
Hace unos días trascendió una noticia que debería preocupar a todos los consejeros y comités de dirección, no solo a los directores de tecnología. Un equipo de investigadores de seguridad llamado CodeWall logró acceder a Lilli, el asistente de inteligencia artificial interno de McKinsey, en menos de dos horas.

Hay personas que apuestan a que la inteligencia artificial se encargará de todo: empleos, decisiones, relaciones y, pronto, incluso el lugar de los voluntarios. Es la fantasía de un mundo en el que los algoritmos resuelven cualquier problema, mientras nosotros solo observamos.

¿Del ruido ecológico al silencio sostenible?Vivimos en la época de la ubicuidad de la información. Todo lo que se publica queda puesto a disposición de todos. Todos podemos opinar, todos podemos ser observados.

En un contexto marcado por la rápida expansión de la inteligencia artificial, el debate ya no gira solo en torno a su capacidad tecnológica, sino a su impacto en lo humano. Este artículo profundiza en cómo la interacción con sistemas artificiales puede influir en la salud mental, especialmente en la edad adulta y la vejez, abriendo interrogantes sobre sus riesgos, potenciales beneficios y el modelo de sociedad que estamos construyendo.

En un mundo donde la geopolítica reescribe las reglas del juego de manera impredecible, la IA deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en la condición mínima de supervivencia.Las cadenas de suministro globales ya no fallan por accidente: fallan por diseño obsoleto. Los directivos que todavía gestionan proveedores con hojas de cálculo y reuniones mensuales de revisión están, sin saberlo, apostando el futuro de su empresa a la suerte.

Durante casi dos décadas, un puñado de corporaciones- Google, Meta, Amazon, Microsoft, Apple- han construido verdaderas fortunas sobre un principio sencillo, aunque polémico: los datos personales de los usuarios son un recurso extractable, procesar y vender.

Salud mental: ¿recurso humano o activo estratégico? "Somos una familia". Cuatro palabras que deberían prohibirse en los valores corporativos. Una familia te quiere incondicionalmente; una empresa te quiere mientras seas rentable.

En muchas negociaciones empresariales se discute el precio durante horas. Lo curioso es que el precio casi nunca es el verdadero problema. Se afinan porcentajes, se revisan cláusulas, se negocian plazos como si de ellos dependiera el futuro de la organización. Y eso es solo la punta del iceberg.

La obligación de programas estructurados de voluntariado en las escuelas —públicas y privadas— debería estar en el centro del debate sobre la educación y la formación de jóvenes. En un mundo marcado por la polarización, la desigualdad y el individualismo excesivo, la escuela no puede ser solo el lugar para el examen, la nota y el examen de ingreso.

Durante años, el agua embotellada se ha percibido como una opción más segura, más saludable e incluso más premium que el agua del grifo. Sin embargo, cuando analizamos su impacto real, ambiental, económico y hasta cultural, la pregunta ya no es si existen alternativas, sino por qué seguimos eligiéndola.