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Una transición que no es igualitaria no es verdaderamente transformadora.

Llegamos un año más al Día Internacional de la Mujer y es un momento en el que como sociedad nos detenemos y prestamos atención a muchos de los ejes que vertebran toda la cuestión en torno a la igualdad. En esta ocasión, me gustaría abordar la igualdad, o mejor dicho la desigualdad, desde otro punto de vista el de la transición ecológica.

La palabra transición está muy presente en las agendas de las empresas. Y es que la transición ecológica no es solo técnica, sino económica y sobre todo social, con el enorme potencial de crear nuevas oportunidades. 

Como toda transformación estructural, requiere una reconfiguración profunda del modelo económico. Esto trae muchas oportunidades, pero también tiene el riesgo de reproducir las desigualdades que ya existen en otros ámbitos si no se aborda con una mirada integral e inclusiva. Por tanto, debemos preguntarnos quién está participando, y quién no, en esta nueva economía verde.

Los datos lo confirman. Según el informe Mujeres en la Transición Ecológica 2025 del Ministerio para la Transición Ecológica, solo una de cada siete personas ocupadas en la economía verde en España es mujer. En 2023, las mujeres representaban apenas el 11,5% del empresariado verde y el 15,1% del empleo asalariado en este ámbito. En sectores clave como las energías renovables, la proporción es de una de cada tres. Nos encontramos con una paradoja, y es que mientras las mujeres muestran altos niveles de compromiso con la sostenibilidad (el 79% afirma haber tomado medidas para luchar contra el cambio climático en los últimos seis meses, frente al 74% de los hombres), su presencia en los sectores que definirán la economía del futuro sigue siendo claramente minoritaria.

El mismo informe revela otro dato crucial que muestra que dos de cada tres personas matriculadas en másteres específicos sobre economía circular son mujeres. Sin embargo, solo el 15,3% del empleo en este ámbito está ocupado por ellas, por lo que no estamos ante una falta de formación ni de interés, sino ante una brecha estructural entre preparación y oportunidad. Si la transición ecológica va a generar los empleos del mañana, no puede reproducir las desigualdades del ayer.

Desde nuestra experiencia como empresa B Corp, hemos aprendido que la sostenibilidad no puede fragmentarse. No se trata solo de reducir emisiones o mejorar indicadores ambientales, sino que implica también revisar cómo operamos, cómo promovemos el talento y cómo distribuimos el liderazgo. Como mujer y como directora, soy consciente de que el liderazgo femenino en entornos empresariales sigue siendo, en muchos sectores, una excepción más que una norma.  Pero si aspiramos a una economía verdaderamente regenerativa, necesitamos que el talento femenino esté presente, con capacidad de decisión y como agente impulsor, no sólo como consumidor responsable o agente de cambio individual.

Porque una transición que no es igualitaria no es verdaderamente transformadora.
Y el futuro que queremos construir necesita ser, al mismo tiempo, verde e igualitario.

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Opinión#8M2026

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