
La paradoja del informe de sostenibilidad perfecto y la fábrica contaminante. En 2023, una consultora global reveló que el 40% de las afirmaciones ambientales de las empresas carecían de evidencia verificable. Cuarenta por ciento. Es fascinante observar cómo las empresas compiten por quién tiene el logo más verde en su web, mientras sus cadenas de suministro son un laberinto de opacidad.

Estamos viviendo un cambio de época que no sucede de forma instantánea, aunque determinados acontecimientos como la reciente pandemia o las crisis geopolíticas han actuado como catalizadores de una transformación profunda y veloz.

En un mundo que exige resultados inmediatos, el mecenazgo demuestra que el verdadero cambio social no se mide en cifras, sino en constancia, colaboración y la capacidad de generar y mantener en el tiempo un impacto real en la vida de las personas.

En la zona forestal de Minas Gerais, en Brasil, la palabra tragedia deja de ser una abstracción para convertirse en una escena cotidiana: un río que desborda, una ladera que cede, una casa invadida por el barro. Las familias tienen apenas minutos para abandonar todo, cargando en bolsas improvisadas lo poco que queda de una vida. En medio de ese paisaje de pérdida y urgencia, emerge otro movimiento silencioso pero decisivo: el trabajo voluntario.

En España, miles de pymes afrontarán en los próximos años un cambio inevitable: sus fundadores dejarán la primera línea. Durante décadas han sido el motor, el criterio final, el rostro visible y, en muchos casos, el pegamento interno de la organización.

El transporte diario de cada uno de nosotros desde nuestras casas hasta los diferentes puestos de trabajo represente una proporción importante de las emisiones que se relacionan con la actividad laboral. Aun así, sigue tratándose como un asunto individual y no como una palanca ambiental de primer orden.

La inteligencia artificial ya no es considerada una tecnología en sus inicios. Es una herramienta operativa de las organizaciones, la cual plantea cuestionamientos como, por ejemplo, cómo asegurar la calidad, la seguridad y el cumplimiento normativo o aprovechar su potencial transformador.

Durante años hemos aplaudido a los líderes que ‘mueren con las botas puestas’. Fundadores que no se van nunca, CEOs que aguantan hasta el último aliento, presidentes que confunden compromiso con resistencia extrema. Nos cuentan esas historias como si fueran míticas películas del oeste o gestas épicas. Y quizá lo fueron. El problema es que nadie nos explicó a qué precio.