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Es un hecho que la tecnología forma parte de nuestra vida diaria y condiciona la manera en que accedemos a la información, trabajamos y nos relacionamos. En otras palabras, su presencia abre posibilidades que pueden transformar la experiencia de las personas y, en concreto, de las personas con discapacidad, siempre que se desarrollen y utilicen con una mirada inclusiva.
 ¿Cómo hacer de la tecnología una aliada para la inclusión?

El último informe presentado por Fundación Randstad, La inteligencia artificial desde la perspectiva de las personas con discapacidad, muestra que la inteligencia artificial ya está presente en la rutina de muchas personas. Casi la mitad la utiliza de forma habitual y una parte importante afirma que estas herramientas han contribuido a que puedan desenvolverse con mayor autonomía en tareas concretas. Esta percepción refleja un avance significativo mediante el que la tecnología empieza a convertirse en un apoyo real cuando facilita acciones cotidianas que antes requerían más esfuerzo o más intermediación.

Sin embargo, es importante entender que la formación juega un papel esencial para que este avance sea sólido. Tal y como evidencia el análisis, el nivel educativo influye de manera clara en el uso de la inteligencia artificial. Entre quienes cuentan con estudios universitarios, dos de cada tres la utilizan. Entre quienes tienen educación secundaria o inferior, el porcentaje desciende de forma notable. Esta diferencia señala la importancia de la alfabetización digital como condición para participar en igualdad de condiciones en una sociedad cada vez más tecnológica.

Y es que la formación sienta las bases para poder comprender su lógica, identificar su utilidad y tomar decisiones informadas. Cuando una persona entiende cómo puede apoyarse en la tecnología, gana seguridad y amplía sus posibilidades de participación. Así pues, la accesibilidad técnica es fundamental, pero la formación resulta igual de determinante para que la tecnología se convierta en un recurso cotidiano.

El empleo es uno de los ámbitos donde esta combinación de tecnología y formación puede generar un impacto más transformador. Muchas personas con discapacidad consideran que la inteligencia artificial facilita su trabajo. Esto es algo fundamental teniendo en cuenta que la tasa de empleo de las personas con discapacidad continúa siendo muy inferior a la del resto de la población. En este contexto, es una gran noticia que la tecnología pueda actuar como un puente hacia nuevas oportunidades, pero hay que entender que ese puente se vuelve más firme cuando se acompaña de formación adaptada a las necesidades de cada persona.

Por ello, en Fundación Randstad trabajamos para que la tecnología contribuya a una sociedad más inclusiva. Lo hacemos acompañando a personas y organizaciones en procesos de formación digital que fortalecen capacidades y abren caminos; escuchando las experiencias de quienes encuentran barreras que a menudo pasan desapercibidas; e incorporando ese aprendizaje para impulsar soluciones que amplíen derechos y oportunidades.

La tecnología puede convertirse en una aliada para la inclusión cuando se desarrolla con sensibilidad hacia la diversidad y cuando se acompaña de conocimiento y apoyo. Ese es el camino que queremos seguir recorriendo.

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