
El mundo atraviesa una etapa de enormes desafíos: el cambio climático, las desigualdades crecientes y los giros políticos están reconfigurando nuestras vidas y nuestro futuro común. Mientras el neoliberalismo y la extrema derecha ganan terreno priorizando el beneficio económico sobre el bienestar de las personas y del planeta, las mujeres y los grupos más vulnerables cargan con las consecuencias más duras de esta crisis.

Hace ya unos años que Cameron Brick y Sander van der Linde, ambos doctores y profesores de psicología de la Universidad de Cambridge, advirtieron del estado de apatía e inacción de la población en general ante el cambio climático.

Imagino que habéis visto la película Blade Runner (1982), ambientada en una distopía sombría, que muestra un futuro con tecnología avanzada, sobrepoblación y un paisaje urbano decadente.

Hablar de movilidad sostenible hace unos años podía sonar a promesa lejana, casi a quimera tecnológica. Hoy, sin embargo, la realidad es bien distinta: los avances en baterías y sistemas de almacenamiento energético han colocado sobre la mesa soluciones tangibles.

Según los últimos datos publicados por el MITECO, en España, el transporte por carretera supone el 28,4% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Si queremos seguir el ritmo marcado por la UE y contribuir a la neutralidad climática en 2050, nuestro sector tiene un papel fundamental.

Reciclar no es solo una obligación legal, también en un deber moral que reduce el volumen de residuos y las emisiones contaminantes, protege la salud pública y mejora la soberanía industrial. En España, la puesta en marcha de la Plataforma e-RAEE y las nuevas iniciativas de ecodiseño marcan 2025 como un año decisivo para convertir residuos electrónicos en recursos.

La crisis climática nos enfrenta a decisiones de cierta urgencia que determinarán el futuro. En este contexto, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta de gran importancia para procesar datos ambientales complejos, predecir escenarios futuros y optimizar recursos. Sin embargo, su aplicación en decisiones ambientales críticas plantea interrogantes éticas que no podemos ignorar.

Más allá de ser una actividad solidaria, el voluntariado se ha consolidado como una herramienta de desarrollo personal y profesional. Participar en proyectos sociales no solo aporta a la comunidad, también permite adquirir habilidades, ampliar la red de contactos y fortalecer competencias cada vez más valoradas en el mercado laboral.

En 2021, Celler Credo (Cataluña) perdió el 80% de su cosecha por heladas. En 12 meses, se convirtió en la primera bodega "resiliente" de Europa (viñedos subterráneos, biodiversidad regenerativa). Hoy vende sus botellas un 300% más caras. La adaptación climática ya no es gasto, es inversión.

La sostenibilidad ya no es una opción reputacional ni un gesto cosmético, sino una condición estratégica para que las empresas mantengan su legitimidad en un entorno cambiante y lleno de incertidumbre.