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En estos tiempos en que la representación de género en la alta dirección vuelve al centro de la discusión pública, merece la pena fijar la mirada en una figura clave: la Chief Sustainability Officer (CSO).
La CSO: avanzando sobre la cuerda floja

Asignar el género femenino no es descabellado: aunque las mujeres solo ocupan el 29 % de los puestos de alta dirección, según el informe Mujeres en el lugar de trabajo 2024 de McKinsey, en el Foro Económico Mundial de Davos 2023 el 60 % de las CSO presentes eran mujeres. Una tendencia confirmada en el evento “CSO Day 2025”, organizado por EADA Business School.

Desde entonces, el contexto global permanece en continua transformación. Las tensiones geopolíticas han evidenciado la necesidad de mayor autosuficiencia en recursos energéticos y materiales. Los bulos y las campañas de desinformación han alcanzado niveles sin precedentes. Como consecuencia, el negacionismo climático, que se daba por muerto hace años, ha resurgido junto con una desestimación de la acción de organismos multilaterales como la ONU. La polarización creciente amenaza principios democráticos básicos. A ello se suman cambios legislativos, como el paquete Omnibus de la Comisión Europea, que busca simplificar la presentación de información corporativa en materia de sostenibilidad, diligencia debida y taxonomía verde. Aunque se presenta como una simplificación, muchos —incluidos los 260 académicos firmantes del Joint Statement on the #Omnibus— lo perciben como una relajación de la ambición y la integridad.

En este escenario convulso, la CSO camina sobre la cuerda floja. Debe dar pasos firmes hacia una visión de sociedad sostenible, donde la empresa conserve su licencia social para operar, sin distraerse por coyunturas como la politización de los criterios ESG o la caída en la emisión de bonos verdes en el primer semestre de 2025. Estas son fluctuaciones temporales: la tendencia hacia un sector privado comprometido con la sostenibilidad es imparable. El crecimiento exponencial de empresas adheridas a la Science Based Targets initiative (SBTi) y el auge global de compañías con propósito —como las B Corp— son prueba de ello.

La visión a largo plazo también se refleja en los consejos de administración: el 70% de los miembros no ejecutivos encuestados por Gartner prevé que las inversiones en sostenibilidad aumentarán entre 2025 y 2026. Cada vez más empresas incorporan una CSO para elevar la sostenibilidad al nivel estratégico y definir la hoja de ruta de estas inversiones.

Como agente de transformación, la CSO guía a su organización a través de cuatro fases de madurez en sostenibilidad. La primera es la ignorancia, en la que la empresa aún no reconoce su dependencia de los sistemas eco-sociales ni sus propios impactos negativos, y se limita simplemente a cumplir con la normativa. Le sigue la fase de gestión de riesgos, cuando la organización empieza a percibirse vulnerable ante factores externos que pueden afectar a su cuenta de resultados. A medida que avanza, entra en la etapa de reducción de impactos, en la que, además de gestionar riesgos, busca minimizar activamente sus efectos negativos al reconocerse como un sistema que puede generar perjuicios. Finalmente, alcanza la fase de impacto positivo, en la que la empresa aspira a operar de forma regenerativa y a crear beneficios netos para la sociedad y el medioambiente.

Para acelerar la transición hacia la cuarta fase, se requiere una profunda gestión del cambio. No basta con indicadores y ciencia: el reto es cerrar la brecha entre lo que pensamos y lo que hacemos. Internamente, esto implica fomentar una cultura donde valores como igualdad, cooperación, transparencia y valoración activa del medioambiente acompañan valores más tradicionales como eficiencia, competitividad, y crecimiento económico. No basta con declararlos: deben traducirse en decisiones estratégicas.

Externamente, las CSO operan en múltiples ecosistemas, coordinando acciones entre diferentes actores interrelacionados y ejerciendo influencia hacia legisladores y mercados, tanto de consumo como de suministro. El advocacy o lobby for good es clave para crear mercados que satisfagan necesidades básicas —alimentación, agua, salud, educación, trabajo, paz, justicia, equidad social, igualdad de género, vivienda, redes y energía — dentro de los límites planetarios. En medio de la vorágine diaria, la CSO recuerda lo esencial: construir una sociedad sostenible entre todos. Gracias por tu perseverancia y pasión, querida CSO.

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