Responsabilidad social, compliance (cumplimiento normativo, legal o regulatorio) y buen gobierno fueron los tres temas que desarrollamos los pasados días 28 y 29 de octubre en un Programa Enfocado del IESE en Madrid, que codirigimos mi colega Joan Fontrodona del IESE y un formidable equipo de KPMG, liderado por Pedro Pablo Rodés, Alain Casanovas y Silvia Sorribas.
¿Tres temas juntos? Juntos y revueltos. Porque, al organizar el programa, llegamos a la conclusión de que los tres aspectos debían aparecer interrelacionados, porque lo están. Bueno, no siempre lo están, pero deberían estarlo. En efecto, compliance implica que dentro de la empresa hay quien se ocupa de que se observe todo lo exigido por la ley y las regulaciones, así como por las normas internas de la empresa, los códigos de buenas prácticas o códigos éticos y demás requisitos. Esto puede entenderse como una tarea, digamos, burocrática: ir poniendo cruces a un listado, hasta comprobar que todo se ha cumplido satisfactoriamente, para la buena marcha de la empresa y para la seguridad de los directivos y empleados involucrados.
El desarrollo de una estructura operativa que permita mejorar la toma de decisiones éticas exige focalizar el proceso en tres aspectos esenciales: calidad técnica de la decisión, amplitud de miras y presencia de valores y honradez. Siguiendo lo anterior ¿Qué debemos hacer para garantizar una buena calidad técnica de la decisión, para analizar los problemas con amplitud y para incorporar la honradez en nuestros procesos de decisión? Como detallan Bazerman, Messick, Stewart (2007) debemos:
- Ser meticulosos en la obtención y análisis del mayor número de datos e información aplicable al objeto de la decisión.
- Analizar todos los tipos de riesgos implicados en el problema en cuestión.
En la gestión de las organizaciones, además de las actividades que tienen por objeto satisfacer los objetivos propuestos, también hay que llevar a cabo otras actividades que sirven para dar cumplimiento a las obligaciones contraídas o normativas. Cumplir con las obligaciones forma parte de la responsabilidad social, es decir, del compromiso que la organización tiene con la sociedad y, de acuerdo con cada tipo de compromiso, para con cada grupo de interés.
Algunas obligaciones tienen carácter legal, y suponen un compromiso con la administración pública y la sociedad en general, y hacia algunos grupos de interés que quedan amparados y sus derechos protegidos por el marco legal.
Otras obligaciones tienen un carácter comercial o contractual, y forman parte de los compromisos que una organización adopta en el marco de su funcionamiento y la relación con sus grupos de interés, muy singularmente clientes y proveedores, o por supuesto, accionistas y trabajadores en lo que sean acuerdos no sujetos a obligación legal.
Finalmente podemos referirnos a las obligaciones de responsabilidad voluntaria hacia la sociedad, lo que propiamente se conoce como Responsabilidad Social de las Empresas (o Corporativa), y que son compromisos que la organización ha adoptado en el marco de unos valores éticos y de sostenibilidad. Si bien tienen carácter voluntario, en la medida en que hay un compromiso pasan a integrarse dentro de la categoría de obligaciones de la organización.
Lorca, 11 de mayo del 2011, 18:47, un terremoto de 5,2 grados en la escala Richter sacudió a esta localidad de la Región de Murcia. Sus efectos se sintieron en toda Murcia.
Ese día 8 personas perdieron la vida en este suceso y todos, absolutamente todos, quedamos conmocionados con las imágenes que se emitían en las cadenas de televisión de todo el país.
Uno de los puntos fundamentales a los que debe enfrentarse una ONG para no pasar desapercibida y acabar en el olvido, es la creación de una estrategia de desarrollo sólida. La falta de apoyos resulta frustrante para estas organizaciones en muchas ocasiones, pues a pesar de poder tener un objetivo de extrema importancia o urgencia, a pesar de estar fundadas para intentar cubrir las necesidades de un sector que reclama más atención del que las instituciones públicas son capaces de proporcionar, su presencia se diluye sin apenas haberse identificado el problema que les conduce a la desaparición.
Si he de elegir una campaña que deba calificar como ejemplar, que a lo largo de los años ha ido creciendo y consolidándose en el sector, mencionar charity: water no resultará extraño. Apoyada por una serie de estrategias de vanguardia, han podido desarrollar su objetivo disfrutando de buena salud, desde su año de fundación, en 2006.
Después de dos semanas de intensa lucha entre las dos sedes candidatas a organizar el II RSEncuentro, Madrid y Santiago, la Fundación Cepaim logró los apoyos necesarios para hacer realidad su candidatura y llevar el RSEncuentro de Vila-real a Madrid en la primavera de 2015.
Una candidatura desarrollada desde el Área de Igualdad de Oportunidades, Gestión de la Diversidad y No discriminación de la Fundación Cepaim, una organización de ámbito estatal sin ánimo de lucro que promueve un modelo de sociedad inclusiva e intercultural que facilite el acceso pleno a los derechos de ciudadanía de las personas más vulnerables de nuestra sociedad y, de forma especial, de las personas migrantes, desarrollando políticas de lucha contra cualquier forma de exclusión social y colaborando en el desarrollo de los territorios locales y de los países de origen de los/as migrantes.
¿Fiarse o asegurarse? Ahí está la cuestión. De niños, creemos lo que nuestros padres nos dicen, escuchamos maravillados las historias que nos cuentan nuestros abuelos y nunca dudamos de la palabra de un amigo. Pero vamos creciendo. La vida nos enseña que no todo lo que brilla es oro y que es mejor mirarle el diente al caballo, aunque sea regalado.
La confianza pasa de ser una virtud a ingenuidad. Aprendemos de las malas experiencias y poco a poco vamos desarrollando nuestro propio criterio para tomar decisiones. Pasamos de creer en la palabra de un colega a estipular condiciones en un compromiso escrito, firmado por duplicado y ante notario. Lo hacemos las personas, lo hacen las empresas. Algunos con mejor acierto que otros.
Durante muchos años, el grupo de rock americano Van Halen fue conocido no sólo por su música sino también por la famosa cláusula 126 de su contrato. Aquella estipulaba el derecho unilateral del grupo a cancelar un concierto si encontraban m&m’s marrones en su camerino. Divos, caprichosos, arbitrarios… fueron los calificativos utilizados para describir una exigencia tan absurda, con unas consecuencias tan drásticas.
Pero aquella cláusula tenía un motivo. Era la 126, estaba en la página 40. Antes estaban las cláusulas que estipulaban los requisitos técnicos y de seguridad que debían cumplirse en las instalaciones donde Van Halen daría su concierto. Encontrar m&m’s marrones tan sólo era una forma fácil de comprobar que el promotor del concierto no se había leído el contrato. Si había fallado en algo tan sencillo como quitar los m&m’s marrones de un bol… ¿Qué se podía esperar de la instalación eléctrica? Esto podía suponer un riesgo, tanto para la banda como para el público que asistía al concierto.
El día de Navidad de 2005, mientras medio planeta abría los regalos de Papá Noel, el soldado Noah Galloway despertaba en una cama del hospital militar, tras seis días en coma. El estar vivo no era un mal regalo, después de que una explosión en una polvorienta carretera iraquí se llevara por delante su brazo y su pierna izquierdos.
Pero él no lo consideró un regalo, precisamente, sino casi una maldición. Hasta hacía pocos días era un joven soldado de Alabama, guapo, atlético y bienhumorado, que adoraba el fitness y todo tipo de deportes. Ahora, era un soldado mutilado, con un muñón en el brazo y una pierna ortopédica.
Durante cinco años se dedicó a tres cosas: beber, fumar y dormir. Pero un día, a medianoche, se miró al espejo del cuarto de baño y no le gustó lo que vio. Así que tomó una decisión: “No más excusas”. Buscó un gimnasio de los que están abiertos 24 horas y, a las dos de la madrugada, solitario y en silencio, comenzó su primer entrenamiento. Hoy es portada del número de noviembre de Men´s Health.
La Fundación ONCE, a través de su entidad para el empleo y la formación de personas con discapacidad, FSC Inserta, presentará mañana 4 de noviembre una nueva campaña de impulso del Plan No Te Rindas Nunca, cofinanciado por el Fondo Social Europeo. La ocasión servirá para hacer un balance de esta iniciativa que ha superado el ecuador de su periodo de vigencia, con resultados que cumplen todas las expectativas.
El acto, que será conducido por el periodista deportivo Ramón Fuentes, se celebrará en la sede de la Fundación ONCE en Madrid, en la calle Sebastián Herrera 15, a las 12h.
El Plan No Te Rindas Nunca está integrado por 34 medidas para facilitar la inclusión en el mercado de trabajo de jóvenes de 16 a 29 años con discapacidad y se marca el objetivo de atender hasta diciembre 2015, a 9.000 jóvenes, de los cuales 6.000 verán mejorada su formación y 3.000 obtendrán un contrato de trabajo.
En esta ocasión, contaremos con la presencia del director general de Trabajo Autónomo, Economía Social y Responsabilidad Social de las Empresas, del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, Miguel Ángel García Martín. Lo acompañará el vicepresidente ejecutivo de Fundación ONCE, Alberto Durán, y el vicepresidente de RRHH y consejero de Grupo Vips, Miguel Ángel García de Andrés, también vicepresidente del consejo asesor del Foro Inserta Responsable, por lo que dará voz a las más de 75 empresas y entidades que forman parte de esta una plataforma de trabajo en red e innovación social.
Erase una vez una chica.
Ella vivía en un lugar tranquilo, con sus aficiones tranquilas y sus costumbres sanas.
Al parecer, esta chica ignoraba por completo la maldad como experiencia propia. Era muy poco consciente de cómo iba eso de hacer daño intencionadamente.
Un día, salió a su jardín delantero, el cuál cuidaba, y se encontró algo fuera de lo común: Alguien había escrito cosas horribles sobre las flores que cultivaba y las había estacado, a modo de carteles, en la hierba sin ningún motivo aparente.
Experimentó muchas sensaciones a la vez: primero, lloró amargamente por las cosas feas que leía y por la hierba que se había estropeado; después, experimentó el miedo, porque se preguntaba si esto era sólo el principio de las ofensas que podían dirigirle anónimamente. Mientras estaba asustada, vio salir a dos de sus vecinos, que reían mientras observaban. Ella, automáticamente se dio cuenta de que esas dos personas mezquinas eran las que habían destrozado su hermoso jardín. Fue entonces cuando experimentó la ira y la sed de venganza.
Pasó toda la noche preparando un plan horrible que dejase los huertos y macetas de esos dos indeseables tan malvados tan mal como fuese posible. Cuando comenzó a salir el sol, cogió un cubo con productos químicos y se dirigió a los jardines correspondientes. No fue capaz de darse cuenta de que, en realidad, esta reacción no era propia de su forma de ser, no era saludable.
Caminó por la acera y justo al llegar al jardín, descubrió algo:
No había nada que destrozar. Las plantas que en esas tierras un día crecieron, estaban marchitas y secas, marrones y sin vida. Era una imagen apoteósica. Se preguntó cómo habían llegado a alcanzar un aspecto tan mortecino. Su inteligencia hiló un par de ideas y todo encajó.