
La tecnología avanza, pero no siempre lo hace para todos por igual. Para muchas personas con discapacidad, el acceso y uso de herramientas digitales sigue siendo una carrera de fondo.

Hoy traigo a esta columna un gran dilema, que no es sólo técnico pero que debemos analizar de manera estratégica si queremos dar un paso más allá en nuestros sistemas y modelos de IA. Mientras diseñamos y desarrollamos algoritmos que predicen huracanes, optimizan redes eléctricas y diseñan ciudades más sostenibles, sondea en el macro contexto una pregunta incómoda: ¿la inteligencia artificial podría estar acelerando la crisis climática que promete resolver?

Hace tiempo que los bosques dejaron de ser solo un paisaje. Son termómetros del cambio climático, barómetros de la salud de nuestros suelos y espejos de las contradicciones de nuestro modelo de desarrollo. Cuando nos preguntamos qué está ocurriendo en ellos, la respuesta no se encuentra solo entre los troncos y las raíces, sino en las decisiones —o indecisiones— que tomamos como sociedad.

Las redes sociales, los dispositivos móviles y las plataformas digitales han transformado nuestra forma de pensar y actuar. Todo parece estar dominado por la velocidad, la multitarea y la inmediatez, y las personas cada vez tomamos decisiones más rápidas, guiados por impulsos y estímulos constantes.

En el renting industrial, cada vehículo que se pone en circulación —ya sea un camión frigorífico, un volquete, una góndola hidráulica o una furgoneta con transformación— es mucho más que una herramienta de trabajo. Representa un compromiso de eficiencia, seguridad y sostenibilidad compartido entre la empresa de renting y el usuario que lo conduce.

La nueva Ley de Movilidad Sostenible abre un horizonte de transformación que va mucho más allá del transporte. Representa un cambio de paradigma hacia una movilidad inteligente, inclusiva y basada en datos, donde la tecnología deja de ser un fin en sí misma para convertirse en una herramienta al servicio de la sociedad. El reto, ahora, deja de ser solo técnico y se vuelve también humano.

Uno de los temas que más me apasionan dentro de la Inteligencia Artificial es el diseño y desarrollo de una IA sostenible, no sólo diseñar y desarrollar soluciones de IA para la sostenibilidad. Observo que, desde hace unos meses, se está produciendo una evolución conceptual hacia dónde debemos ir en el desarrollo de soluciones de IA.

Todos conocemos el atasco, el trecho mal comunicado, la pérdida de tiempo, el ruido. Pero también sabemos lo que respira una calle vacía de vehículos o lo que se siente al cruzar con calma. La movilidad sostenible no es ciencia ficción, es algo que aún no nos hemos decidido a practicar.

Vivimos en un mundo donde el ruido de los resultados ahoga cualquier atisbo de reflexión. Las métricas, los balances y los objetivos trimestrales se han convertido en el lenguaje dominante de las organizaciones. Mientras tanto, el sentido, ese horizonte que da coherencia y alma, ha quedado relegado al margen. Nos obsesionamos con el qué y el cómo, pero olvidamos el porqué. Y sin un norte claro, cada acción corre el riesgo de convertirse en un movimiento vacío.

Tras la publicación de los datos de la Agencia de Residuos de Catalunya, el Regidor de Medio Ambiente de Cunit defiende que el éxito de su municipio es consecuencia tanto de una apuesta política valiente como del compromiso ciudadano. Más allá de los datos, el artículo subraya que la sostenibilidad en Cunit es también un proyecto de cohesión social, modernidad y calidad de vida.