
En los últimos años y con la ayuda de la creciente exigencia por parte de electores, autoridades públicas y consumidores en pro de más y mejor información, se ha dado un paso adelante en materia de transparencia: registros sobre titularidades reales, intercambios automáticos de información financiera, portales de transparencia en el sector público y sin duda, redes y plataformas sociales, son síntomas (también catalizadores) de este progreso.

La crisis financiera que hemos vivido recientemente, unida a la actual recesión económica derivada de la COVID-19 y la hibernación de la economía, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de muchos colectivos que seguramente hubieran estado menos expuestos a situaciones económicas y financieras adversas si hubiesen contado con una mayor y mejor educación financiera.

Tras haber consumido ya un tercio del periodo total necesario para conseguir materializar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, es ahora el momento de echar la vista atrás y hacer balance tanto de lo conseguido como de lo que aún queda por cumplir. Una valoración que sin duda nos deja un sabor agridulce, pues nos alerta del claro desequilibrio del mundo, que queda reflejado también en el desigual avance de los diferentes Objetivos.

Con este primer artículo se inicia una serie en la que, a lo largo de las próximas semanas, los participantes del Seminario Permanente de la Cátedra Iberdrola de Ética Económica y Empresarial, irán abordando temáticas vinculadas tanto con los Objetivos de Desarrollo Sostenible como sobre la Normativa de Información No Financiera. En Diario Responsable, nos sentimos muy honrados de esta colaboración con una institución tan prestigiosa como es la Universidad Pontifica de Comillas.

La educación, como impulsora de la equidad social, tiene un papel muy especial en las cuestiones financieras que, a pesar de afectar a todos los ciudadanos, muy a menudo presentan un lenguaje y complejidad poco accesibles. En este aspecto, si bien queda camino por recorrer, se están haciendo importantes esfuerzos entre los que se encuentra el Plan de Educación Financiera de Banco de España y CNMV.

Todas las empresas dependen de los activos de capital natural y los servicios del ecosistema ya sea directamente o a través de sus cadenas de suministro, pero esta relación de la empresa con la biodiversidad no está suficientemente reflejada en la información no financiera.

Hay que decirlo de nuevo una y otra vez, y los profesionales que en mayor o menor medida estamos gestionando aspectos relacionados con este modelo y que efectivamente conocemos de la dimensión y las posibilidades que puede representar para una organización su aplicación al negocio, debemos ser altavoces de las bondades que representa un sistema escrito en letras mayúsculas, que puede actuar como conductor de la empresa hacia la sostenibilidad.

Ya han pasado más de cinco años desde la aprobación en octubre de 2014 de la Directiva 2014/95 sobre Información no financiera y diversidad. La revisión de esta directiva sigue su proceso y se espera que en el último trimestre de 2020 la Comisión adopte alguna propuesta de reglamento.

El miedo, que es capaz de parar el mundo, es también capaz de tirar por la borda todo el trabajo de años y años despertando la conciencia medioambiental, luchando por visibilizar las desigualdades de género, tratando de construir en los barrios vida para el barrio –cosa de la que no se preocupan las instituciones-, reinventando nuevas formas de aprender que desvían la importancia exclusiva del contenido y la memorización. El miedo tiene muchos aliados, y realmente paraliza el planeta. Sólo hay una cosa que puede hacerle frente: el amor.