Muchas veces, desde los países más ricos económicamente, se banalizan las infinitas dimensiones que el derecho a la educación aporta a una persona. Muchas veces, se reduce simplemente al puro aprendizaje, olvidando el trasfondo vital que aporta un aula. Un impacto que muchas veces es más importante que saber resolver una ecuación de tercer grado o saber de corrillo el pretérito pluscuamperfecto del verbo sanar.