Publicado el
En enero de 2025, Donald Trump anunciaba Stargate, una inversión de 500.000 millones de dólares en infraestructura de IA para los próximos cinco años. Ese mismo mes, DeepSeek-R1 sacudía los mercados globales, demostrando que China podía competir en la frontera tecnológica con modelos de código abierto de bajo coste. Europa no se quedaba atrás.
Geopolítica y Soberanía Europea

La Comisión Europea publica el AI Continent Action Plan con el que aspira a posicionar a Europa como líder mundial en inteligencia artificial mediante la instalación de cinco megafactorías de IA y el despliegue del plan InvestAI, dotado con 200.000 millones de euros. Uno de los cinco pilares del plan se centraba en el refuerzo de la infraestructura digital, ya que sin una base física sólida —es decir, los centros de datos— no podrán alcanzarse las ambiciones europeas en materia de IA.

Las relaciones internacionales en 2026 ya no se definen solo por la geopolítica tradicional. La competencia tecnológica, es decir el control sobre los datos, los chips semiconductores, los modelos de IA y la infraestructura de cómputo, es ahora tan determinante como la geopolítica clásica. Y en este nuevo tablero, la posición de Europa no es periférica: es estratégicamente central, especialmente cuando hablamos de sostenibilidad global.

La pregunta que debemos hacernos no es si Europa puede competir con Estados Unidos o China en la carrera de la IA. La pregunta correcta es: ¿qué pasaría si Europa no lo hiciera?

Antes de entender la dimensión geopolítica, es imprescindible comprender la magnitud del impacto ambiental de la IA. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que las emisiones de los centros de datos representarán entre el 1% y el 1,4% de las emisiones globales de CO₂ para 2030, en uno de los pocos sectores donde las emisiones están programadas para crecer —junto al transporte por carretera y la aviación— mientras el resto del mundo se encuentra en la descarbonización.

La tecnología aliada para resolver la crisis climática es también una de las fuentes de emisiones de más rápido crecimiento del planeta. El cómo se construya y gobierne esa IA determinará si su balance ambiental es positivo o no.

Tres modelos, tres visiones del mundo

La actual carrera global por la IA no es solo tecnológica. Es una pugna entre tres modelos completamente diferentes, cada uno con implicaciones radicalmente distintas para la sostenibilidad.

El modelo estadounidense: velocidad y supremacía de mercado

Desde el regreso de Trump en 2025, la administración norteamericana ha ejecutado una política de IA basada en dos palancas: desregulación doméstica y restricción máxima de exportaciones a China. La orden ejecutiva Removing Barriers to American Leadership in Artificial Intelligence levantó obstáculos normativos para acelerar el desarrollo, mientras que las restricciones a chips de alta gama cerraron los diseños especialmente adaptados para cumplir reglas anteriores.

El resultado es que las Big Tech estadounidenses invierten a escala en infraestructura que, según el Foro Económico Mundial, está fragmentando el ecosistema tecnológico global en silos nacionales incompatibles. La sostenibilidad y los derechos fundamentales son, en este modelo, variables secundarias frente a la velocidad de innovación.

El modelo chino: escala industrial y diplomacia digital

Su estrategia es pragmática: dominar la aplicación de la IA en manufacturas, vehículos eléctricos, energía solar y sanidad, para capturar cuota de mercado global con modelos de código abierto de bajo coste. En 2025, China poseía más del quíntuple de robots industriales en operación que Estados Unidos, y sus exportaciones de IA mediante la "Ruta Digital de la Seda" están definiendo los estándares tecnológicos de decenas de países en desarrollo.

La ausencia de restricciones de privacidad de datos le otorga una ventaja en velocidad de iteración. Pero su modelo de gobernanza  (opaco, centralizado, desvinculado de estándares de derechos humanos) exporta también sus fragilidades democráticas.

El modelo europeo: confianza como ventaja competitiva

Europa parte de una posición aparentemente desventajosa. Solo el 13,5% de las empresas de la UE habían desplegado tecnologías de IA en 2024, según datos del Plan de Acción AI Continent. La UE carece aún de capacidades suficientes en semiconductores avanzados, modelos frontera propios a gran escala, y una financiación privada comparable a la norteamericana.

Sin embargo, Europa posee algo que ningún otro actor puede replicar en el corto plazo: una arquitectura regulatoria construida para que la IA sea, por diseño, sostenible, fiable y respetuosa con los derechos fundamentales.

El Plan Continental: del análisis a la acción

En abril de 2025, la Comisión Europea presentó el AI Continent Action Plan, una estrategia de cinco pilares para convertir a Europa en líder global de IA.

Las apuestas concretas son ambiciosas:

Infraestructura soberana. La Comisión propuso una Cloud and AI Development Act con el objetivo de triplicar la capacidad de centros de datos de la UE en cinco a siete años, con una condición explícita en el panorama global: reducción simultánea del consumo energético e hídrico. La creación de AI Factories y AI Gigafactories vinculadas a EuroHPC proporcionará capacidad de cómputo accesible a startups y centros de investigación europeos sin depender de proveedores estadounidenses o chinos.

Datos soberanos. La estrategia Data Union y los Data Labs dentro de las AI Factories impulsan conjuntos de datos de alta calidad a través de los Espacios Europeos Comunes de Datos, resolviendo uno de los mayores cuellos de botella para el entrenamiento de modelos competitivos en Europa.

Adopción sectorial. La Apply AI Strategy, lanzada en octubre de 2025, complementa el Plan Continental con medidas concretas para 10 sectores industriales clave y el sector público, promoviendo una política de "compra europea" y el código abierto como vector de independencia tecnológica.

Semiconductores propios. La revisión del Chips Act, acelerada por la turbulencia geopolítica con Estados Unidos, reorientará el objetivo hacia la reducción de dependencias de proveedores potencialmente poco fiables, independientemente de su origen geográfico.

El AI Continent Action Plan es, hasta la fecha, el único marco estratégico a escala continental que vincula explícitamente la expansión de la infraestructura de IA a la reducción de su impacto ambiental. La condición de triplicar capacidad y simultáneamente reducir huella energética e hídrica no existe en ninguna estrategia nacional como en  EEUU o China.

En este artículo se habla de:
OpinióngeopolíticaSoberanía Europea

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies