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Antonio Vives me dedicó una entrada en su blog (aquí), titulada “Para entender la RSE: La empresa es un mercado imperfecto”. Debo agradecerle sus comentarios, y especialmente la “corrección” que amablemente hace a la serie de entradas en este blog, “Sobre una posible crisis de la Responsabilidad Social de la Empresa”. Yo dije que la RS se debe vender sola, es decir, sin argumentos relativos al beneficio, a la reputación y a otras razones. Y Antonio replica que quizás “debería” venderse sola, pero como hay mucha gente que no la entiende y, por tanto, que no “compraría” la idea de poner en práctica la RS, habrá que utilizar argumentos de todo tipo.

Estoy de acuerdo, porque yo mismo lo he hecho algunas veces. Cada vez menos, lo reconozco, porque sospecho que la gente se queda con la idea de que la RS es rentable, o que permite ganar legitimidad, o que lava los errores pasados… y no entienden que hay que ser responsable porque esa es la “única” manera de ser un buen directivo, y de hacer de su empresa una “buena” empresa. Pero, de acuerdo, todos los argumentos de venta son buenos. Aristóteles decía que la ley servía para aprender ética, porque a fuerza de cumplir la ley por miedo al castigo, uno aprende a hacer las cosas de esa manera, y acaba aceptando que esa es la buena manera de hacer las cosas.

Pero sugiero que, en el “catálogo de argumentos” para vender la RS, nunca omitamos lo de ser un buen directivo y una buena empresa, porque, si no lo hacemos, pueden estar utilizando mal la RS. Si entra en una ferretería un cliente pidiendo unas tenazas “porque necesita un instrumento contundente para clavar un clavo”, me parece que hay que ofrecerle un martillo, al menos para que sepa que las tenazas, que también clavan clavos, son buenas para otras cosas.

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OpiniónEmpresas

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