
Volvemos al centro de lo que determina su futuro: competitividad, resiliencia y creación de valor. El resultado es claro: la sostenibilidad deja de ser una respuesta centrada en el regulador y recupera su papel como palanca estratégica del negocio.
La evolución reciente nos recuerda que la sostenibilidad nunca avanza de forma lineal. La pandemia reforzó su legitimidad, demostrando que las organizaciones con compromisos demostrados y mejor integración de los aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno respondieron con mayor agilidad y capacidad de adaptación. Sin embargo, la guerra de Ucrania y la actual fragmentación geopolítica han cambiado prioridades: seguridad energética, autonomía estratégica y defensa han vuelto al primer plano de gobiernos y empresas.
En este contexto complejo, vemos cinco grandes fuerzas que redefinirán la conversación sobre sostenibilidad en los próximos años.
Europa entre dos polos: competir para liderar la transición. Europa se encuentra en una encrucijada geopolítica. Por un lado, unos Estados Unidos condicionados por un ideario que cuestiona bases científicas y socioeconómicas clave de la sostenibilidad. Al otro, una China que avanza con una clara concentración de tecnologías estratégicas para la transición ecológica.
Este escenario obliga a Europa a reforzar su competitividad. Y la sostenibilidad, lejos de ser un freno, puede ser el mayor aliado para impulsar productividad, innovación e independencia energética. La cuestión no es si la transición es necesaria, sino si Europa será protagonista o espectadora de ella.
Mercados que se enfrían, pero no retroceden. Aunque el interés inversor se ha moderado, las finanzas sostenibles muestran una notable resiliencia. Los bonos sostenibles han retomado la senda del crecimiento y los activos ESG han aumentado un 17 % respecto al inicio de 2025.
La conclusión: la sostenibilidad no ha perdido tracción financiera; está reorganizando su narrativa.
El enfoque social, una condición para crecer. Los retos sociales —desigualdad, acceso a la vivienda, envejecimiento, integración, empleabilidad— superan la capacidad de respuesta de unos Estados cada vez más tensionados. Esto sitúa a la empresa en un papel esencial.
La cohesión social ya no es un concepto teórico: sin cohesión aumenta la polarización, se frena el talento, se tensiona el mercado laboral y se erosiona la confianza.
Por eso, las compañías están creando un nuevo escudo social, especialmente mediante la inversión en upskilling y reskilling, claves para asegurar empleabilidad y competitividad en un mundo marcado por la automatización y la IA.
La realidad climática obliga a acelerar la adaptación. El objetivo de 1,5 °C se aleja como escenario realista. Las previsiones nos sitúan entre 2,5 °C y 3,5 °C, lo que obliga a gestionar la transición con una visión más pragmática: cada décima importa.
Pero la adaptación se vuelve fundamental:
- Infraestructuras más resilientes
- Rediseño de operaciones
- Planes de continuidad robustos
- Estrategias avanzadas de gestión de riesgos
En un contexto de limitaciones presupuestarias públicas, serán las empresas quienes marquen el ritmo de la transformación.
El agua: el gran factor limitante del siglo XXI. El agua se convierte en el activo más crítico y, al mismo tiempo, más vulnerable. Hoy, una cuarta parte de la población mundial carece de acceso seguro. Y las regiones con menor disponibilidad hídrica son precisamente las que experimentarán mayor crecimiento demográfico y económico. A ello se suma una oferta cada vez más volátil, marcada por ciclos extremos de escasez y exceso.
El agua deja de ser un asunto sectorial: es sistémico y territorial. Las empresas que no desplieguen estrategias hídricas avanzadas —eficiencia, circularidad, soluciones basadas en la naturaleza, colaboración en cuencas, datos, gobernanza— verán crecer significativamente su riesgo operativo, incluso si su consumo directo es reducido.
En conclusión, la sostenibilidad seguirá siendo prioritaria para empresas y gobiernos en 2026 (y los próximos años). No es una opción reputacional ni bienintencionada, sino la respuesta imprescindible a los mayores desafíos económicos, sociales y ambientales. Para que avance con solidez, las compañías deberán ser coherentes y orientar su acción en 2026 de manera más consciente y realista hacia la contribución de la sostenibilidad a la creación de valor y la generación de impacto.