El Foro Multistakeholder de RSC de Bruselas del pasado 3 y 4 de febrero ha sido la última etapa en la consulta que la Comisión Europea está llevando a cabo sobre la anterior estrategia europea y que culminará con la nueva estrategia de RSE para el periodo 2015-2020 que privisiblemente se publicará a finales de este año.
Si algo ha quedado patente en este último foro es la señal clara que todos los grupos han hecho a la Comisión Europea para que ésta tenga un papel clave en la formulación de la nueva estrategia de RSE, que Europa tome el liderazgo en estas cuestiones y que exista una coordinación de las instituciones de la UE.
European Coalition fo Corporate Justice (ECCJ) junto con Amnistía Internacional y Friends of the Earth Europe han hecho una valoración positiva de la actual estrategia aunque detectan varias carencias. En este sentido han propuesto varias recomendaciones que debería incorporar la futura estrategia de RSE.
Andaba yo pensando en planes culturales para las vacaciones de Semana Santa cuando he vuelto a recordar un concierto muy especial al que asistí hace meses organizado por Ecoembes con la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, Paraguay.
La historia de superación de esta “atípica” orquesta me parece digna de ser contada:
La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura nació hace 10 años cuando Favio Chávez, músico Paraguayo y actual director de la orquesta, decide enseñar música a los niños y niñas de Cateura, un barrio marginal construido sobre el mayor vertedero de Asunción, Paraguay. Ante la falta de recursos, deciden construir, con grandes dosis de ingenio, instrumentos a base de los materiales de la basura.
“El mundo nos manda basura y nosotros le devolvemos la música” es su lema y gracias a él han recorrido medio mundo dando a conocer su música.
Utilizan guitarras fabricadas con latas, chelos creados a partir de bidones, flautas hechas de cañerías, monedas oxidadas y trozos de tenedores…pero más allá de lo curioso que pueden resultar los “instrumentos”, lo más impresionante para mí es la entrega y talento de esos pequeños músicos y su director para hacerlos sonar como una verdadera orquesta.
Un accidente aeronáutico dejaba el pasado lunes 150 víctimas en los Alpes franceses. Setenta y dos horas después comienzan a conocerse las razones del siniestro. Sin embargo, se siguen esperando algunas respuestas por parte de los responsables de la compañía. Las compañías aéreas y empresas de aviación, con motivo de su actividad, se enfrentan continuamente a riesgos de gran magnitud reputacional como es el caso de un accidente con heridos o víctimas mortales. Frente a esta situación es de vital importancia que las compañías actúen con rapidez y empatía hacia los afectados. Las 24 horas posteriores al accidente son determinantes para superar o ser arrollados por una crisis reputacional.
Por eso, frente a una situación de crisis como en la que se encuentran en estos momentos Airbus, Lufthansa y Germanwings es de primordial importancia que cuenten con una gestión de riesgos y oportunidades reputacionales acorde con su actividad. La reputación de la empresa requiere de una gestión consciente por parte de la empresa que le permita anticipar los riesgos reputacionales de la empresa para reducirlos o eliminarnos y evitar la potencial crisis subsiguiente. Sin embargo, es imposible gestionar las operaciones de una actividad bajo un criterio de riesgo cero, pretendiendo que su gestión esté desprovista de vulnerabilidades y amenazas que permitan un discurrir organizacional exento de cualquier vaivén. En este sentido, la dirección, en función de la actividad y de las características específicas de la empresa, va asumir ciertos riesgos que no se pueden reducir en su totalidad, pero sí puede planificar la respuesta de la empresa en el caso de que desemboquen en una crisis. 
Esta planificación de crisis facilita una respuesta ágil y efectiva de la empresa que minimiza el perjuicio sobre su reputación, o incluso permite aprovechar la crisis para fortalecer la reputación de la empresa. Por tanto, tanto la reducción de riesgos como la planificación de crisis contribuyen a la gestión de la reputación corporativa. Un ejemplo de esto lo vemos en la actuación de las aerolíneas Germanwings y Lufthansa al teñir de negro la imagen de sus perfiles de Twitter, en homenaje a las víctimas. Dicha acción probablemente formara parte de los pasos a seguir frente a algún accidente con víctimas mortales.
El lenguaje es el reflejo de una sociedad, su cultura y de su forma de entender el mundo. Esto es así, hasta el extremo de encontrar palabras sin traducción directa (o literal) porque expresan una idea, un concepto o un sentimiento que en otros idiomas –y por ende en otras culturas- requiere de un circunloquio o de una descripción aproximada que no siempre consigue respetar todos los matices de la original.
Por ejemplo, la palabra japonesa tsundoku no tiene traducción directa al inglés o español. Literalmente significa comprar libros y no leerlos, dejando que éstos se apilen en las estanterías o incluso en el suelo, nuevos, sin ser leídos (quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra).
Que el idioma japonés tenga una palabra específica para describir esa situación ya da muchas pistas de lo que los japoneses consideran relevante. Por cierto… ¿Sabías que la palabra sobremesa no tiene traducción directa a otros idiomas? Eso también da pistas de las cosas que consideramos relevantes los hispanoparlantes.
Ahí radica la riqueza de un lenguaje, de una cultura. En su capacidad para expresar -a través de pocas palabras- situaciones, sentimientos que nos embargan o para reconocer automáticamente el uso de un peyorativo cuando alguien quiere hablar con desdén de algo o de otra persona.
Acabamos de pasar por las elecciones autonómicas en Andalucía. Sin pretensiones de juzgar acerca de la calidad personal, profesional y moral de los políticos que han concurrido a las elecciones, se me ocurre un comentario rápido.
La probabilidad de que tengamos gobernantes de alto nivel en cuanto a conocimientos, capacidades, cualidades y virtudes es reducida, porque no disponemos de mecanismos para seleccionarlos, encontrarlos y motivarlos, y los mecanismos de control a posteriori son muy limitados. Montar ese mecanismo sería tarea realmente imposible, porque no nos pondríamos de acuerdo sobre qué les vamos a exigir, y porque la selección ya está hecha de antemano, sin esos mecanismos.
Mi amigo el catedrático, un hombre sabio y justo, me recuerda que en el actual discurso social, y desde hace algunos años, la palabra empresa ha sido canibalizada casi en exclusiva por la gran empresa. Para lo bueno, lo malo y lo peor, faltaría más, es como si las pequeñas y medianas empresas no estuvieran en el mapa, y ello a pesar de que la gran empresa solo representa un escaso porcentaje –en torno al uno por ciento– del entramado socioeconómico global. El informe Edelman Trust Barometer 2015 revela que, a nivel mundial, se ha producido una alarmante caída de la confianza en todas las instituciones, volviendo a los limites de la recesión del 2008. Según el informe, que se hizo público en los primeros días de marzo, la confianza en los gobiernos, empresas, medios de comunicación y ONGs se sitúa por debajo del 50% (el aprobado raso) en dos tercios de los países, entre ellos Estados Unidos, Alemania y Japón, que mucho tendrán que mejorar, y ese es su problema y también su responsabilidad.
En España solo aprueban las ONGs, con un 6,3 de indice de confianza, y suspenden medios de comunicación (4,7), empresas (4.3) y gobiernos, con un rotundo y preocupante 2,6. Es verdad que la confianza general sube en España, aunque nuestro país sigue formando parte del grupo de 13 naciones que no llegan al aprobado, como Irlanda, Suecia o Italia. Son los países emergentes los que lideran el ranking de confianza, con Emiratos, India, Indonesia y China a la cabeza e índices del 8,4 al 7,5; todos notables altos.
Y, hablando de las empresas y de las instituciones, ¿ahora qué? A lo mejor, como escribe Caballero Bonald, “...me he hecho viejo ay de mí y en derredor también han ido erosionándose”, o no somos capaces de entender, como aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo, que en este cambio de época, cuando las ilusiones básicas se han agotado, convendría recordar a los fatuos mandamases de toda clase y condición, que “...la grande y verdadera gloria supone estas tres condiciones: que nos ame la multitud, que tenga confianza en nosotros, y que con cierta admiración nos considere dignos de honor.” Hace mas de dos mil años, Cicerón escribió esas hermosas palabras en De Officis, una larga epístola dedicada a su hijo Marco para hacerle partícipe de sus convicciones éticas y comprometerle con la vida de la polis, además de embeberlo en la necesidad de la honestidad como parte de la conducta vital, y en la solidaridad como exigencia ineludible de los que, como los seres humanos, pertenecemos a una comunidad.
Otra vez el Prof. Antonio Argandoña ha publicado un artículo muy incisivo y que desgrana el meollo del asunto que trata con precisión. En este caso: Informar sobre la Responsabilidad Social. Analiza las disyuntivas y deficiencias de la información que proporcionan o dejan de proporcionar las empresas. Como en ocasiones anteriores, estimula a reflexionar sobre sus opiniones y a reaccionar. En este artículo daré mi opinión sobre algunas de las inquietudes que presenta y ofreceré algunas observaciones complementarias. [i]
Comencemos con algunas de las citas de su artículo que considero más pertinentes a la discusión, aunque recomiendo la lectura completa del artículo:
“El problema de la información sobre la RSC es que no tenemos claro de qué se trata de informar y para qué. ..... ahora ya tenemos la información… ¿qué vamos a hacer con ella? Es lo que suele ocurrir cuando uno no tiene claro para qué quiere dar o recibir la información: tendemos a decir o a pedir todo lo que se nos ocurre, y luego ya veremos qué hacemos con todo esto.”
El 20 de marzo es el día designado como el “Día Mundial del Agua”, el cual fue establecido por las Naciones Unidas desde 1993, fecha que sirve tanto para celebrar su existencia, como para tener en cuenta los retos que implica el estar mejor preparados para su cuidado en el presente y en el futuro.
Este año, el tema de manera específica es el “Desarrollo Sustentable del Agua”, el cual busca el recordarnos la necesidad de administrar de la mejor forma posible y de manera responsable este vital líquido para la vida, para los ecosistemas y para el crecimiento económico; y si es abundante por cubrir el 70 por ciento de la superficie del planeta, solo una cantidad pequeña es la que existe para el consumo humano.
En términos numéricos, se estimado que existen alrededor de mil 400 millones de kilómetros cúbicos de agua en el planeta, de los cuales sólo 2.5% corresponden a agua dulce. Este pequeño porcentaje se localiza principalmente en los ríos, lagos, glaciares, mantos de hielo y acuíferos del mundo. Y casi tres cuartas partes del agua dulce están contenidas en los glaciares y mantos de hielo, de los cuales alrededor de 97% son prácticamente inaccesibles para su uso.
Ante el ya cercano fin de la legislatura -y ante el previsible cambio de panorama político-, los diferentes partidos van afilando sus armas y perfilando sus programas. Dada la cantidad y gravedad de los problemas, son muchas, sin duda, las cuestiones que los que se dicen progresistas tienen que considerar. Pero entre ellas no debería faltar una que, pese a su importancia, no parece ocupar -por lo visto hasta ahora-un lugar prioritario entre las preocupaciones de las diferentes opciones electorales. Me refiero a la actitud integral que un Gobierno con vocación transformadora debería mantener frente a los comportamientos y a los impactos sociales y ambientales de las grandes empresas: es decir, su actitud frente a la nada infrecuente irresponsabilidad social de este tipo de empresas.
La Federación de Industria de CCOO acaba de publicar un documento titulado: Sumangali - “Mujer felizmente casada”[1], donde se recogen cifras y ejemplos del último Informe de SOMO (Sitchting Onderzoek Multinationale Ondernemingen), un Centro de Investigación de Corporaciones Multinacionales holandés integrado por diversas organizaciones sociales, y se refiere la brutal explotación laboral a la que están sometidas miles de adolescentes.
En síntesis, en este documento se denuncia la realidad que sucede en las fábricas de hilatura localizadas en Tamil Nadu -Estado con más de 72 millones de habitantes del Sur de la India-, donde se produce gran parte del hilo y tejido de algodón de este país. En ellas trabajan más de 100.000 mujeres menores de 18 años, contratadas en zonas pobres por “reclutadores” que perciben hasta 12 € por contrato. Estas trabajadoras son entregadas por sus propias familias a estos “reclutadores” en condiciones de “trata de personas”. Sus contratos de "aprendizaje" lo son por 3 y hasta 5 años, con salarios que no alcanzan los 50 € mensuales de los que se descuenta la comida y la vivienda (hasta 30 literas por habitación).