
Las acciones que llevan a cabo las organizaciones tienen un gran impacto en la vida de todo el mundo por lo que la exigencia de contar con empresas más responsables cada vez es mayor. La responsabilidad social corporativa es el punto de partida para replantear el equilibrio entre el desarrollo económico y social.
La sostenibilidad cada vez gana más protagonismo en el ámbito empresarial, por un lado, por la mayor presión de los inversores y gestores de riesgos que valoran la praxis responsable por su gran repercusión sobre la reputación de la empresa. Pero también por una creciente demanda de la ciudadanía de empresas más responsables, no solo en el ámbito medioambiental sino también en su parte social y de gobernanza.

La RAE define “gira” como “excursión o viaje de una o varias personas por distintos lugares, con vuelta al punto de partida” y en una segunda acepción como “serie de actuaciones sucesivas, en diferentes lugares, de una compañía teatral, de un artista, de un grupo musical, deportivo, etc.” Sin contradecir a la RAE, me atrevería a apuntar una tercera definición por lo vivido desde mi trabajo en innovación social, como “una invitación para rebelarte a tu destino y descubrir tu pasión”. Así definiría nuestro trabajo con GIRA Jóvenes y GIRA Mujeres, dos programas de Coca-Cola Iberia y Coca-Cola European Partners para impulsar la formación, la empleabilidad y los sueños de dos colectivos que suelen ser los más castigados por la falta de oportunidades laborales.

La agenda política y social está marcada por la pandemia del COVID-19 que ha dado lugar a una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes en la historia moderna. Crisis que viene cargada de incertidumbres, tanto por la duración de la misma como por la posible solución. Ni la inteligencia artificial ni la computación cuántica ni toda la ciencia junta, que se sepa, han conseguido ofrecernos un algoritmo que nos permita predecir cuándo ni cómo llegara la solución, ni cuál es la respuesta adecuada a este desafío histórico. De partida debemos preguntarnos ¿conocemos la Agenda 2030 y los ODS? y, por otra parte, ¿qué hacemos realmente para conseguir los ODS?

Una buena gestión empresarial, suficientemente mantenida a lo largo del tiempo, tiende a generar en la cultura organizativa, al menos, tres rasgos clave. Cuando aquellos elementos se presentan en grado suficientemente destacado, la empresa que los exhibe suele ser percibida como excelente y, en consecuencia, pasa a formar parte del selecto club de organizaciones que sirve a las demás de benchmark y modelo en el que inspirarse en busca de buenas prácticas.
La primera característica, las más inmediata y obvia -que, ciertamente, representa aquello que más suele ocupar la agenda de quienes dirigen empresas- tiene que ver con los resultados económico-financieros del ejercicio. En efecto, una buena gestión empresarial suele ser causa de resultados económicos positivos; tiende a saldarse con beneficios y ganancias más o menos elevadas y estratégicamente sostenibles de cara a futuros ciclos de negocio.