóvenes, claro, después de tomar el famoso “tea”
-Una fábrica de juguetes que distorsiona el castellano de los niños cambiando palabras como cuidado por “cuidao”, entre otras
-Una cadena conocida de comida rápida que aplaude las mordidas de Suarez
-Un restaurante de comida gourmet venezolana te incita a faltarte el respeto a tu novia, con el cuento de “déjate tentar”
-Unos zapatos deportivos que incitan a adolescentes al sexo
-Y otras tantas mas……
Si hablamos de las instituciones, algunas no han terminado de entender que hay que SUMAR RSE y no RESTAR RSE y que si establecieran alianzas en vez de competir, lograrían mejores resultados.
Un total de 348.019 jóvenes menores de 30 años se benefician actualmente de las medidas incluidas en la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven (EEEJ) desarrollada por el Gobierno, y en la que participa Fundación ONCE a través de su plan 'No te rindas nunca'. Los datos los ha aportado la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, durante su estancia en México con motivo de la reunión de ministros Iberoamericanos de Trabajo.
Entre las medidas contenidas en la Estrategia, Báñez ha citado la tarifa plana de 50 euros de cotización a la Seguridad Social para nuevos autónomos y los estímulos a la contratación estable y de calidad.
Entre estos últimos se encuentra la tarifa plana de 100 euros a la contratación indefinida, la nueva tarifa joven que presenta una bonificación de 300 euros mensuales, y los nuevos incentivos y regulaciones de los contratos formativos.
Según la ministra, 187.000 jóvenes menores de 30 años se están beneficiando en este momento de alguna de las medidas de estímulo de la contratación y de fomento del emprendimiento puestas en marcha en la primera fase de la Estrategia.
A ellos hay que sumar los beneficiarios de las acciones formativas y de mejora de la empleabilidad que gestionan las comunidades autónomas en el marco de la Estrategia, y los beneficiarios actuales del contrato de formación y aprendizaje y de la tarifa plana a la contratación indefinida, que entró en vigor en febrero de 2014. En total, casi 350.000 jóvenes beneficiarios.
Además, Empleo ha destacado que ya está en marcha el Plan de garantía juvenil para menores de 25 años que ni estudian ni trabajan, dotado con 1.900 millones de euros, con la tramitación de más de 30.000 solicitudes.
Estos días hemos estado reflexionando sobre la planificación estratégica de la responsabilidad social con los participantes en el Master Universitario de RSC de la UOC. Me gusta insistir en que existe el riesgo de reducir este enfoque de gestión a la suma de una serie de buenas prácticas, y por ello, es importante otorgar relevancia al liderazgo responsable y a la incorporación de los valores de la RSC dentro de la planificación estratégica. He escrito esta reflexión para lanzar un mensaje sobre la necesidad de reforzar el vector de buen gobierno en la implantación de la RSC.
Podemos exponer nuestras preferencias sobre si preferimos unas empresas capitalistas o de economía social. Podemos decidir de premiar a las empresas que muestren más responsabilidad hacia la sociedad... Pero, sin duda, lo que la gran mayoría de los consumidores valoran es la calidad. La calidad se percibe en la prestación del servicio... pero finalmente la calidad también se ve afectada por factores más amplios, vinculados a la excelencia empresarial. Y un elemento en el que me gustaría poner el foco en esta reflexión: la misión corporativa.
La misión es la explicitación de lo que da sentido a la empresa, de su objetivo primario, del porqué de su existencia. Pero a menudo -demasiado a menudo- la misión contiene un engaño fundamental. Si la misión de una empresa es proveer fluido eléctrico me parece obvio que debería mostrarse muy proactiva cuando hay personas que no pueden acceder por la situación que se conoce como pobreza energética. Es sólo un ejemplo, por la actualidad que supone.
La agricultura orgánica se ha promovido ampliamente como un modelo de producción de alimentos sostenible a largo plazo, pues su práctica se caracteriza por gestionar el ecosistema sin emplear insumos sintéticos. Los consumidores están exigiendo alimentos más ecológicos y las grandes marcas no quieren ceder su mercado.
La comida orgánica es un buen negocio
La conciencia social sobre el consumo de comida más saludable así como la compra de productos o servicios que cuiden el medio ambiente va en aumento, esto es evidente, el consumo de alimentos agroecológicos se ha multiplicado en varios países, principalmente en Europa y Norteamérica, al tiempo que cada vez es más fuerte el debate sobre el uso de semillas y alimentos transgénicos (GMO, organismos modificados genéticamente) así como el uso de conservantes y aditivos. En otras palabras, la gestión de los temas de sostenibilidad en las grandes empresas del sector alimenticio ya está haciendo parte de la toma de decisión de compra de los consumidores.
La organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura define varios beneficios ambientales como resultado de la agricultura orgánica: el enriquecimiento y la mejora de la productividad de los suelos, derivado del uso de fertilizantes orgánicos y prácticas como la rotación y la mezcla de cultivos; la reducción del riesgo de contaminación del agua subterránea y el mejoramiento de la estructura de los suelos; un hábitat de biodiversidad, más apto para la flora y fauna silvestre y los polinizadores y depredadores de plaga naturales; así como la mitigación del efecto invernadero y del calentamiento del planeta mediante la retención de carbono en el suelo.
Bajo este contexto, hace un tiempo las grandes marcas de alimentos y bebidas han visto la oportunidad de llegar a este exigente mercado de la comida orgánica y las prácticas ambientalmente amigables, y han incursionado allí cada vez más. Es el caso de empresas como Kellogg’s y Coca-cola, entre otras, que han sido socialmente denunciadas por producir alimentos o bebidas poco saludables, por contar con polémicas prácticas sociales o por no proteger los recursos ambientales, pero que hoy cuentan en su portafolio con otras marcas, que reducen sus impactos y favorecen relativamente al desarrollo sostenible.
Este fue el título de la conferencia anual de la Business Social Compliance Initiative (BSCI). BSCI fue creada en 2013 por la Foreign Trade Association con el objetivo de armonizar el marco de las cadenas de suministro a nivel global.
Me considero afortunado por haber podido asistir, ya que el aforo se completó con un número aproximado de 300 asistentes.
Este año BSCI ha cumplido 10 años y ya tiene 1.600 miembros en todo el mundo, principalmente empresas pero también ONG. Todos ellos queriendo establecer buenas prácticas sociales en sus cadenas de suministro.
La tragedia de Rana Plaza fue comentada abiertamente en numeras ocasiones y ojalá que el trabajo de BSCI pueda contribuir a evitar siniestros como este en el futuro. Desde luego, parece que la existencia de BSCI ha ayudado a encontrar soluciones, uniendo fuerzas de las empresas afectadas, competidoras entre sí, para mejorar sus prácticas empresariales. De hecho, según nos han contado, las condiciones laborales en Bangladesh han mejorado como consecuencia de la unión de las fuerzas de todos los grupos de interés afectados.
Primeros días de frío, fechas conmemorativas. Otro año más. Por otro lado es época de publicación de informes y encuentros que no hacen más que ratificar que la Sostenibilidad incide positivamente en las empresas incrementando su competitividad. Cada vez menos incredulidad y más contundencia en el mensaje.
El último informe de Forética "Marca España: empresas sostenibles, país competitivo"contiene datos muy interesantes entre otros está gráfica que deja clara la relación directa entre RSE y competitividad por países .
Ante todo, de lo que estamos hablando es de sentido común. De buscar el beneficio propio a la vez que el ajeno. Pero siguen siendo necesarios muchos argumentos y datos para hacer que las empresas y personas tomen conciencia, incorporen la necesidad de cambiar y lo hagan. Sin embargo -según mi opinión- no llegamos al fondo del problema: el enfoque sigue estando en ganar dinero y no en satisfacer las necesidades de las personas que a su vez generan beneficio económico para la empresa, las ciudades, los países. Seguimos desconfiando.
Hay dudas, porque hace falta tiempo para que se confirme el modelo y se genere cada vez más masa crítica, que es lo que afortunadamente está pasando. Nos faltaba perspectiva y ahora, lo que defendíamos un reducido grupo de personas hace años ya no suena tan "utópico". Es real y factible.