Uno de los vectores más importantes de la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) es el que hace referencia al buen gobierno. A pesar de su carácter central, con capacidad para marcar la alineación de los otros vectores con la estrategia corporativa y la perdurabilidad de la empresa, a menudo es el más desatendido. Sin un modelo de gobernanza que incorpore un componente de RSE, los otros vectores, referentes a impactos económicos, sociales, laborales y ambientales, quedarán cojos, no dispondrán del apadrinamiento directivo, e incluso pueden dar lugar a ineficiencias por falta de alineamiento a la estrategia corporativa.
Esta décima edición de los Premios Emprendedores cuenta, por segundo año consecutivo, con una categoría especial: el Premio Por Talento al Emprendedor con Discapacidad, galardón patrocinado por la FSC Inserta, la entidad de Fundación ONCE para la formación y el empleo de las personas con discapacidad, con la cofinanciación del Fondo Social Europeo.
Un premio dirigido a las personas con discapacidad con instinto emprendedor que han cumplido su ilusión de poner en marcha su propia empresa. Si eres uno de ellos, este es tu premio. Esperamos tu candidatura.
Todos dan por seguro que el candidato del conservador PSDB, Aecio Neves, no tendrá chance (oportunidad), aunque sí importancia a la hora de la verdad: deberá aconsejar a sus partidarios a quien votar (Dilma o Marina) en una segura segunda vuelta, y ese apoyo puede ser definitivo para ganar la presidencia de un país en el que sus gentes, desde hace muchos años, viven en la eterna esperanza y, a pesar de los logros conseguidos, cada vez menos confiados en las promesas de sus políticos sobre el inminente y cercano despegue social y económico de la nación. Mientras, como escribe con ironía y jugando con las palabras Jose Simao en el periódico la Folha de S. Paulo, considerando la igualdad que arrojan las encuestas y como ocurre en cualquier campaña electoral que se precie: “Dilma e Marina em patadas; uma da patada na outra”.
Y, en estos tiempos que corren, como sucede en cualquier lugar y en cualesquiera campaña electoral, la corrupción ha vuelto al centro del escenario para tomar un papel protagonista al que, desafortunadamente, los ciudadanos –no parece importar el país porque en todos cuecen habas– nos hemos acostumbrado con cierta naturalidad y preocupante y pasiva tolerancia. Un ex alto directivo de la empresa bandera brasilera, Petrobras ha sido apresado y está acusado formalmente de corrupción y desvío de fondos de la empresa estatal hacia muchos sectores, incluido el Partido de los Trabajadores (PT), que sostiene a Dilma, fundó Lula da Silva y en el que también militó desde su origen Marina Silva, la ahora candidata a la presidencia por el Partido Socialista Brasileño (PSB). La cuestión no es menor porque parece que el susodicho, Paulo Roberto Costa, ha llegado a un pacto con la justicia para –a cambio de un trato especial– hacer públicos los nombres de los que sebeneficiaron con las prácticas corruptas, una larga lista de prohombres políticos, incluidos algunos ministros de los gobiernos de Lula da Silva y de Dilma Rousseff, y también el propio PT, partido al que la presidenciable Marina Silva –a propósito de este asunto– acusa en la omnipresente campaña electoral de no ser digno de confianza porque “coloca por 12 anos um diretor para assaltar os cofres da Petrobras”. El patio anda muy revuelto porque, además, el acusado podría comparecer ante una comisión parlamentaria antes de las elecciones y se especula con posibles revelaciones más que interesantes. Por ejemplo, además de quiénes fueron los agraciados más notables, cómo y cuánto se llevaron.
Nos quejamos habitualmente de que las empresas no son responsables, sin embargo, motu proprio o porque lo exige la ley cada vez lo son más. Con los ladrones de la RSE es distinto, ellos utilizan la ley y el miedo en su propio beneficio, les da igual la responsabilidad social.
Usted conoce a más de uno y sabe que los hay de varios tipos, desde el mas zafio y vulgar hasta el más elegante y refinado.
Sin embargo, tristemente, todos tienen algo en común. Se aprovechan de la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) en su propio beneficio, sin vergüenza ninguna, como hace tiempo se aprovecharon del Gobierno Corporativo, de las ventas, la Calidad, o cualquier otro tema en el que pudieran "rascar" de las empresas.
Los ladrones de la RSE suelen exigir responsabilidad a los demás mientras se sirven de sus entidades para chantajear, trepar y hacer chanchullos en su propio beneficio.
La responsabilidad social de corporativa (RSC) es un compromiso voluntario que está convirtiéndose paulatinamente en una prioridad cada vez más importante para todo tipo de empresas, independientemente de su índole y tamaño.
En el contexto de creciente globalización, de mayor sensibilización social y medioambiental y de mayor fluidez de las comunicaciones, el concepto de responsabilidad de las empresas ha cobrado un nuevo impulso.
La seguridad y la salud en el trabajo (SST) es un componente esencial de la RSC y ello plantea a los gestores y profesionales de la SST un amplio abanico de oportunidades y desafíos.
La responsabilidad social corporativa, RSC, es, de acuerdo con lo recogido en el según el Libro Verde de la Comisión Europea “Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas” la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y las relaciones con sus interlocutores.
Tanto desde el punto de vista teórico como práctico, la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) es un fenómeno en evolución.
En la vida real de la empresa, como saben muy bien los directivos de RSE, no puede ser entendida sino como una práctica que progresa a lo largo de diversas etapas hasta que se coloca en el corazón de la estrategia de su empresa. Del mismo modo, desde el punto de vista más conceptual, la RSE como concepto, sin renunciar a sus elementos esenciales originales (como la noción de la existencia de stakeholders más allá de los puros shareholders), ha ido progresando y abarcando nuevas connotaciones desde su nacimiento, allí por los años 90 del siglo XX hasta nuestros días
En realidad, tanto en la práctica como en la teoría, la RSE es un movimiento a largo plazo que se refiere al cambio del papel de la empresa en la sociedad. Y, por ello, seguirá avanzando en esa dirección a un plazo más o menos prolongado a lo largo del siglo XXI, enriqueciéndose en su evolución.
Mi opinión es que, a día de hoy, la RSE va adquiriendo tres nuevas dimensiones, o si se prefiere, avanza hacia tres nuevas fronteras de enriquecimiento en su significado.
La cadena Hotelera Fuerte Hoteles ha desarrollado una nueva estrategia corporativa en la que pone en valor las mejoras implementadas para favorecer el turismo responsable y sensibilizar a sus clientes.
En ese sentido, la cadena ha decidido, con la ayuda de EcoAvantis,potenciar su labor medioambiental desarrollando un microsite como herramienta avanzada de comunicación. A través de ella, y utilizando las nuevas tendencias en comunicación digital, pretende sensibilizar a sus clientes sobre la importancia que supone la gestión adecuada de los recursos que disponen.
En el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza de enero 2012, miembros de la élite global se preguntaban si el capitalismo del Siglo XX le falla a la sociedad del Siglo XXI. Algunas voces hicieron el llamado para un capitalismo más responsable, pero se advertía que “hay una diferencia entre aquellos que aún creen que todo lo que puede hacer un gobierno es hacerse a un lado y aquellos que creen que hay un papel real de los gobiernos para revivir nuestras economías”; se apelaba pues a "la capacidad de los políticos para enfrentar el reto de cambiar un modelo económico imperfecto". [1]
Se ha definido como característico del modelo neoliberal un proyecto Corporación-Nación que se opone al de Estado-Nación, cuya emergencia perfila el último peldaño del capitalismo contemporáneo que promete prolongarse. Las condiciones apropiadas para construir este escenario de desequilibrios estarían dadas: el tránsito de la economía liberal al estado de bienestar y de este a la mercantilización global apoyada por una banca multilateral (FMI, Banco Mundial) que termina imponiendo nuevas reglas, como políticas orientadas a articular el proceso de acumulación de mega corporaciones trasnacionales y sus bancos. [2]
Algunos rasgos de ese modelo corporación-nación pasan por la tendencia de las grandes multinacionales a la compra y fusión entre ellas, haciéndose no sólo más grandes en tamaño sino en influencia, misma que ayuda a tejer relaciones ventajosas con la política cuya ganancia deriva en modificación de constituciones, políticas nacionales de privatización y desregulación, injerencia en acuerdos y tratados internacionales, contratación de personajes elegidos en puestos de importancia dentro de la estructura del Estado o incluso la edificación de un entorno hecho a imagen y semejanza: valores, colores, marcas, homogeneización, códigos de conducta, etc.
Sí, es verdad: llevamos muchos años predicando la necesidad de la ética en la empresa, y los resultados no son muy positivos. Llenamos páginas y páginas de periódicos, libros y revistas diciendo que ya va siendo hora de que la ética esté presente en la empresa, en su misión y en su estrategia y, sobre todo, en su día a día. Nos quejamos de que la ética solo está presente “de boquilla”, pero no en la realidad. Y, claro, es ineficaz. Y no solo en la empresa, sino en la política (¡ay, la ética de los políticos!) y en la sociedad en general.
¿Por qué es poco eficaz nuestra predicación sobre la ética? Hay muchas causas, claro. Pero aquí voy a fijarme en una, que, lamentablemente, tiene muy escaso reconocimiento en nuestros días: la falta del sentido de culpa y, consiguientemente, la falta de perdón, o mejor, la falta de disposición a pedir perdón y a corregir nuestra mala conducta –y entiendo que el lector deje de leer a partir de este momento, porque esto le suene a discurso ñoño y anticuado.
Porque, efectivamente, eso de la culpa está muy mal visto hoy en día, gracias a las ideas de Sigmund Freud. Es verdad que puede haber falsas culpas, que nos sumen en la desesperación y nos crean caldos mentales. Pero hay también sentidos de culpa que se deben a la existencia de una verdadera culpa. De modo que algo habrá que hacer…
En la realidad social en la que se desenvuelve la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) hasta ahora han predominado las investigaciones teóricas e incluso su aplicación voluntaria, progresiva y mayoritaria por el sector privado, habiéndose extendido mucho menos al ámbito del sector público. La finalidad principal de esta tesis es definir un modelo de análisis y valoración de la responsabilidad corporativa del sector público en su triple dimensión (económica, social y medioambiental) y desde un ámbito tan inmediato y próximo como el local.
En el Capítulo 1 se ha justificado que algunos de los enfoques de RSC propios de las empresas pueden ser de aplicación al sector público. Si además se tienen en cuenta las iniciativas internacionales se puede reconocer un papel central de las grandes ciudades sobre el desarrollo sostenible. En el Capítulo 2 se estudian las corporaciones locales en España porque asumen el ámbito competencial más próximo a la sociedad y pueden asumir un papel clave para integrar la RSC en las relaciones con sus interlocutores (dimensión externa) y en sus propios sistemas de gestión (dimensión interna). Finalmente, en el Capítulo 3 se concluye con los principales argumentos para el desarrollo de un concepto de Responsabilidad Corporativa Pública Local (RCPL), apuntándose también algunas limitaciones sobre su estudio actual y potenciales campos de investigación e innovación futura.