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En el anterior artículo se apuntaba que el método socrático tiene por objetivo fomentar el pensamiento crítico y reflexivo; propiciar la madurez intelectual y moral. También se definía lo virtuoso como aquello que proporciona o aumenta las posibilidades de no provocar destrozos morales o materiales, ni en el otro ni un uno mismo. En esta segunda entrega se considera que del pensamiento socrático se puede extraer una ética de la prudencia que ofrece fortaleza y coherencia al individuo y a la sociedad.
El método socrático en el siglo XXI –II

El término “phronesis” se suele traducir como sabiduría práctica o prudencia; lo contrario de desmesura o “hibris”. Hace referencia a la conciencia o virtud del pensamiento moral. Implica la capacidad de discernir sobre el cómo, el cuándo y el para qué de nuestra conducta. Esta cualidad, dirá Sócrates, no puede ser enseñada, pero si guiada, pues ha de obtenerse mediante la experiencia y la comprensión gradual de los mecanismos que rigen la conducta propia. Heidegger consideraba que ésta era la forma original de crear conocimiento; la manera humana de ser y estar en el mundo.

La prudencia puede ser útil como estrategia deliberada para resignificar la acción y afirmar nuestra razón de ser. Segura (2017) afirma que el método socrático alude a una actitud reflexiva y educativa, a una forma de ver el mundo y entender la realidad desde el reconocimiento de la propia ignorancia y de la necesidad de alumbrar ideas más coherentes y lúcidas. Comenzando con la ironía dialéctica del que guía, adoptando el rol del que no sabe, para preguntar lo más obvio y desenmascarar el falso saber o saber parcial. Una escucha atenta puede desvelar una ignorancia escondida de orden superior. A través del arte de hacer las preguntas adecuadas, la “mayéutica” (término relativo al parto), facilita consecuentemente que la persona dé a luz ideas, verdades latentes y revelaciones que se encontraban dentro de sí, pero de las cuales tampoco era consciente.

La virtud es un proceso, una conquista; un esfuerzo disciplinado de auto observación, una prerrogativa adquirida junto al libre albedrio. El hombre sabio comprende que se hace el mal de manera involuntaria y que cuando por voluntad propia se actúa malamente, se actúa bajo la influencia de la ignorancia o del conocimiento defectuoso. Actuamos regular en ocasiones por despiste y otras, seguramente por intentar de forma violenta forzar el discurrir natural de reparación sobre alguna injusticia sentida. Según Sócrates, quien hace el mal lo hace no siendo consciente del alcance de las consecuencias de sus actos.

La ética es el fundamento reflexivo de la moral. Tiene por objetivo prevenir o aliviar el sufrimiento propio y ajeno; devolviendo así la dignidad y trascendencia a la vida humana particular, con sus imperfecciones y aspiraciones. Los vínculos desarrollados con el otro pueden ser curativos o tóxicos, en la medida que cuestionen o no, nuestra ignorancia y la del otro. El conocimiento se construye, la ignorancia se padece. Como ya se dijo antes, el método socrático promociona el pensamiento crítico y alienta a madurar intelectual y moralmente.

La dialéctica pedagógica socrática se revela como método terapéutico reparador del saber, de la persona y del ser. La virtud no es sólo producto del razonamiento lógico, sino también de la comprensión y regulación de las propias tendencias y reacciones emocionales. Jaeger (1990) apunta que la base de la ética socrática es la interioridad, la expresión consciente del ser del sujeto. La ley moral no debería ser entendida como una convención social exterior, sino un principio espiritual interior conectado con el autocuidado y el cuidado del otro. La virtud humana se relaciona con el buen uso de la inteligencia que guía las acciones. La reflexión sistemática de la dialéctica socrática promueve el conocimiento práctico para un actuar adecuado, funcional, maduro y generador de bienestar.

No hay duda de que la libertad de pensamiento dinamiza el alma, pero requiere de la formación adecuada para su pleno desarrollo. Leer, preguntar, escribir, discutir, aplicar conceptos, utilizar reglas, principios y resolver problemas; para luego analizar, sintetizar, interpretar, inferir y evaluar. Todo para integrar pensamientos más complejos y consolidar el diálogo como forma de construir el conocimiento, para comprender al otro y su mundo, para reconocer mi forma de ser. Tener en cuenta otras realidades y respetar la cosmovisión singular extraña y ajena son pilares para construir el saber desde lo verdadero, lo útil y lo real de la persona. 

Si como dice la ciencia actual, la inteligencia y la conciencia son propiedades emergentes de la materia y del cuerpo, el ser humano podría ser considerado el hogar natural de la reflexión ética y de la conducta moral. Para Llatzer (1986) el pensamiento es un diálogo, una conversación del alma con ella misma. Si el cuerpo y el alma son una y la misma, manifestada en planos diferentes, la sociedad y el individuo, también. Los valores humanos han de germinar en el interior de cada uno para poder crecer en comunidad.

Sócrates concibe el conocimiento como una disciplina de autorrealización, perfeccionamiento y virtud, que se origina en el individuo y alcanza lo colectivo. El autoconocimiento, la introspección, el diálogo, la ética y la virtud socrática pueden ser recuperados como referentes para recuperar y mantener la salud y el bienestar del ser humano en el siglo XXI.

Notas bibliográficas

Jaeger, W. (1990). Paideia. Los ideales de la cultura griega. Trad. Joaquín Xirau.

Llatzer, B. (1986). Dossier informativo sobre la Apología de Sócrates. Platón. Alhambra.

Segura Peraita, C. (2017). El método socrático hoy. Para una enseñanza y práctica dialógica de la filosofía. Escolar y Mayo.

Jaeger, W. (1990). Paideia. Los ideales de la cultura griega. Trad. Joaquín Xirau.

Llatzer, B. (1986). Dossier informativo sobre la Apología de Sócrates. Platón. Alhambra.

Segura Peraita, C. (2017). El método socrático hoy. Para una enseñanza y práctica dialógica de la filosofía. Escolar y Mayo.

 

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