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El 29 de noviembre volvemos a las urnas. En las próximas semanas oiremos hablar de vivienda, de impuestos, de pactos… y, probablemente, muy poco de energía. Creo que es un error. Pocas decisiones van a marcar tanto la próxima legislatura como esta: cuánto de la energía que consumimos queremos que se decida fuera de España. Lo vemos con los pactos y las guerras internacionales: la dependencia energética se nota en la inflación y en el bolsillo del consumidor.
La energía no debería ser un tema de campaña, sino un asunto de Estado

Venimos de un año que lo ha dejado claro

En marzo, los ataques sobre Ras Laffan, en Catar, la mayor planta exportadora de gas licuado del mundo, y la crisis de Ormuz dispararon el precio del gas en Europa. Ese mes, según Ember, la electricidad en el mercado mayorista costó de media 143 €/MWh en Italia. En España, 42: más de tres veces menos.

La diferencia no fue suerte. En 2025, las renovables produjeron el 56,6% de nuestra electricidad, contando el autoconsumo. Y en los cinco primeros meses de este año, el gas solo marcó el precio de la luz el 9% de las horas, frente al 52% de 2021. Ember calcula que eso evitó, en marzo y abril, un sobrecoste de unos 10 euros al mes a un hogar con tarifa regulada.

Eso es lo que se ve cuando produces tu propia energía en un mundo de guerras, aranceles y bloqueos.

Pero seguimos siendo muy vulnerables

España todavía importa cerca del 70% de la energía que consume. En 2025, el déficit comercial energético superó los 29.000 millones de euros: dinero que sale del país cada año, gobierne quien gobierne.

La electricidad es solo algo más de una quinta parte de la energía que consumimos. El resto, sobre todo transporte, calor e industria, sigue dependiendo del petróleo y del gas que compramos fuera. Ahí está el trabajo pendiente de la próxima legislatura.

Lo que un gobierno sí puede cambiar

Sería ingenuo decir que unas elecciones no afectan a las renovables. Un gobierno decide la velocidad de los permisos, cuánto se invierte en redes, cómo se regula el almacenamiento y qué fiscalidad tiene la energía. Eso puede acelerar o frenar años la transición.

Lo que no puede cambiar es la geografía: tenemos sol y viento de sobra y ni gas ni petróleo propios. Tampoco los compromisos europeos, que obligan a la UE en su conjunto a llegar al menos a un 42,5% de energía renovable en 2030.

Por eso me parece que la energía no debería ser un tema de partidos. La soberanía energética no es de izquierdas ni de derechas: es seguridad nacional y es competitividad. Y, por supuesto, también empleo en nuestro territorio.

Retos que tendrá el nuevo gobierno

Gobierne quien gobierne, los retos seguirán siendo los actuales:

  • En 2025 hubo casi 800 horas con el precio mayorista de la luz a cero o en negativo. Sin baterías, esa energía barata no se puede guardar para las horas en que más falta hace.
  • Estabilidad regulatoria. Las inversiones en energía se planifican a 25 o 30 años, no a cuatro. Necesitamos que se legisle con ese horizonte y que sea un asunto de Estado.
  • Proyectos excelentes, con la ciudadanía dentro. No basta con instalar más: hay que priorizar los proyectos que mejor encajan en su territorio, ambiental, social y económicamente. El Real Decreto-ley 7/2026 ya creó un estándar de excelencia social y territorial que valora, entre otras cosas, la participación ciudadana. El reto es desarrollarlo bien. Para mí, participar debería incluir poder invertir en ellos.

Las campañas duran dos semanas y las legislaturas, como mucho, cuatro años. Los paneles y aerogeneradores que instalemos ahora podrán seguir produciendo en 2055. Ojalá se debata con esa perspectiva.

¿Creéis que la energía va a estar en la campaña? ¿Qué os gustaría escuchar a los candidatos?

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