
El desarrollo económico y tecnológico contemporáneo han redefinido profundamente las dinámicas productivas, los mercados y las relaciones sociales.Mientras la digitalización, la inteligencia artificial (IA), la sofisticación financiera y la transición ecológica han generado importantes mejoras en términos de eficiencia y bienestar material, estos avances también han introducido dilemas éticos de creciente complejidad, que afectan tanto a la toma de decisiones empresariales como a la gobernanza institucional.

Durante años, al hablar del empleo del futuro, el debate se ha centrado casi siempre en la digitalización, la automatización o la inteligencia artificial. Sin embargo, hay otra transformación, quizá menos visible pero igual de profunda, que ya está cambiando el mercado laboral global: el auge del llamado talento verde.

Gestionar turnos es una de esas tareas que desde fuera parece puramente administrativa y desde dentro es, en realidad, una negociación constante entre las necesidades del negocio y las circunstancias de cada persona.No se trata solo de cuadrar horas. Se trata de recordar que Andrés tiene custodia compartida los miércoles, que el equipo de tarde lleva un mes sin un fin de semana libre, que si pones a las mismas personas juntas los viernes acaba habiendo tensión, y que la normativa laboral tiene sus propias reglas que nadie puede saltarse aunque quiera.

Durante años hemos hablado de las emisiones del transporte como si fueran un problema ajeno. Como si pertenecieran únicamente al transportista, al fabricante del vehículo o a la petrolera que suministra el combustible. Como si bastara con señalar a quien conduce el camión para dar por resuelta nuestra parte de responsabilidad, pero no es así.

La accesibilidad digital ya no puede entenderse como una mejora opcional ni como una adaptación posterior. En un contexto marcado por nuevas exigencias regulatorias y una creciente necesidad de talento tecnológico inclusivo, diseñar entornos digitales accesibles se ha convertido en una cuestión de derechos, competitividad y empleabilidad.

El cambio climático no es solo un problema ambiental. Es también un problema psicológico. Sabemos mucho, pero actuamos poco. Entender cómo funciona nuestra mente puede ser clave para transformar la preocupación en acción sostenible.

En enero de 2025, Donald Trump anunciaba Stargate, una inversión de 500.000 millones de dólares en infraestructura de IA para los próximos cinco años. Ese mismo mes, DeepSeek-R1 sacudía los mercados globales, demostrando que China podía competir en la frontera tecnológica con modelos de código abierto de bajo coste. Europa no se quedaba atrás.

Cada vez más empresas incorporan las compras con impacto social en sus estrategias de sostenibilidad y ESG y de cadena de valor. Prueba de ello es el evento Business With Social Value (BWSV), consolidado como uno de los principales encuentros sobre inclusión laboral y economía social en Barcelona, celebrado el pasado 11 de mayo.

Tras años de exceso en la comunicación sostenible, muchas empresas optan ahora por reducir su exposición. El greenhushing refleja un cambio de ciclo: más exigencia, más riesgo… y nuevas reglas para comunicar.

Hay un momento en la historia de cualquier civilización en el que las reglas del juego cambian de raíz. No gradualmente. De golpe. Son resultado de una incomodidad, no de un descubrimiento. Lo que antes funcionaba deja de funcionar, no porque quienes lo aplicaban fueran incompetentes, sino porque el mundo al que respondían ya no existe. Estamos en uno de esos momentos.